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Las matanzas del Frente Popular

 

Las matanzas del Frente Popular

 

Uno de los casos más espeluznantes fue el martirio del obispo de Barbastro, a quien los milicianos le cortaron los testículos para que muriera desangrado

El martirio y asesinato del obispo de Barbastro, Florentino Asensio, tiene todas las connotaciones de una crueldad diabólica. La noche del 8 de agosto de 1936 fue a buscarle a la cárcel, donde lo tenían preso, un grupo compuesto por Santiago Ferrando, Héctor Martínez, Alfonso Gaya, Torrente el de la tienda de licores y otros dos más.

Entre insultos y carcajadas comenzaron por atarle las manos por detrás con un alambre y lo amarraron, codo con codo, a otro preso más alto y recio que él. Y a continuación, le bajaron los pantalones, para ver si era hombre como los demás. Y entre humillaciones y vejaciones, Alfonso Gaya exclamó burlándose del obispo:

—¡Qué buena ocasión para comer cojones de obispo!

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La carmelita Apolonia Lizárraga fue aserrada viva y su carne lanzada a los cerdos

Apolonia Lizárraga era la madre superiora de de las Hermanas Carmelitas de la Caridad desde el año 1925. 

Cuando estalló la Guerra Civil tenía 69 años y se encontraba en la Casa General de Vic. Allí se preocupó durante los primeros días de la guerra por encontrar acomodo seguro para las novicias y los enfermos que estaban a cargo de la congregación de religiosas.

Tras haber intentado garantizar la seguridad de todas las personas a su cargo, ella misma se buscó acomodo en la casa de una familia que colaboraba con su orden. Allí permaneció hasta que fue apresada durante un registro realizado por milicianos del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista).

Inmediatamente fue trasladada a la checa barcelonesa de San Elías -bajo control de la CNT-FAI-, que ocupaba el edificio que hasta el comienzo de la guerra había sido un convento de religiosas Clarisas. Allí permaneció varios días presa, sometida a privaciones, insultos y golpes. Finalmente, el ocho de septiembre, uno de los responsables de la cárcel, apodado “el jorobado”, en compañía de otros tres milicianos, la trasladaron al patio central.

Una vez allí fue desnudada integramente y se le propuso apostatar para salvar su vida.La religiosa se negó, y los milicianos la colgaron de un gancho que habían instalado en una de las paredes. Ese gancho se usó en numerosas ocasiones para dar muerte de manera salvaje a los presos allí detenidos.

Esta muerte consistía en que eran aserrados vivos, hasta que morían desangrados entre terribles dolores. Y sus cuerpos eran posteriormente descuartizados y dados de comer a una piara de 42 cerdos que habían llevado a la checa tras una requisa realizada en los alrededores de la ciudad.

Poco después, los milicianos realizaron la matanza de varios de estos animales y vendían el producto anunciándolo como “chorizo de monja”. En clara referencia al martirio cometido con la superiora de las Carmelitas de la Caridad.

Varios testimonios de supervivientes de la checa de San Elías coinciden en señalar cómo fue la muerte de Apolonia Lizárraga:

“Actualmente se han encontrado testigos que nos refieren que estando ellos presos en la cárcel de San Elías en el año 1936, era de dominio público que el jefe de la checa, un tal «Jorobado», cebaba en total unos trescientos cerdos con carne humana. Que muchos presos eran echados a dichas piaras y que la General de las Carmelitas de la Caridad, Madre Apolonia Lizárraga, fue una de dichas víctimas que aserraron, descuartizaron (en cuatro partes) y luego en trozos más pequeños fue devorada por dichos animales que en la citada checa engordaban en número de 42”. Así lo cuenta Antonio Montero en su libro Historia de la persecución religiosa en España.

Otros testimonios coiciden en explicar la misma versión:

“Fue cogida prisionera, llevada por los milicianos a una checa, la desnudaron y la llevaron a un patio. La ataron muñecas y tobillos y fue colgada de un gancho a la pared del patio. Con un serrucho la cortaron. Ella rezaba y rogaba por sus asesinos. Estos luego dieron su cuerpo a comer a unos cerdos que tenían allí, que al poco tiempo los mataron y los comían y vendían diciendo que eran chorizos de monja“.

