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Así trató Franco a los presos republicanos: nada mal

El 1 de abril de 1941, para conmemorar la fecha del final de la guerra, se puso en libertad a 40.000 presos, que cumplían penas de hasta doce años. Y ese mismo año, el 16 de octubre, se amplió el indulto a los sentenciados hasta catorce años, medida de la que se beneficiaron otros 20.000 reclusos. De manera que, en una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, que duró varios días, del 17 al 21 de septiembre de 1942, se anunció que dos terceras partes de los presos al término de la Guerra Civil ya habían recobrado la libertad.

Javier Paredes, Historiador y Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá de Henares

El número de presos de la Guerra Civil no fue ningún secreto de Estado de Francisco Franco, porque la Dirección General de Prisiones y el Instituto Nacional de Estadística proporcionaron la información necesaria para averiguar lo que pasó. Es más, algunos de estos datos se podrían haber utilizado para atacar el Régimen. Pero eso exigía trabajar y era más cómodo dejar volar la imaginación en este punto y dar rienda suelta al sectarismo, como hicieron Brian Crozier, Max Gallo, Jacques Georgel, Ramón Garriga o Manuel Tuñón de Lara.

Y como una vez más la realidad es más interesante que la ficción, contemos resumidamente lo que pasó. Fijaremos nuestro breve relato en los límites temporales entre 1 de abril de 1939 y el del 31 de marzo de 1969, fecha en la que se declararon prescritos los delitos cometidos con anterioridad al final de la Guerra Civil. O sea, 30 años.​

El mayor número de encarcelados, como es lógico, se produce en los meses inmediatos al final de la guerra, de manera que el año 1940 arroja la cifra de 270.718 penados, entre los que se incluyen también los presos por delitos comunes, de los que 247.487 son hombres y 23.232 son mujeres. Es decir, el 90,2% y el 9,8% respectivamente.

La cifra de 1940 va disminuyendo con el tiempo, de manera que en 1943 la población reclusa pasa a ser menos de la mitad —124.423 internos—, cifra que a su vez se divide por 3,4 en 1947, dando un total de 36.379 presos. Y conviene tener en cuenta que en todas estas cifras se incluyen tanto los presos por delitos comunes, como los detenidos por delitos no comunes.

Desde 1943 se conoce la serie de los dos tipos de presos a los que me he referido. En 1943 hay 104.286 presos por delitos no comunes, cifra que se reduce a 15.988 en 1947.

Esta reducción no se produjo, como algunos han afirmado, por las ejecuciones y las muertes en las cárceles a causa de las malas condiciones materiales. La mayoría de los presos recobró la libertad gracias a la redención de penas por el trabajo y a los numerosos indultos concedidos por Franco.

El primer indulto lo concedió Franco el 1 de octubre de 1939, con motivo de su tercer aniversario de su ascenso al poder. Por esta disposición quedaban libres los militares republicanos que hubieran sido condenados a menos de seis años de prisión.

En septiembre de 1942, dos terceras partes de los presos republicanos ya estaban en libertad

El 24 de enero de 1940 se crearon varias comisiones jurídicas militares especiales, a las que se les concedió la capacidad de revisar las sentencias ya pronunciadas, para confirmarlas o reducirlas, pero nunca para ampliarlas, como es lógico.

El 1 de abril de 1941, para conmemorar la fecha del final de la guerra, se puso en libertad a 40.000 presos, que cumplían penas de hasta doce años. Y ese mismo año, el 16 de octubre, se amplió el indulto a los sentenciados hasta catorce años, medida de la que se beneficiaron otros 20.000 reclusos. De manera que, en una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, que duró varios días, del 17 al 21 de septiembre de 1942, se anunció que dos terceras partes de los presos al término de la Guerra Civil ya habían recobrado la libertad.

Pero fue el año 1943 cuando se concedieron los indultos más generosos. El 30 de marzo se concedió el indulto a los condenados hasta veinte años, por lo que pudieron salir de las cárceles 48.705 personas. Y ya el 9 de octubre de 1945 se indultó a los condenados por rebelión militar que no hubieran cometido hechos repulsivos para toda conciencia honrada de cualquier ideología. Otro decreto, del 1 de abril de 1964 mandó borrar de los registros los antecedentes correspondientes a los delitos indultados. Por último, el 10 de noviembre de 1966 se aplicó el indulto a las responsabilidades políticas de cualquier clase. Y, como ya hemos dicho, el 31 de marzo de 1969 se declararon prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al término de la Guerra Civil.

La redención de penas es un elemento de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), con el que los jesuitas convencieron a Franco, quien descubrió la redención de penas por el trabajo en los escritos de un jesuita, el padre Julián Pereda, quien propuso a Franco una modificación del sistema penal sobre el principio de la Doctrina Social Cristiana de que todo preso ya sentenciado debe tener la oportunidad de reinsertarse en un trabajo, pues el trabajo es dimensión esencial e inseparable de la persona.

Y bien pronto comenzó a aplicar esta doctrina, antes incluso de que acabara la guerra. La primera disposición jurídica es el Decreto de 28 de mayo de 1938 concediendo a los reclusos el derecho a trabajar. El 7 de octubre de 1938 una Orden del Ministerio de Justicia creó el Patronato Central y los Locales.

La posibilidad de acogerse a la redención de penas por el trabajo era voluntaria. Como norma general quedó establecido que por cada día de trabajo se liberaban dos de prisión, pero en muchas circunstancias se aumentó esta relación, aplicando en algunos casos la relación de seis días de cárcel liberados por cada día de trabajo, lo que explica que presos condenados a treinta años de prisión, pudieron ser libres en menos de cinco. Y se computaban por días de trabajo los domingos y fiestas que no se trabajaba, así como los días que el reo permaneciera de baja por enfermedad o accidente.

Fueron varios los campos de trabajo donde los reos pudieron disminuir sus condenas por la redención de penas por el trabajo. Sin duda el mejor conocido de todos estos campos es el del Valle de los Caídos, gracias al riguroso estudio realizado por el profesor Alberto Bárcena.

La redención de penas por el trabajo no se limitó solo a la actividad laboral. Un decreto de 23 de noviembre de 1940 otorgó una reducción de dos, cuatro y seis meses a quienes obtuvieran voluntariamente el grado elemental, medio y superior de instrucción religiosa mediante asistencia y correspondiente examen de los cursos impartidos por los capellanes de prisiones.

Y este mismo decreto de 1940 establecía el beneficio de dos meses a quienes dejaran de ser analfabetos y de tres meses por cada uno de los grados de enseñanza que se establecieran en las prisiones. Los datos son los siguientes: en 1941 había en las prisiones 27.497 analfabetos, y en ese mismo año dejaron de serlo 10.524. Al año siguiente aprendieron a leer y a escribir 13.538 reclusos. Y la cifra se fue reduciendo a medida que disminuyeron los presos, de manera que en 1943 abandonaron el analfabetismo 3.496 reclusos y ya en 1947 la cifra se redujo a 260 presos.