La Madre Apolonia Lizárraga fue beatificada el 28 de octubre de 2007 y recibió el nombre de Apolonia del Santísimo Sacramento.

Fuente: https://gaceta.es/blogs/crimenes-del-comunismo/aserrada-dada-comer-los-cerdos-negarse-apostatar-20171017-1946/

Carmen Godoy Calvache: violada , torturada y enterrada viva

A la seglar Carmen Godoy, los milicianos le encerraron en una jaula con un loco para que la violara a la vista de todos. Luego le machacaron la cabeza con una azada y la enterraron viva

Para ser candidato al martirio era igual la condición clerical o laical. Los más conocidos hasta hoy por ser los más estudiados son los martirios de los sacerdotes, los frailes y las monjas. Pero también hubo muchos laicos que fueron martirizados, como fue el caso de Carmen Godoy Calvache, que fue beatificada el 25 de marzo de 2017.

Carmen había nacido en Adra, municipio costero de la provincia de Almería. Se casó, tuvo cuatro hijos de los que solo sobrevivieron dos y estando embarazada del cuarto murió su marido en 1924. Al quedarse viuda, se fue a vivir con su tía Emilia, a la que ayudó a administrar su patrimonio, que tenía cierta entidad. Y dio tales muestras de ejercitar la justicia y la caridad, que le mereció el reconocimiento de la sociedad de Adra. Tanto que fue ella la que abanderó un movimiento en Adra  de recogida de fondos, para reconstruir la iglesia, que había sido quemada en 1933.

Y eso no se lo perdonaron los incendiarios, por lo que al estallar la guerra en 1936 huyó a Madrid, para esconderse de sus perseguidores. Pero fue inútil, le dieron caza en la capital de España en agosto de 1936, la internaron en el Hospital de la Princesa, y desde aquí fue trasladada a su pueblo.

Fue encarcelada en su propia casa, que la CNT había convertido en sede de su comité. Y allí comenzaron cuatro meses de torturas, por negarse a dar la lista de los que habían contribuido económicamente para la reconstrucción de la iglesia.

La despojaron de todos sus vestidos y tuvo que permanecer desnuda en una habitación entre sus propios excrementos. Así soportó las humillaciones de los hombres que llevaban sus carceleros, para que se burlasen de ella. Y para humillarla aún más, la exhibieron desnuda en una jaula en la que metieron con ella a un hombre también desnudo, que tenía perdido el juicio, para que la violara en la jaula a la vista de todos.

Le restringieron la comida y el agua. Y tras tiempo sin beber, todo lo que le ofrecían era un vaso con la orina de sus carceleros. Le rajaron uno de sus pechos con un puñal, herida de la que nunca se recuperó. Y una noche de crudo invierno la metieron en las aguas heladas del puerto, para hacerla sufrir el ahogamiento. La Noche Vieja de 1936, ante la imposibilidad de sacarle los nombres de los benefactores de la parroquia, la subieron a un coche y la llevaron a la carretera de La Curva, donde uno de sus verdugos la violó. Satisfechos los milicianos, la llevaron a la Albufera de Adra, donde cavaron una fosa ante ella, le machacaron la cabeza con una azada y no quisieron esperar a que se muriese. La enterraron viva.

Javier Paredes. Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá

Las enfermeras mártires de Somiedo

Los milicianos del Frente Popular mantuvieron un carro de bueyes girando toda la noche alrededor de la checa de Pola de Somiedo (Asturias), de modo que los chirridos apagasen sus lamentos. Abusaron de ellas durante horas, y en la mañana del 28 de octubre las fusilaron, desnudas para mayor humillación.

Octavia, Olga y Pilar (41, 23 y 25 años, respectivamente) pidieron ver a un sacerdote antes de morir, pero al único que había lo habían asesinado el día anterior. Varias mujeres se habían ofrecido voluntarias para la ejecución, y tres de ellas la llevaron a cabo. Murieron gritando ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva Dios!, lo mismo que habían replicado desde su detención a cada promesa de libertad si gritaban ¡Viva Rusia! y ¡Viva el comunismo!

Las mártires de Somiedo eran enfermeras de la Cruz Roja de Astorga (León) que prestaban servicio en el frente asturiano, en el hospital del Puerto de Somiedo, a donde llegaron el 18 de octubre. Pudieron ser reemplazadas al cabo de una semana, pero no quisieron separarse de los heridos. El día 27, poco antes de que el lugar cayese en manos frentepopulistas, se les presentó la oportunidad de escapar y, por la misma razón, renunciaron. De poco sirvió, porque los 14 heridos fueron rematados en sus camas. A los prisioneros hechos ese día, incluidos el médico y el capellán, los mataron a todos, entre ellos dos falangistas fusilados inmediatamente antes de las enfermeras.

La historia de las mártires de Somiedo, cuyos restos se encuentran enterrados en la capilla de San Juan de la catedral de Astorga, es una entre muchas que implicaron víctimas de la Acción Católica. La cuenta Laura Sánchez Blanco, profesora de la Universidad Pontificia de Salamanca, en una obra muy ilustrativa: Rosas y margaritas. Mujeres falangistas, tradicionalistas y de Acción Católica asesinadas en la Guerra Civil (Actas).

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La obra rescata del olvido decenas de historias de mujeres de la Sección Femenina de Falange Española o de la Comunión Tradicionalista que, aunque todas ellas católicas, fueron asesinadas por razones prevalentemente políticas, sin excluir que en varios casos pudiese existir además una componente martirial, dado que no siempre es sencillo deslindar hasta dónde llega el asesinato político y hasta dónde el asesinato in odium fidei [por odio a la fe]. Sánchez Blanco añade seis historias de mujeres que sí fueron asesinadas por razones exclusivamente religiosas, en cuanto miembros de la Acción Católica y porque se les ofreció la apostasía como salvoconducto y la rechazaron.

Tres en Valencia, ya beatificadas en 2001: Florencia Caerols MartínezAmalia Abad Casasempere y María del Pilar Jordá Botella (de 46, 38 y 31 años). Y las tres enfermeras de la Cruz Roja, cuya causa de beatificación avanza en el Vaticano hacia el reconocimiento del martirio.

En los primeros días tras saberse de la desaparición de las jóvenes, familiares y otras personalidades buscaron información acudiendo al delegado de Cruz Roja Internacional en España, Marcel Junod. En algún momento llegó a haber supuesta información de que seguían vivas, hasta que llegó el mazazo el 10 de febrero de 1937, cuando el delegado de Cruz Roja Internacional en Ginebra confirmó la muerte. Fue el primer caso conocido de enfermeras asesinadas premeditadamente por un bando en liza desde la fundación en 1863 del Comité Internacional de la Cruz Roja, por lo cual el estupor internacional ante el crimen fue notable.

En octubre de 1937 fue detenido como instigador de los crímenes un antiguo miembro del sindicato minero de la UGT, presidente de la Casa del Pueblo de Villaseca de Laciana (León), apodado El Patas, que sería condenado a muerte. Las había entregado a los milicianos para que hicieran con ellas lo que quisieran.

La profesora Sánchez Blanco destaca que, cuando las desenterraron, en enero de 1938, los cuerpos estaban en estado de casi incorruptibilidad (para lo cual pudo haber causas naturales, como las bajas temperaturas invernales de la montaña astur-leonesa), lo que permitió identificar perfectamente a cada una de ellas.

Pilar Gullón Iturriaga, de 25 años, la mayor de cuatro hermanos, era madrileña y miembro de la Hijas de María, de las Conferencias de San Vicente de Paúl y de Acción Católica. Era sobrina-nieta de Pío Gullón Iglesias (18351917), ministro de Alfonso XIII, y fue militante de Acción Popular y Renovación Española, aunque ninguno de estos hechos tuvo que ver con su muerte. Pilar no murió con la primera descarga, y antes de ser rematada perdonó a sus asesinos e imploró para ellos el perdón de Dios.