Fuente: Hispanidad.com

Los campos de “concentración” de Franco (campos de trabajo)

Durante la Guerra Civil había muchos campos de concentración para guardar a los prisioneros enemigos, como en todas las guerras, y había muchos prisioneros porque los nacionales ganaban todas las batallas (menos la de Teruel). Se crearon en zona nacional desde agosto de 1936 y se les empleaba en trabajos de reconstrucción, como establecían los acuerdos de Ginebra. Ni hubo trabajos forzados, ni hambrunas ni condiciones infrahumanas, no existe ninguna prueba ni testimonio de ello.

Al acabar la guerra se calcula que en el último mes se capturaron más de 400.000 soldados enemigos. De esos campos salieron los Batallones de Trabajadores a obras de reconstrucción y se fueron vaciando progresivamente los campos, primero por liberación de prisioneros del Ejército Republicano y luego por los numerosos indultos y amnistías que concedió Franco. En 1943 la mayor parte de los batallones ya se habían disuelto.

Con respecto a penados por Consejos de Guerra, se estableció la redención de penas por trabajo, que era voluntaria y había que pedirla por instancia, como en el Valle de los Caídos. Era de 3 día de condena por cada día de trabajo, menos en el Valle, que llegó a ser de 6/1.

En cuanto a los republicanos que huyeron a Francia, la mitad de los 500.000 que eran volvieron a España en cuanto Franco les autorizó volver, y los que no habían cometido crímenes se fueron a sus casas y los demás fueron a la cárcel, como es de justicia.

Desde finales de 1943 no se abrieron más causas por denuncias referentes a hechos de la guerra, salvo por delitos execrables, y en 1945 Franco firmó un decreto por el cual ya no se podían abrir nuevas causas. También en 1945 Franco dio un indulto definitivo para cualquier condenado por rebelión militar, salvo delitos execrables.

Los presos republicanos ni eran esclavos, ni trabajaban en condiciones infrahumanas ni pasaban hambre. Y esto, dicho por uno que trabajó ahí, Julián “el inglés”:

“Julián era casi un niño, era trabajador civil y no preso, y su versión está muy lejos de ser rotundamente antifranquista. Es la de quien recuerda y, ya se sabe, la memoria de la infancia a veces dulcifica el pasado. Pero su relato suple, en gran medida, la falta de material gráfico sobre la vida cotidiana en los destacamentos penales, en concreto en el de Riosequillo: no hay fotografías, no hay fragmentos de película, el No-Do de aquellos años no recogió una sólo imagen de su vida cotidiana. Julián Pérez es una fuente oral enormemente valiosa que me ha servido para trabajar en mi última novela, aún inédita, Por él he sabido cómo el aparato de la dictadura discriminaba favorablemente a determinados presos: “Había dos condenados por estraperlo que vivían aparte de los presos republicanos, tenían casa alquilada y contaban con mujer y criada”, me dijo “El inglés”. También llegó a conocer algunos episodios de fuga consumada: “un catalán que trabajaba en la cantera, que se escapó por la noche y al que no encontraron nunca” o “un preso que no trabajaba” -Julián lo calificó como “un señor”, seguramente estraperlista- que se perdió por la carretera Nacional I y años después escribió al director del destacamento “invitándole a pasar las Navidades en Francia”. Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/campo-trabajo-franquismo-noticia-vida-cotidiana/20150618202935117313.html

Los presos republicanos exiliados en campos de concentración franceses

Ya el 12 de noviembre de 1938 el gobierno francés presidido por Daladier promulgó un Decreto Ley en el que mencionaba a los “extranjeros indeseables” (refiriéndose evidentemente a los españoles) y proponía la expulsión de todos ellos. El 5 de febrero de 1939 y presionado por parte de la opinión pública, Daladier –que había bloqueado la frontera e impedido el paso de los refugiados– permitió finalmente la entrada en masa de los huidos por la frontera que hasta entonces había permanecido oficialmente cerrada.

Ante la avalancha y sin miramiento alguno, el gobierno francés separó a los hombres de las mujeres y a los oficiales de la tropa. Todos fueron maltratados, mal alimentados y concentrados en zonas descampadas y alambradas tal como si fueran prisiones al aire libre, vigiladas por soldados coloniales marroquíes y senegaleses y disfrazadas o maquilladas como “campos de internamiento para refugiados” distribuidos por todo el país. A remedo de lo sucedido en el interior de España, toda Francia se convirtió también en una inmensa prisión para los republicanos antifranquistas.

El primer “centro especial” para acoger a los refugiados fue instalado por decreto el 21 de enero de 1939 en Rieucros (Lozère),cerca de Mende. Muy poco después, estos “estacionamientos temporales” se convirtieron en “reclusión administrativa” y en pocos meses se creaban el resto de los campos de internamiento. El 25 de febrero de 1939 Francia reconoció al gobierno franquista e intercambió embajadores (ver en este blog la entrada dedicada a la “Traición de Francia”). Poco después, entre marzo y abril de 1939 se crearon seis centros en las periferias de los Pirineos Orientales para el internamiento de milicianos: en Bram (Aude) reservado a los ancianos; Agde (Hérault) y Riversaltes (Pirineos-Orientales) destinado a los catalanes; Sepfonds (Tarn-et-Garonne) y Le Vernet (Ariège) para los obreros y Gurs (Basses Pyrénées). Estos dos últimos centros fueron los campos franceses más importantes y funcionaron hasta 1944, encerrando y exterminando a judíos, españoles, rumanos, gitanos y otros europeos indeseados para los nazis y para una parte importante de los franceses. El ya mencionado de Le Vernet era conocido como “campo represivo” en el que se debía encerrar a los “individuos peligrosos para el orden público y la seguridad nacional”, en general comunistas y dirigentes de las Brigadas Internacionales. A estos centros de internamiento se le sumaron otros como Argèles-sur-Mer, Saint-Cyprien (sumando ambos más de 180.000 internados), Prats-de-Molló y otros más pequeños como Gurs (con 23.000 excombatientes españoles y 7.000 brigadistas), Noé y Barcarès (cerca de 150.000 refugiados).

A mediados de marzo de 1939, Robert Capa visitó el enorme campo de la playa de Argelès-sur-Mer dónde estaban encerrados en ese momento más de 80.000 republicanos españoles. Capa describió este campo o “un infierno sobre la arena: los hombres allí sobreviven bajo tiendas de fortuna y chozas de paja que ofrecen una miserable protección contra la arena y el viento. Para coronar todo ello, no hay agua potable, sino el agua salobre extraída de agujeros cavados en la arena”.