Octavia Iglesias Blanco, de 41 años, nació en Astorga, era hija única y había vivido siempre con sus padres, por lo que su asesinato fue para ellos particularmente devastador. Era prima de Pilar y, como ella, de las Hijas de María, las Conferencias de San Vicente de Paúl y la Acción Católica, además de catequista. Durante el breve cautiverio se preocupó de los demás, pidiendo agua para los desfallecidos y sirviéndosela, como contó Concha Espina en el escrito que consagró a las tres mártires: Princesas del Martirio.

Olga Pérez-Monteserín Núñez, de 23 años, nació accidentalmente en París, en uno de los viajes profesionales de su padre, el pintor Demetrio Pérez-Monteserín (18761958), natural de Villafranca del Bierzo asentado en la capital maragata. Durante el asalto al hospital, Olga recibió una herida superficial de bala en la cara, sin que ello le apartase de cuidar a los enfermos. El dolor de su padre ante la muerte de su hija se plasmó en su cuadro del Redentor titulado La Santa Faz del más Grande Dolor, pintado en aquellos momentos dramáticos y que quiso firmar con la fecha de la pérdida.

“Con la llegada del Gobierno republicano, las mujeres de Acción Católica se movilizaron en defensa de la religión católica”, explica Laura Sánchez Blanco al introducir el capítulo que dedica a sus mártires. Tras los debates sobre la Constitución, centraron su actividad “en el apostolado religioso, en  la caridad y en la familia católica“, y al comenzar la guerra “desarrollaron una gran labor asistencial, educativa y moral“. Muchas lo pagaron con su vida.

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Fuente:  https://www.religionenlibertad.com/personajes/53974/las-martires-somiedo-tres-jovenes-enfermeras-cruz-roja.html

Carmen García Moyon: la catequista quemada viva

El 30 de enero de 1937 en Torrent (Valencia), quemaron viva a Carmen Marie Anne García Moyon por hablar a favor del matrimonio y por no dejarse violar.

Hay una mártir del 30 de enero de 1937 en España: Carmen Marie Anne García Moyon, llamada “la francesita”, a la que mataron por hablar a favor del matrimonio durante la revolución (española), y en concreto la quemaron por no dejarse violar.

Mártir por defender el matrimonio

Carmen Marie Anne García Moyon, de 48 años, nacida en Nantes de padre español y madre francesa, volvió con su familia a principios del siglo XX a Segorbe (Castellón). En 1918 ingresó en la congregación de las Terciarias Capuchinas, pero no renovó los votos. Desde 1926 vivía en Torrent (Valencia), donde, conocida como la francesita, daba catequesis a los niños en el convento de Monte Sión y puso un taller de costura en su casa. Según el sacerdote Felipe Salvador, “su taller de modista era al mismo tiempo un taller de cristiandad, porque aprovechaba cualquier motivo y cualquier momento para la enseñanza de la religión”. Desde el comienzo de la República, hizo frente, junto con otras mujeres, a los intentos de destruir monumentos religiosos.

Durante la guerra, Carmen García llevó ropa, alimentos y la comunión a los católicos perseguidos, fue testigo, en los tres primeros meses de persecución, del martirio de 20 sacerdotes y religiosos… y siguió impartiendo sus clases de corte y confección en su propia casa.

Aunque el comité local de Torrent había dado orden de no matar mujeres, con ella hicieron la primera excepción. Sucedió que una chica le pidió un vestido de novia para casarse con uno del comité, y la francesita le dijo: “espera un poco a que se aclare esta situación de persecución y te podrás casar por la Iglesia”.

Calle Santa Ana, 35, Torrent (Valencia, España). Lugar donde la Beata tenía su taller de corte y confección, y de donde partió hacia el martirio.

Hicieron falta seis “valientes” para llevársela

El novio informó al comité sobre el comentario y la noche del 30 de enero dos coches esperaban en la puerta de la casa de García Moyon. Se resistió, pero entre seis hombres la metieron en el coche. Fueron a parar al Barranc de les Canyes, no lejos de una casita de camineros, entre viñas y algarrobos. Era la partida del Tollo, todavía en el término municipal de Torrent, en un viñedo a la izquierda del camino que va a parar a Morredondo.. Intentaron violarla, pero se resistió gritando “¡primero me mataréis que abusaréis de mí!”.

La quemaron viva por no dejarse violar

Así que la sacaron del coche, la rociaron de gasolina y le prendieron fuego. Según los testigos, “el espectáculo era dantesco, tanto que incluso les llegó a horrorizar, puesto que era una tea ardiente vagando por el campo. Hasta que se desplomó al suelo. Y así se consumió totalmente”. En el bar de Lluiset, los que la mataron dijeron que, mientras ardía, había gritado varias veces “¡Viva Cristo Rey!”. En el estado 1 que firma para la Causa General (legajo 1386, expediente 2 folio 6), el alcalde en 1940, pone como segundo apellido Mayo y como fecha de muerte el 29, indicando además que la mataron “José Fenoll Garrigues, Antonio García Mares y dos forasteros desconocidos”.

por  SANTIAGO MATA en LA CATEDRAL DE LOS MÁRTIRES.

Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazon y Casa del Libro).

Más casos de matanzas:  http://www.forumlibertas.com/hemeroteca/category/blog/la-catedral-de-los-martires/

La matanza de Granja de Torrehermosa

El 24 de septiembre de 1936, los milicianos del PSOE-PCE entraron en la pequeña localidad de Granja de Torrehermosa (Badajoz), donde asesinaron a tiros, palos y hachazos a 35 varones, 11 mujeres y dos niñas.

Los criminales, después de robar en los domicilios de sus víctimas, se dirigieron al cementerio. Allí abrieron nichos y féretros con la intención de despojar a los muertos de anillos, dientes de oro y cualquier otro pequeño objeto de valor.

Años más tarde, el 27 de mayo de 1987, TVE, bajo control del PSOE, emitió un documental en el que se afirmaba, con todo lujo de detallas y “datos” contrastados, que la matanza había sido obra de las tropas “franquistas”… lo que produjo verdadero estupor entre quienes fueron testigos directos de lo que ocurrió en aquella aciaga jornada.

Al embuste de TVE respondió el diario ABC con un artículo publicado el 31 de mayo del mismo año:

“Los menguados supervivientes de aquella matanza reconocieron, con dolor y estupor, a los suyos. Los que aparecían asesinados por la represión franquista no eran otros que los miembros de una ilustre familia de Granja de Torrehermosa (Badajoz), que fueron brutalmente masacrados en su domicilio por milicianos de Frente Popular el 24 de septiembre de 1936. En la masacre cayeron desde el abuelo, Sebastián de Gala Ortiz, de setenta y ocho años, hasta su nieta de dos años, María de las Nieves de la Gala Durán, y así hasta catorce miembros de la familia, amén de las dos sirvientas de la familia y una hija de la costurera de once años. Los hombres jóvenes de la casa, Francisco, Ernesto y Felipe de la Gala, ya habían sido asesinados semanas antes”. (Cit. por Nicolás Salas, La otra memoria histórica)

Los milicianos se ensañaron especialmente con los miembros de la familia De Gala-Llera, como queda demostrado por las fotografías que se tomaron a los pocos días y el informe forense:

“En el exterior del cementerio de dicho pueblo, y al lado izquierdo de la puerta que le da entrada, se encontraba profusamente hacinado un montón de cadáveres en número de once, de los cuales ocho eran de mujeres de diversas edades, dos de niñas y uno de hombre. El estado de descomposición de tales cadáveres dificultaba extraordinariamente un reconocimiento minucioso y detallado de los mismos. Con toda seguridad la muerte violenta que han sufrido estas víctimas se produjo de cuarenta y ocho a setenta y dos horas antes de hacerse este informe.