Ante estas terribles condiciones disuasorias planteadas cruelmente por el insensible gobierno francés y tras recibir un mensaje supuestamente conciliador de Franco garantizando inmunidad para todos aquellos libres de “delitos” de sangre, muchos de los huídos se plantearon el regreso. De los 550.000 republicanos que cruzaron los pasos fronterizos franceses antes de abril de 1939, al menos 250.000 –entre hombres, mujeres y niños– atendieron y dieron credibilidad a las promesas de perdón de los franquistas y regresaron a España. Decenas de miles de ellos lo pagaron con sus vidas, pues todos fueron interrogados a su regreso y los hombres detenidos para su concentración y clasificación de cara al establecimiento de las responsabilidades que pudieran determinar los vencedores, los cuales impusieron condenas a muerte a muchos de ellos y penas milenarias de prisión a los que no fueron asesinados ante los pelotones de fusilamiento.

Nuevamente, muchas de las imágenes que traigo aquí son poco frecuentes y algunas de ellas aparentemente inéditas. Han sido extraídas de las miams fuentes que en la entrada anterior, es decir, que la mayor parte son fotografías de muestra del catálogo de una colección de postales sobre el paso de los puestos fronterizos y la retirada, que está a la venta en en la página http://www.elcondeingles.com/, en su sección de “Militaria; Guerra civil española”, y que por su indudable valor documental os hago llegar aquí, a pesar de la bajísima resolución de las borrosas fotográfías. Otras proceden de imágenes de uso público consultables en http://www.corbis.com/ y en http://www.flickr.com/, normalmente bajo el criterio e búsqueda “guerra civil” o “spanish civil war” y a poder ser en blanco y negro. Por último, algunas –unas pocas– de las fotografías han sido tomadas de la excelente página http://www.sbhac.net/, para la que reitero mi recomendación de lectura sosegada por su gran calidad.

Comentarios 

25 de febrero de 2010, 5:51

Anónimo dijo…

Mi abuelo ya fallecido, dejó en sus memorias su vivencia en la guerra civil, y acabó en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer, según cuenta pasó mucho miedo durante toda la guerra, y la verdad es que se veía arrastrado normalmente por los demás. Cuenta que después de 6 meses en Argeles, pidió destino para España porque Franco perdonaba a aquellos que no habian hecho delito de sangre, entonces volvió, pero después de la guerra acabó enfermando psicológicamente, la presión de esas situaciones acabó marcándolo.

Creía en Dios, y dijo que siempre estuvo con él.

Espero que Dios lo haya acogido en el Paraiso

Anónimo dijo…
Pues básicamente, lo que hizo el gobierno francés (y muchos franceses que lo permitieron) con los refugiados españoles de la guerra civil, fue claramente un genocidio, un crimen contra la humanidad. Que debería de reabrirse legalmente a nivel judicial, y que debe de explicarse en los libros de historia como lo que fue.
Un asesinato intencionado en masa de sed y de hambre.

6 de marzo de 2012, 11:07

9 de junio de 2012, 11:40
RatPenat dijo…

Mi padre ya fallecido me contó que salió huyendo igualmente de Barcelona con el ejército, él era miembro de una unidad de carabineros o guardias de asalto motorizados que estuvo siempre donde el Gobierno de la Republica se asentó. El último lugar fue Barcelona como he comentado, desde donde fue a Francia cruzando la frontera hasta un campo de concentración al lado del mar. No recuerdo el nombre del lugar, pero si que me habló que divisaba un castillo, que eran custodiados por tropas africanas coloniales francesas y algunos gendarmes, que les trataron muy mal y que las condiciones higiénicas eran deplorables además de la alimentación. Cuando le dieron la libertad después de unos meses y la oportunidad elegir entre quedarse en Francia o volver a España, escogió esto último, lo que le costó una temporada en un campo de concentración en España, y tres años forzosos de servicio militar en Castellón de La Plana, luego regreso a su ciudad en Valencia hasta que falleció en Junio del año 1974 a la edad de 59 años, pues los años de guerra, la estancia en el campo, y la pos-guerra parece ser que le dejaron secuelas físicas que hicieron que muriera a esa edad. No disfruto plenamente de la juventud, y no llegó a la vejez.

Anónimo dijo…
Por la memoria de mi abuelo Jose Fabra Casanova de Valencia Sargento republicano combatió en el frente del Ebro donde fue herido. Murió siendo yo un niño por eso tengo pocos datos y porque fui a la uníca persona que llego a contar algo de la guerra, estábamos muy unidos. Me contó que paso a francia y estuvo en un campo vigilado por arabes en la playa que dormia enterrado en la arena no recuerdo si me dijo el nombre del campo. Junto con otros compañeros se fugaron y cruzaron otra vez a España y en Gerona la Guardia Civil lo detuvo y lo encarcelaron. No olvidare nunca su mirada mientras me contaba estas cosas. Un beso Abuelo

31 de julio de 2013, 0:22

Anónimo dijo…

Acabo de llegar de Francia y me he encontrado con este correo que me mi hija me había enviado sobre los campos de concentración en Francia.
Es impresionante, porque da la casualidad que allí estuve visitando el “Musée de la Résistance et de la Déportation2 en La ville de Montauban.
Para mi fue emocionante porque vi que que los franceses reconocen lo que hicieron con los españoles.
Y por si a alguien le interesa ( y creo que si). Allí me dieron una dirección de correo donde se puede solicitar datos de algún pariente que estuvo en dichos campos.
Mi padre estuvo en el campo de Argeles Sur Mere. se llamaba Fructuoso Martín Cabero y fue Guardia de Asalto, de los que pasaron desde Barcelona a Francia.
Lo que mi padre sí nos contaba era penoso. Todo lo que he leído aquí es exactamente lo el nos dijo.Yo aun se me caen las lagrimas cuando leo relatos iguales a los de mi padre. Os mando el correo de dicho Museo ( me dijeron que mandara los datos de mi padre que me darían toda la información que tuvieran).
musee-resistance@ville-montauban.fr

Gracias a todos
1 de septiembre de 2013, 22:58
Joan dijo…

Mi abuelo Joaquín era de la Quinta del Biberón. Terminada la guerra, estuvo en Argelès. Cuando Franco ofreció la posibilidad de regresar, había sufrido tanto en Argelès que no se lo pensó y regresó a Espana. Ahí pasó un tiempo preso y tuvo que reengancharse largo tiempo en el ejército hasta poder volver a la vida civil. Hablaba poco de aquella época. Sólo recuerdo el odio visceral que profesaba a Francia y a los franceses. Juró que jamás volvería a pisar suelo francés y tengo un recuerdo vívido del estado de nerviosismo y alteración en el que se sentía cuando decidimos pasar una semana de vacaciones en Andorra. La proximidad con Francia le hizo recordar cosas que se había esforzado por enterrar durante décadas. Siempre me sorprendió que una persona tan intelectual como él, pudiese tener sentimientos tan viscerales hacia los franceses. Aquello tuvo que ser increíble.

7 de octubre de 2013, 4:08
Virch, Vi, Virginia dijo…

Mi abuelo era cabo republicano, cuando entraron los nacionales escapó por mar, llego a Francia y estuvo en uno de los campos. No se donde. Nunca quiso hablar de ello, lo único que paso mucha hambre y que mojaba el pan en el aceite del motor de camiones, hay une pequeña foto que ahora no tengo. No se donde estuvo. Era de Oviedo. Emilio Fernández Domínguez.