La identificación de las víctimas se hizo difícil por la causa antes dicha y no pudo ser completa. Sin embargo, los datos conseguidos son los siguientes:

1-Cadáver de hombre de unos 60 años de edad, herida de hacha en la región parietal izquierda y herida de bala en la región precordial.

2-Cadáver de niña de unos 5 años de edad, herida de hacha u otro instrumento cortante y pesado, en el parietal derecho, fractura completa del cráneo con magullamiento, fractura completa del brazo y antebrazo derecho y extensas contusiones en la región lumbar y dorsal. La muerte fue producida, al parecer, por golpe violento de la víctima contra el suelo o pared, con fractura de la extremidad superior derecha y contusiones, y una vez en el suelo herida en el cráneo.

3-Otro cadáver de niña de unos 9 a 10 años, fractura con magullamiento del cráneo (…) fractura completa del brazo derecho y signos de violación o intentos.

4-Cadáver de una joven de 22 a 26 años, con tremendo golpe entre parietal izquierdo y el occipital, con hundimiento de la bóveda craneana, salida de la masa encefálica e inclusión del pelo dentro del cráneo, balazo en la región maxilar derecha, sin orificio de salida, seguramente producido por bala de plomo de un calibre de 44 a 48.

5-Cadáver de una mujer de unos 58 a 60 años de edad, extensa herida por hacha al lado derecho del cráneo y cara.

6-Cadáver de joven de unos 30 años de edad, con desarticulación completa de la cabeza, contusión extensa en la región frontal izquierda y desgarramiento de la vulva por objeto contundente. En esta víctima hubo posible violación hecha con anterioridad.

7-Cadáver de mujer con extensa herida cortante, posiblemente producida por hacha en la ingle derecha, con rotura del paquete básculo-nervioso y capas musculares, no pudiéndosele hacer una inspección por encontrarse debajo de los otros cadáveres.

8-Cadáver de mujer con extensa herida en la cara interna de la pierna izquierda, producida por hacha, con desgarramiento de todos los tejidos.

9-Cadáver de mujer de unos 24 a 26 años de edad, con magullamiento del cráneo, desarticulación de la cabeza, fractura del brazo derecho, exoftalmia del ojo izquierdo, contusiones en la región genital producidas por una posible violación.

10-Cadáver de mujer con herida extensa por instrumento muy cortante en la región maxilo-parietal-temporal izquierda.

11-Cadáver de mujer que por encontrarse completamente debajo de los demás no pudo ser reconocido”. (Informe forense publicado en La otra memoria histórica, editorial Almuzara).

El PSOE siempre ha estado convencido (y lo sigue estando) de que la mentira es un arma cargada de futuro… y razón no le falta. Sin embargo, sus afiliados en este caso concreto no fueron originales en su vileza de culpar a otros de la matanza de Granja de Torrehermosa, puesto que simplemente siguieron las sabias enseñanzas de Stalin, que de intoxicar con propaganda era un maestro.

Hoy en día, los secuaces del fundador del PSOE siguen mintiendo, sembrando odio, ocultando con ferocidad la verdad histórica y creando mitos tan falsos como fantásticos. Juran por sus interfectos que son demócratas, más incluso que el ferrolano, pero se sublevaron contra la Segunda República en octubre de 1934, lo que ocasionó miles de muertos en Asturias; vociferan su respeto por los homosexuales, pero in illo tempore los reprimieron con dureza y motejaron de ”señorita con piso de soltera” a García Lorca; nos presentan como héroes a ciertos personajes, pero los hechos demuestran que sólo fueron hampones, pistoleros y genocidas; saquearon los bancos, los museos y hasta los montes de piedad para vivir en el exilio como los ricos al terminar la guerra, pero dijeron que lo hacían por amor al proletariado. La izquierda sabe que quien controla el presente también controla el pasado y el futuro. Y en eso ha estado siempre. Y en eso está ahora… envenenando con sus embustes el presente.

Fuente: La Gaceta de Tabarnia

https://elmurodelpuebloespanol.com/memoria-historica-borrada-la-matanza-de-granja-de-torrehermosa/

matanzas de civiles en la Cataluña del genocida Companys 

http://lagacetadetabarnia.blogspot.com/2018/07/las-olvidadas-matanzas-de-civiles-en-la.html 

Antonio Molle Lazo: muerto en defensa de Cristo Rey y de España católica

“Me mataréis, pero Cristo triunfará”. En los años fervorosos de la posguerra fue grande el impacto producido por la muerte martirial de Antonio Molle Lazo. Se editaron centenares de miles de estampas, de folletos, se habló del caso en los periódicos, se recibían cartas pidiendo datos, y otras relatando gracias atribuidas a su intervención… ¿Qué pasó? ¿Quién era Antonio Molle? Vamos a intentar resumir sus principales datos biográficos.

Antonio Molle Lazo nació en Arcos de la Frontera, pintoresco pueblo de la provincia de Cádiz, el 2 de abril de 1915, que coincidía en Viernes Santo. Uno de los rasgos de Antonio, ya desde chico, era que no toleraba que se ofendiera a Dios en su presencia o se faltara a la caridad para con sus compañeros. Dice uno de sus amigos: «Desviaba las conversaciones hábilmente cuando veía que tomaban un sesgo poco conveniente». Se conmovía al oír blasfemar y en varias ocasiones reprendió, con dulzura o con gran energía, tan desgraciado vicio.

Nunca se lo veía ocioso. Cuando tuvo que dejar el colegio se dispuso a trabajar para ayudar a la familia. Entró de meritorio en la estación de Jerez. Allí tuvo que capear el temporal de convivencia con hombres en su mayoría envenenados por doctrinas disolventes. Poco a poco fue ganando las simpatías de las personas honradas. Nunca ocultó sus sentimientos ni creencias, aun a riesgo de verse ridiculizado u odiado. Con presiones y algaradas consiguieron los ferroviarios que sólo pudieran entrar en la Compañía los hijos de los empleados del ferrocarril y Antonio se vio despedido. Pero no se estuvo quieto, y a los pocos días ya figuraba como escribiente en las bodegas de don Pedro Simó. Después estuvo en otras dos, pero casi todas iban cerrando o reduciendo su plantilla y Antonio conoció lo que es buscar trabajo una y otra vez.

Desde muy joven Antonio se sentía «santamente enloquecido por la fiesta de Cristo Rey, instituida por aquel entonces». Con 14 ó 15 años proponía a sus amigos ir a comulgar juntos a San Mateo o alguna otra parroquia del extrarradio. Si le objetaban los insultos y pedradas que se exponían a recibir contestaba tranquilo: «Bueno, ¿y qué? Algo tenemos que sufrir por Cristo, ¿no?». Y practicaron este testimonio que tan buenos resultados dio también en otras ciudades.

QUIEN SIEMBRA VIENTOS…

Durante todo el tiempo de la República fueron tomando incremento las ideas revolucionarias, que proliferaban por su misma malicia, por la cobardía de muchos y por el poco apoyo que tuvieron por parte de la gente de orden aquellos jóvenes que veían la realidad en toda su crudeza y se lanzaban a propagar sus ideales afrontando el peligro de terminar con sus huesos en la cárcel. Y esto le sucedió a Antonio Molle por haber repartido hojas de propaganda.

Ya en la prisión, rompió su gozo interior en himnos al Sagrado Corazón. Se le prohibió cantar y guardó silencio, pero llenó las paredes de versos y estrofas. Lo que más sentía era no poder oír Misa ni comulgar. Rezaba el Rosario, solo o con otros católicos que por serlo iban llenando la cárcel. A un compañero le confesó: «Sufriré los más grandes tormentos antes que apostatar de mi Dios».