4 de mayo de 2016, 23:36
Anónimo dijo…

Mis abuelos escaparon de Marbella y sufrieron el bombardeo de la carretera de Almeria, desde alli se separaron de mi abuela embarazada de mi tio y segun me conto el cuando ya estaba casi sin memoria pues antes nunca comento nada, que salio de pais huyendo y fue metido en un campo de concentracion en Francia donde estuvo un largo tiempo pasandolo muy mal, cuando permitieron regresar le prometieron que si comandaba una embarcacion hasta Mallorca despues lo dejarian en libertad, el era capitan de barco pesquero, una vez en Mallorca le pidieron llevar otro barco hasta Cartagena y a la llegada quedaria libre, y encuanto llego a Cartagena fue directo al calabozo hasta que Franco consedio el indulto, no se en campo de concentracion estuvo en Francia y si existe un lista de los presos que alli estuvieron para saber algo mas del tiempo que estuvo alli. El se llamaba Salvador Lima Morilla.

josep m. dijo…

mi padre estuvo en el campo de Argeles, aun esta vivo y explica las penas de la gente. fue penoso

8 de diciembre de 2016, 17:23
Danna dijo…

Mi abuelo pasó a Francia el 9 de febrero de 1939 siendo internado en el campo de concentración de Saint Cyprien, de este campo se lo llevaron a Barcares y de allí a Agde, donde permaneció hasta septiembre de 1939 que lo encuadraron en el 250 batallón de trabajadores españoles, que fue instalado en un polígono de prueba de armas, dependiente de establecimientos técnicos de Bourges, cerca del campo o escuela de aviación de AVORD, en esté lugar permaneció hasta junio de 1940 que llegaron los alemanes. En eses momento escaparon hasta la ciudad de AGEN, presentándose en la oficina de colocación, contratándole como peón agrícola en la finca Au Burgat, situada a 8 kilómetros de Agen, trabajando como campesino durante 6 meses. De allí marchó a Marsella, internándole en el Chateau de la Reinarde bajo la protección del consulado de Méjico, de allí marcho a trabajar en las minas de Greasque , Bouches del Ronne, donde permaneció 9 meses y fue detenido por la policía que lo llevaron al campo represivo de Vernet del Ariege, de donde salió para España en febrero de 1942. Cuando pudo llegar a su casa, conoció a su primer hijo, mi padre, que ya tenía 4 años. Esto que he contado lo dejó el escrito, los nombres no sé si se escribirán así, pero es como él los escribió. Mi abuelo falleció hace casi tres años a la edad de 103 año. Alguna vez nos contó cosas de su estancia en Francia y se me hacía un nudo en la garganta y las lagrimas corrían por mis mejillas.

4 de febrero de 2019, 23:01
Anónimo dijo…

Mi padre era de la Quinta del Biberón. Durante la guerra estuvo estacionado en un nido de ametralladoras cerca de la Sentiu de Sió, en el frente de Balaguer. Cuando las tropas republicanas se retiraron en desbandada, cruzaron la frontera por los Pirineos y acabaron en el campo de concentración de Argelés sur Tech. Después de un cierto tiempo, fueron repatriados a España y en una marcha a lo largo de una carretera los separaron entre los partidarios de Negrin y Franco. Me confirmó el mal trato que las autoridades francesas dieron a los presos. Me citó que en una de las revueltas que se sucedían debido a las condiciones penosas que allí existían, un oficial francés hizo rodear las alambradas del campo con vehículos blindados ametralladores y buscó a un preso que supiera francés para, a grito pelado, traducir a todos que, para el gobierno francés, no tenían ningún tipo de status. Es decir, no eran nada. Así que, o se comportaban o los pasarían a todos por las armas sin miramientos. Ya no hubo más revueltas. Mi padre, abogado de profesión, en sus años antes de morir, escribió un libro que no hemos publicado describiendo toda su aventura durante la guerra. Lo digo por sí algún familiar vuestro estuvo en la misma zona o sección militar y queréis saber mas detalles. Enhorabuena por la página. Un abrazo a todos.

25 de abril de 2014, 12:38
Anónimo dijo…

Mi abuelo fallecio poco despues de huir de argeles, debido a que al faltarles el agua se veian obligados por la sed a beber del mar, destrozandole los riñones
En su memoria os estare eternamente agradecido por mantener viva la memoria que otros intentan ocultar
GRACIAS

17 de enero de 2013, 14:47
Gisela dijo…

Mi abuelo, Francesc Planchart estuvo en Argeles-Sur -Mer, huyó de ahí y regresó a Barcelona. Nunca habló del campo, no podía ni quería recordar tanto sufrimiento. sólo hablaba del día que junto con otro compañero se escapó, aprovechando que llovía y la guarda senegalesa estaba dentro d elos barracones…. si alguien coincidió con él, me gustaría saberlo.el murió hace ya 13 años…

20 de enero de 2013, 0:06
RatPenat dijo…

Mi padre ya fallecido me contó que salió huyendo igualmente de Barcelona con el ejército, él era miembro de una unidad de carabineros o guardias de asalto motorizados que estuvo siempre donde el Gobierno de la Republica se asentó. El último lugar fue Barcelona como he comentado, desde donde fue a Francia cruzando la frontera hasta un campo de concentración al lado del mar. No recuerdo el nombre del lugar, pero si que me habló que divisaba un castillo, que eran custodiados por tropas africanas coloniales francesas y algunos gendarmes, que les trataron muy mal y que las condiciones higiénicas eran deplorables además de la alimentación. Cuando le dieron la libertad después de unos meses y la oportunidad elegir entre quedarse en Francia o volver a España, escogió esto último, lo que le costó una temporada en un campo de concentración en España, y tres años forzosos de servicio militar en Castellón de La Plana, luego regreso a su ciudad en Valencia hasta que falleció en Junio del año 1974 a la edad de 59 años, pues los años de guerra, la estancia en el campo, y la pos-guerra parece ser que le dejaron secuelas físicas que hicieron que muriera a esa edad. No disfruto plenamente de la juventud, y no llegó a la vejez.

9 de junio de 2012, 12:52
Anónimo dijo…

Mi abuelo ya fallecido, dejó en sus memorias su vivencia en la guerra civil, y acabó en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer, según cuenta pasó mucho miedo durante toda la guerra, y la verdad es que se veía arrastrado normalmente por los demás. Cuenta que después de 6 meses en Argeles, Pidio destino para españa porque franco perdonaba a aquellos que no habian hecho delito de sangre, entonces volvió, pero después de la guerra acabó enfermando psicológicamente, la presión de esas situaciones acabó marcándolo.
Pilar Gutiérrez
Creía en Dios, y dijo que siempre estuvo con él.

Espero que Dios lo haya acogido en el Paraiso

un abrazo a todos.

Leer original

Así trató Franco a los presos republicanos: nada mal

 

El 1 de abril de 1941, para conmemorar la fecha del final de la guerra, se puso en libertad a 40.000 presos, que cumplían penas de hasta doce años. Y ese mismo año, el 16 de octubre, se amplió el indulto a los sentenciados hasta catorce años, medida de la que se beneficiaron otros 20.000 reclusos. De manera que, en una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, que duró varios días, del 17 al 21 de septiembre de 1942, se anunció que dos terceras partes de los presos al término de la Guerra Civil ya habían recobrado la libertad.

Javier Paredes, Historiador y Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá de Henares

El número de presos de la Guerra Civil no fue ningún secreto de Estado de Francisco Franco, porque la Dirección General de Prisiones y el Instituto Nacional de Estadística proporcionaron la información necesaria para averiguar lo que pasó. Es más, algunos de estos datos se podrían haber utilizado para atacar el Régimen. Pero eso exigía trabajar y era más cómodo dejar volar la imaginación en este punto y dar rienda suelta al sectarismo, como hicieron Brian Crozier, Max Gallo, Jacques Georgel, Ramón Garriga o Manuel Tuñón de Lara.

Y como una vez más la realidad es más interesante que la ficción, contemos resumidamente lo que pasó. Fijaremos nuestro breve relato en los límites temporales entre 1 de abril de 1939 y el del 31 de marzo de 1969, fecha en la que se declararon prescritos los delitos cometidos con anterioridad al final de la Guerra Civil. O sea, 30 años.​

El mayor número de encarcelados, como es lógico, se produce en los meses inmediatos al final de la guerra, de manera que el año 1940 arroja la cifra de 270.718 penados, entre los que se incluyen también los presos por delitos comunes, de los que 247.487 son hombres y 23.232 son mujeres. Es decir, el 90,2% y el 9,8% respectivamente.

La cifra de 1940 va disminuyendo con el tiempo, de manera que en 1943 la población reclusa pasa a ser menos de la mitad —124.423 internos—, cifra que a su vez se divide por 3,4 en 1947, dando un total de 36.379 presos. Y conviene tener en cuenta que en todas estas cifras se incluyen tanto los presos por delitos comunes, como los detenidos por delitos no comunes.

Desde 1943 se conoce la serie de los dos tipos de presos a los que me he referido. En 1943 hay 104.286 presos por delitos no comunes, cifra que se reduce a 15.988 en 1947.

Esta reducción no se produjo, como algunos han afirmado, por las ejecuciones y las muertes en las cárceles a causa de las malas condiciones materiales. La mayoría de los presos recobró la libertad gracias a la redención de penas por el trabajo y a los numerosos indultos concedidos por Franco.

El primer indulto lo concedió Franco el 1 de octubre de 1939, con motivo de su tercer aniversario de su ascenso al poder. Por esta disposición quedaban libres los militares republicanos que hubieran sido condenados a menos de seis años de prisión.

En septiembre de 1942, dos terceras partes de los presos republicanos ya estaban en libertad

El 24 de enero de 1940 se crearon varias comisiones jurídicas militares especiales, a las que se les concedió la capacidad de revisar las sentencias ya pronunciadas, para confirmarlas o reducirlas, pero nunca para ampliarlas, como es lógico.

El 1 de abril de 1941, para conmemorar la fecha del final de la guerra, se puso en libertad a 40.000 presos, que cumplían penas de hasta doce años. Y ese mismo año, el 16 de octubre, se amplió el indulto a los sentenciados hasta catorce años, medida de la que se beneficiaron otros 20.000 reclusos. De manera que, en una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, que duró varios días, del 17 al 21 de septiembre de 1942, se anunció que dos terceras partes de los presos al término de la Guerra Civil ya habían recobrado la libertad.

Pero fue el año 1943 cuando se concedieron los indultos más generosos. El 30 de marzo se concedió el indulto a los condenados hasta veinte años, por lo que pudieron salir de las cárceles 48.705 personas. Y ya el 9 de octubre de 1945 se indultó a los condenados por rebelión militar que no hubieran cometido hechos repulsivos para toda conciencia honrada de cualquier ideología. Otro decreto, del 1 de abril de 1964 mandó borrar de los registros los antecedentes correspondientes a los delitos indultados. Por último, el 10 de noviembre de 1966 se aplicó el indulto a las responsabilidades políticas de cualquier clase. Y, como ya hemos dicho, el 31 de marzo de 1969 se declararon prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al término de la Guerra Civil.

La redención de penas es un elemento de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), con el que los jesuitas convencieron a Franco, quien descubrió la redención de penas por el trabajo en los escritos de un jesuita, el padre Julián Pereda, quien propuso a Franco una modificación del sistema penal sobre el principio de la Doctrina Social Cristiana de que todo preso ya sentenciado debe tener la oportunidad de reinsertarse en un trabajo, pues el trabajo es dimensión esencial e inseparable de la persona.

Y bien pronto comenzó a aplicar esta doctrina, antes incluso de que acabara la guerra. La primera disposición jurídica es el Decreto de 28 de mayo de 1938 concediendo a los reclusos el derecho a trabajar. El 7 de octubre de 1938 una Orden del Ministerio de Justicia creó el Patronato Central y los Locales.

La posibilidad de acogerse a la redención de penas por el trabajo era voluntaria. Como norma general quedó establecido que por cada día de trabajo se liberaban dos de prisión, pero en muchas circunstancias se aumentó esta relación, aplicando en algunos casos la relación de seis días de cárcel liberados por cada día de trabajo, lo que explica que presos condenados a treinta años de prisión, pudieron ser libres en menos de cinco. Y se computaban por días de trabajo los domingos y fiestas que no se trabajaba, así como los días que el reo permaneciera de baja por enfermedad o accidente.

Fueron varios los campos de trabajo donde los reos pudieron disminuir sus condenas por la redención de penas por el trabajo. Sin duda el mejor conocido de todos estos campos es el del Valle de los Caídos, gracias al riguroso estudio realizado por el profesor Alberto Bárcena.

La redención de penas por el trabajo no se limitó solo a la actividad laboral. Un decreto de 23 de noviembre de 1940 otorgó una reducción de dos, cuatro y seis meses a quienes obtuvieran voluntariamente el grado elemental, medio y superior de instrucción religiosa mediante asistencia y correspondiente examen de los cursos impartidos por los capellanes de prisiones.

Y este mismo decreto de 1940 establecía el beneficio de dos meses a quienes dejaran de ser analfabetos y de tres meses por cada uno de los grados de enseñanza que se establecieran en las prisiones. Los datos son los siguientes: en 1941 había en las prisiones 27.497 analfabetos, y en ese mismo año dejaron de serlo 10.524. Al año siguiente aprendieron a leer y a escribir 13.538 reclusos. Y la cifra se fue reduciendo a medida que disminuyeron los presos, de manera que en 1943 abandonaron el analfabetismo 3.496 reclusos y ya en 1947 la cifra se redujo a 260 presos.

Fuente: Hispanidad.com

Los campos de “concentración” de Franco (Campos de trabajo)

Durante la Guerra Civil había muchos campos de concentración para guardar a los prisioneros enemigos, como en todas las guerras, y había muchos prisioneros porque los nacionales ganaban todas las batallas (menos la de Teruel). Se crearon en zona nacional desde agosto de 1936 y se les empleaba en trabajos de reconstrucción, como establecían los acuerdos de Ginebra. Ni hubo trabajos forzados, ni hambrunas ni condiciones infrahumanas, no existe ninguna prueba ni testimonio de ello.

Al acabar la guerra se calcula que en el último mes se capturaron más de 400.000 soldados enemigos. De esos campos salieron los Batallones de Trabajadores a obras de reconstrucción y se fueron vaciando progresivamente los campos, primero por liberación de prisioneros del Ejército Republicano y luego por los numerosos indultos y amnistías que concedió Franco. En 1943 la mayor parte de los batallones ya se habían disuelto.

Con respecto a penados por Consejos de Guerra, se estableció la redención de penas por trabajo, que era voluntaria y había que pedirla por instancia, como en el Valle de los Caídos. Era de 3 día de condena por cada día de trabajo, menos en el Valle, que llegó a ser de 6/1.

En cuanto a los republicanos que huyeron a Francia, la mitad de los 500.000 que eran volvieron a España en cuanto Franco les autorizó volver, y los que no habían cometido crímenes se fueron a sus casas y los demás fueron a la cárcel, como es de justicia.

Desde finales de 1943 no se abrieron más causas por denuncias referentes a hechos de la guerra, salvo por delitos execrables, y en 1945 Franco firmó un decreto por el cual ya no se podían abrir nuevas causas. También en 1945 Franco dio un indulto definitivo para cualquier condenado por rebelión militar, salvo delitos execrables.

Los presos republicanos ni eran esclavos, ni trabajaban en condiciones infrahumanas ni pasaban hambre. Y esto, dicho por uno que trabajó ahí, Julián “el inglés”:

“Julián era casi un niño, era trabajador civil y no preso, y su versión está muy lejos de ser rotundamente antifranquista. Es la de quien recuerda y, ya se sabe, la memoria de la infancia a veces dulcifica el pasado. Pero su relato suple, en gran medida, la falta de material gráfico sobre la vida cotidiana en los destacamentos penales, en concreto en el de Riosequillo: no hay fotografías, no hay fragmentos de película, el No-Do de aquellos años no recogió una sólo imagen de su vida cotidiana. Julián Pérez es una fuente oral enormemente valiosa que me ha servido para trabajar en mi última novela, aún inédita, Por él he sabido cómo el aparato de la dictadura discriminaba favorablemente a determinados presos: “Había dos condenados por estraperlo que vivían aparte de los presos republicanos, tenían casa alquilada y contaban con mujer y criada”, me dijo “El inglés”. También llegó a conocer algunos episodios de fuga consumada: “un catalán que trabajaba en la cantera, que se escapó por la noche y al que no encontraron nunca” o “un preso que no trabajaba” -Julián lo calificó como “un señor”, seguramente estraperlista- que se perdió por la carretera Nacional I y años después escribió al director del destacamento “invitándole a pasar las Navidades en Francia”. Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/campo-trabajo-franquismo-noticia-vida-cotidiana/20150618202935117313.html

Los presos republicanos exiliados en campos de concentración franceses

Ya el 12 de noviembre de 1938 el gobierno francés presidido por Daladier promulgó un Decreto Ley en el que mencionaba a los “extranjeros indeseables” (refiriéndose evidentemente a los españoles) y proponía la expulsión de todos ellos. El 5 de febrero de 1939 y presionado por parte de la opinión pública, Daladier –que había bloqueado la frontera e impedido el paso de los refugiados– permitió finalmente la entrada en masa de los huidos por la frontera que hasta entonces había permanecido oficialmente cerrada.

Ante la avalancha y sin miramiento alguno, el gobierno francés separó a los hombres de las mujeres y a los oficiales de la tropa. Todos fueron maltratados, mal alimentados y concentrados en zonas descampadas y alambradas tal como si fueran prisiones al aire libre, vigiladas por soldados coloniales marroquíes y senegaleses y disfrazadas o maquilladas como “campos de internamiento para refugiados” distribuidos por todo el país. A remedo de lo sucedido en el interior de España, toda Francia se convirtió también en una inmensa prisión para los republicanos antifranquistas.

El primer “centro especial” para acoger a los refugiados fue instalado por decreto el 21 de enero de 1939 en Rieucros (Lozère),cerca de Mende. Muy poco después, estos “estacionamientos temporales” se convirtieron en “reclusión administrativa” y en pocos meses se creaban el resto de los campos de internamiento. El 25 de febrero de 1939 Francia reconoció al gobierno franquista e intercambió embajadores (ver en este blog la entrada dedicada a la “Traición de Francia”). Poco después, entre marzo y abril de 1939 se crearon seis centros en las periferias de los Pirineos Orientales para el internamiento de milicianos: en Bram (Aude) reservado a los ancianos; Agde (Hérault) y Riversaltes (Pirineos-Orientales) destinado a los catalanes; Sepfonds (Tarn-et-Garonne) y Le Vernet (Ariège) para los obreros y Gurs (Basses Pyrénées). Estos dos últimos centros fueron los campos franceses más importantes y funcionaron hasta 1944, encerrando y exterminando a judíos, españoles, rumanos, gitanos y otros europeos indeseados para los nazis y para una parte importante de los franceses. El ya mencionado de Le Vernet era conocido como “campo represivo” en el que se debía encerrar a los “individuos peligrosos para el orden público y la seguridad nacional”, en general comunistas y dirigentes de las Brigadas Internacionales. A estos centros de internamiento se le sumaron otros como Argèles-sur-Mer, Saint-Cyprien (sumando ambos más de 180.000 internados), Prats-de-Molló y otros más pequeños como Gurs (con 23.000 excombatientes españoles y 7.000 brigadistas), Noé y Barcarès (cerca de 150.000 refugiados).

A mediados de marzo de 1939, Robert Capa visitó el enorme campo de la playa de Argelès-sur-Mer dónde estaban encerrados en ese momento más de 80.000 republicanos españoles. Capa describió este campo o “un infierno sobre la arena: los hombres allí sobreviven bajo tiendas de fortuna y chozas de paja que ofrecen una miserable protección contra la arena y el viento. Para coronar todo ello, no hay agua potable, sino el agua salobre extraída de agujeros cavados en la arena”.

Ante estas terribles condiciones disuasorias planteadas cruelmente por el insensible gobierno francés y tras recibir un mensaje supuestamente conciliador de Franco garantizando inmunidad para todos aquellos libres de “delitos” de sangre, muchos de los huídos se plantearon el regreso. De los 550.000 republicanos que cruzaron los pasos fronterizos franceses antes de abril de 1939, al menos 250.000 –entre hombres, mujeres y niños– atendieron y dieron credibilidad a las promesas de perdón de los franquistas y regresaron a España. Decenas de miles de ellos lo pagaron con sus vidas, pues todos fueron interrogados a su regreso y los hombres detenidos para su concentración y clasificación de cara al establecimiento de las responsabilidades que pudieran determinar los vencedores, los cuales impusieron condenas a muerte a muchos de ellos y penas milenarias de prisión a los que no fueron asesinados ante los pelotones de fusilamiento.

Nuevamente, muchas de las imágenes que traigo aquí son poco frecuentes y algunas de ellas aparentemente inéditas. Han sido extraídas de las miams fuentes que en la entrada anterior, es decir, que la mayor parte son fotografías de muestra del catálogo de una colección de postales sobre el paso de los puestos fronterizos y la retirada, que está a la venta en en la página http://www.elcondeingles.com/, en su sección de “Militaria; Guerra civil española”, y que por su indudable valor documental os hago llegar aquí, a pesar de la bajísima resolución de las borrosas fotográfías. Otras proceden de imágenes de uso público consultables en http://www.corbis.com/ y en http://www.flickr.com/, normalmente bajo el criterio e búsqueda “guerra civil” o “spanish civil war” y a poder ser en blanco y negro. Por último, algunas –unas pocas– de las fotografías han sido tomadas de la excelente página http://www.sbhac.net/, para la que reitero mi recomendación de lectura sosegada por su gran calidad.

Comentarios 

25 de febrero de 2010, 5:51

Anónimo dijo…

Mi abuelo ya fallecido, dejó en sus memorias su vivencia en la guerra civil, y acabó en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer, según cuenta pasó mucho miedo durante toda la guerra, y la verdad es que se veía arrastrado normalmente por los demás. Cuenta que después de 6 meses en Argeles, pidió destino para España porque Franco perdonaba a aquellos que no habian hecho delito de sangre, entonces volvió, pero después de la guerra acabó enfermando psicológicamente, la presión de esas situaciones acabó marcándolo.

Creía en Dios, y dijo que siempre estuvo con él.

Espero que Dios lo haya acogido en el Paraiso

Anónimo dijo…
Pues básicamente, lo que hizo el gobierno francés (y muchos franceses que lo permitieron) con los refugiados españoles de la guerra civil, fue claramente un genocidio, un crimen contra la humanidad. Que debería de reabrirse legalmente a nivel judicial, y que debe de explicarse en los libros de historia como lo que fue.
Un asesinato intencionado en masa de sed y de hambre.

6 de marzo de 2012, 11:07

9 de junio de 2012, 11:40
RatPenat dijo…

Mi padre ya fallecido me contó que salió huyendo igualmente de Barcelona con el ejército, él era miembro de una unidad de carabineros o guardias de asalto motorizados que estuvo siempre donde el Gobierno de la Republica se asentó. El último lugar fue Barcelona como he comentado, desde donde fue a Francia cruzando la frontera hasta un campo de concentración al lado del mar. No recuerdo el nombre del lugar, pero si que me habló que divisaba un castillo, que eran custodiados por tropas africanas coloniales francesas y algunos gendarmes, que les trataron muy mal y que las condiciones higiénicas eran deplorables además de la alimentación. Cuando le dieron la libertad después de unos meses y la oportunidad elegir entre quedarse en Francia o volver a España, escogió esto último, lo que le costó una temporada en un campo de concentración en España, y tres años forzosos de servicio militar en Castellón de La Plana, luego regreso a su ciudad en Valencia hasta que falleció en Junio del año 1974 a la edad de 59 años, pues los años de guerra, la estancia en el campo, y la pos-guerra parece ser que le dejaron secuelas físicas que hicieron que muriera a esa edad. No disfruto plenamente de la juventud, y no llegó a la vejez.

Anónimo dijo…
Por la memoria de mi abuelo Jose Fabra Casanova de Valencia Sargento republicano combatió en el frente del Ebro donde fue herido. Murió siendo yo un niño por eso tengo pocos datos y porque fui a la uníca persona que llego a contar algo de la guerra, estábamos muy unidos. Me contó que paso a francia y estuvo en un campo vigilado por arabes en la playa que dormia enterrado en la arena no recuerdo si me dijo el nombre del campo. Junto con otros compañeros se fugaron y cruzaron otra vez a España y en Gerona la Guardia Civil lo detuvo y lo encarcelaron. No olvidare nunca su mirada mientras me contaba estas cosas. Un beso Abuelo

31 de julio de 2013, 0:22

Anónimo dijo…

Acabo de llegar de Francia y me he encontrado con este correo que me mi hija me había enviado sobre los campos de concentración en Francia.
Es impresionante, porque da la casualidad que allí estuve visitando el “Musée de la Résistance et de la Déportation2 en La ville de Montauban. Para mi fue emocionante porque vi que que los franceses reconocen lo que hicieron con los españoles.
Y por si a alguien le interesa ( y creo que si). Allí me dieron una dirección de correo donde se puede solicitar datos de algún pariente que estuvo en dichos campos.
Mi padre estuvo en el campo de Argeles Sur Mere. se llamaba Fructuoso Martín Cabero y fue Guardia de Asalto, de los que pasaron desde Barcelona a Francia.
Lo que mi padre sí nos contaba era penoso. Todo lo que he leído aquí es exactamente lo el nos dijo.Yo aun se me caen las lagrimas cuando leo relatos iguales a los de mi padre. Os mando el correo de dicho Museo ( me dijeron que mandara los datos de mi padre que me darían toda la información que tuvieran).
musee-resistance@ville-montauban.fr

Gracias a todos
1 de septiembre de 2013, 22:58
Joan dijo…

Mi abuelo Joaquín era de la Quinta del Biberón. Terminada la guerra, estuvo en Argelès. Cuando Franco ofreció la posibilidad de regresar, había sufrido tanto en Argelès que no se lo pensó y regresó a Espana. Ahí pasó un tiempo preso y tuvo que reengancharse largo tiempo en el ejército hasta poder volver a la vida civil. Hablaba poco de aquella época. Sólo recuerdo el odio visceral que profesaba a Francia y a los franceses. Juró que jamás volvería a pisar suelo francés y tengo un recuerdo vívido del estado de nerviosismo y alteración en el que se sentía cuando decidimos pasar una semana de vacaciones en Andorra. La proximidad con Francia le hizo recordar cosas que se había esforzado por enterrar durante décadas. Siempre me sorprendió que una persona tan intelectual como él, pudiese tener sentimientos tan viscerales hacia los franceses. Aquello tuvo que ser increíble.

7 de octubre de 2013, 4:08
Virch, Vi, Virginia dijo…

Mi abuelo era cabo republicano, cuando entraron los nacionales escapó por mar, llego a Francia y estuvo en uno de los campos. No se donde. Nunca quiso hablar de ello, lo único que paso mucha hambre y que mojaba el pan en el aceite del motor de camiones, hay une pequeña foto que ahora no tengo. No se donde estuvo. Era de Oviedo. Emilio Fernández Domínguez.

4 de mayo de 2016, 23:36
Anónimo dijo…

Mis abuelos escaparon de Marbella y sufrieron el bombardeo de la carretera de Almeria, desde alli se separaron de mi abuela embarazada de mi tio y segun me conto el cuando ya estaba casi sin memoria pues antes nunca comento nada, que salio de pais huyendo y fue metido en un campo de concentracion en Francia donde estuvo un largo tiempo pasandolo muy mal, cuando permitieron regresar le prometieron que si comandaba una embarcacion hasta Mallorca despues lo dejarian en libertad, el era capitan de barco pesquero, una vez en Mallorca le pidieron llevar otro barco hasta Cartagena y a la llegada quedaria libre, y encuanto llego a Cartagena fue directo al calabozo hasta que Franco consedio el indulto, no se en campo de concentracion estuvo en Francia y si existe un lista de los presos que alli estuvieron para saber algo mas del tiempo que estuvo alli. El se llamaba Salvador Lima Morilla.

josep m. dijo…

mi padre estuvo en el campo de Argeles, aun esta vivo y explica las penas de la gente. fue penoso

8 de diciembre de 2016, 17:23
Danna dijo…

Mi abuelo pasó a Francia el 9 de febrero de 1939 siendo internado en el campo de concentración de Saint Cyprien, de este campo se lo llevaron a Barcares y de allí a Agde, donde permaneció hasta septiembre de 1939 que lo encuadraron en el 250 batallón de trabajadores españoles, que fue instalado en un polígono de prueba de armas, dependiente de establecimientos técnicos de Bourges, cerca del campo o escuela de aviación de AVORD, en esté lugar permaneció hasta junio de 1940 que llegaron los alemanes. En eses momento escaparon hasta la ciudad de AGEN, presentándose en la oficina de colocación, contratándole como peón agrícola en la finca Au Burgat, situada a 8 kilómetros de Agen, trabajando como campesino durante 6 meses. De allí marchó a Marsella, internándole en el Chateau de la Reinarde bajo la protección del consulado de Méjico, de allí marcho a trabajar en las minas de Greasque, Bouches del Ronne, donde permaneció 9 meses y fue detenido por la policía que lo llevaron al campo represivo de Vernet del Ariege, de donde salió para España en febrero de 1942. Cuando pudo llegar a su casa, conoció a su primer hijo, mi padre, que ya tenía 4 años. Esto que he contado lo dejó el escrito, los nombres no sé si se escribirán así, pero es como él los escribió. Mi abuelo falleció hace casi tres años a la edad de 103 año. Alguna vez nos contó cosas de su estancia en Francia y se me hacía un nudo en la garganta y las lagrimas corrían por mis mejillas.

4 de febrero de 2019, 23:01
Anónimo dijo…

Mi padre era de la Quinta del Biberón. Durante la guerra estuvo estacionado en un nido de ametralladoras cerca de la Sentiu de Sió, en el frente de Balaguer. Cuando las tropas republicanas se retiraron en desbandada, cruzaron la frontera por los Pirineos y acabaron en el campo de concentración de Argelés sur Tech. Después de un cierto tiempo, fueron repatriados a España y en una marcha a lo largo de una carretera los separaron entre los partidarios de Negrin y Franco. Me confirmó el mal trato que las autoridades francesas dieron a los presos. Me citó que en una de las revueltas que se sucedían debido a las condiciones penosas que allí existían, un oficial francés hizo rodear las alambradas del campo con vehículos blindados ametralladores y buscó a un preso que supiera francés para, a grito pelado, traducir a todos que, para el gobierno francés, no tenían ningún tipo de status. Es decir, no eran nada. Así que, o se comportaban o los pasarían a todos por las armas sin miramientos. Ya no hubo más revueltas. Mi padre, abogado de profesión, en sus años antes de morir, escribió un libro que no hemos publicado describiendo toda su aventura durante la guerra. Lo digo por sí algún familiar vuestro estuvo en la misma zona o sección militar y queréis saber mas detalles. Enhorabuena por la página. Un abrazo a todos.

25 de abril de 2014, 12:38
Anónimo dijo…

Mi abuelo fallecio poco despues de huir de argeles, debido a que al faltarles el agua se veian obligados por la sed a beber del mar, destrozandole los riñones
En su memoria os estare eternamente agradecido por mantener viva la memoria que otros intentan ocultar
GRACIAS

17 de enero de 2013, 14:47
Gisela dijo…

Mi abuelo, Francesc Planchart estuvo en Argeles-Sur -Mer, huyó de ahí y regresó a Barcelona. Nunca habló del campo, no podía ni quería recordar tanto sufrimiento. sólo hablaba del día que junto con otro compañero se escapó, aprovechando que llovía y la guarda senegalesa estaba dentro d elos barracones…. si alguien coincidió con él, me gustaría saberlo.el murió hace ya 13 años…

20 de enero de 2013, 0:06
RatPenat dijo…

Mi padre ya fallecido me contó que salió huyendo igualmente de Barcelona con el ejército, él era miembro de una unidad de carabineros o guardias de asalto motorizados que estuvo siempre donde el Gobierno de la Republica se asentó. El último lugar fue Barcelona como he comentado, desde donde fue a Francia cruzando la frontera hasta un campo de concentración al lado del mar. No recuerdo el nombre del lugar, pero si que me habló que divisaba un castillo, que eran custodiados por tropas africanas coloniales francesas y algunos gendarmes, que les trataron muy mal y que las condiciones higiénicas eran deplorables además de la alimentación. Cuando le dieron la libertad después de unos meses y la oportunidad elegir entre quedarse en Francia o volver a España, escogió esto último, lo que le costó una temporada en un campo de concentración en España, y tres años forzosos de servicio militar en Castellón de La Plana, luego regreso a su ciudad en Valencia hasta que falleció en Junio del año 1974 a la edad de 59 años, pues los años de guerra, la estancia en el campo, y la pos-guerra parece ser que le dejaron secuelas físicas que hicieron que muriera a esa edad. No disfruto plenamente de la juventud, y no llegó a la vejez.

9 de junio de 2012, 12:52
Anónimo dijo…

Mi abuelo ya fallecido, dejó en sus memorias su vivencia en la guerra civil, y acabó en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer, según cuenta pasó mucho miedo durante toda la guerra, y la verdad es que se veía arrastrado normalmente por los demás. Cuenta que después de 6 meses en Argeles, Pidio destino para españa porque franco perdonaba a aquellos que no habian hecho delito de sangre, entonces volvió, pero después de la guerra acabó enfermando psicológicamente, la presión de esas situaciones acabó marcándolo.
Pilar Gutiérrez
Creía en Dios, y dijo que siempre estuvo con él.

Espero que Dios lo haya acogido en el Paraiso

un abrazo a todos.

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