Un día vio entrar en la cárcel a su hermano Carlos. Había participado en la defensa del convento de Santo Domingo. Pensando Antonio en el sufrimiento de sus padres, propuso al juez cargar con la condena de los dos. No fue aceptada la propuesta. Después de un mes y medio de estar encarcelado, el 16 de mayo, Antonio fue puesto en libertad. Allí habían ya conocido las más tremendas profanaciones eucarísticas e incluso el ataque contra la imagen de la Patrona de la población, la Virgen de Villadiego, y otros desastres, hasta su iglesia saqueada y reducidas a cenizas sus mejores obras de arte. …

RECOGE TEMPESTADES.

El marxismo provocó el enfrentamiento. Se tenía todo programado para que España fuera comunista. El Alzamiento militar fue el último recurso para evitar este situación. Los tres hermanos Molle, Carlos, nuestro Antonio y Manolete se presentaron voluntarios, con sus 23, 21 y 14 años respectivamente.

RÁFAGAS DE TRAGEDIA.

En Peñaflor, el mismo día 18 de julio, se lanzaron los marxistas a la calle: detenciones, asesinatos, incendios, segunda profanación del hermoso templo parroquial, que quedó convertido en almacén de víveres lo que lo salvó de su total destrucción. Lora del Río y Peñaflor fueron liberadas, pero se temía una nueva toma de aquellos pueblos. Se dispuso que 15 requetés y 14 guardias fueran a guarnecer Peñaflor. Molle estaba entre ellos. La gente de Peñaflor acogió con vítores de júbilo a los soldados que venían a protegerlos. Peñaflor descansaba descuidado, sin pensar que poco podrían hacer una treintena de hombres en caso de un ataque numeroso.

Y una mañana se escuchó el grito de alarma que conmovió a la población. Algunos se fueron al Ayuntamiento y otros subieron a las azoteas de las casas, para desde allí repeler la agresión de varios centenares de marxistas de Palma del Río que se acercaban amenazadores, unos a pie, otros a caballo y algunos en camiones. Se sabe que Antonio estuvo en el convento de las Hermanas de la Cruz, con intención de salvarlo.

Los asaltantes se dividieron en grupos para atacar por varios sitios a la vez. La situación se hacía dificilísima. Molle, en un intento de sumarse al resto de los defensores, fue descubierto. Había terminado las municiones y tenía inutilizado su fusil. Inerme como estaba, sus perseguidores se abalanzaron sobre él, le golpearon con furia y le gritaron: «¡Manos arriba!». Al pasar por la calle, algunas de las mujeres encerradas le vieron, desarmado, con las manos en alto y ferozmente maltratado.

EL SACRIFICIO SUPREMO.

Hay un testigo excepcional, que (sin duda providencialmente) presenció lo que después sucedió. Se trata del jefe de la estación de Peñaflor, don Ángel de las Heras Morón, también fichado por católico «peligroso». Fue atrapado en su casa, donde se había refugiado con su esposa, su hija y cuatro nietecitas.

Y declara este providencial testigo:

«Al cruzar por una ventana que daba vistas a la carretera pude ver que, a la cabeza de un enorme pelotón de marxistas, enfurecidos y dando voces como energúmenos, se destacaba una boina roja, impresionándome bastante por sospechar lo que después pude confirmar. Una vez en el jardincillo, donde me pusieron para fusilarme, los increpé, diciéndoles que sólo eran capaces de matar a hombres viniendo en piaras, pues lo demostraba que un solo requeté había necesitado ser cazado por un pelotón enorme, después de quedarse sin municiones».

Aquellos hombres estaban ebrios de odio y de venganza.

Uno decía:

«Vas a ver la muerte que damos a ese canalla».

Y otro:

«A ese chivatón no lo matamos aquí. Lo vamos a llevar a Palma del Río y allí, despacio, lo vamos a atormentar a nuestro gusto».

Cuando ya estaban apuntando con sus fusiles para acabar con el jefe de la estación, como movidos por un resorte le abandonaron, para unirse al grupo que escarnecía a Antonio Molle. Le rodeaban en siniestro corro en medio de la carretera, enfrente mismo de la estación, y no paraban en sus blasfemias y vituperios. Con intención de acobardarlo, gritaban al rostro de Molle: «¡Muera España! ¡Viva Rusia!». Pero él respondía a cada provocación: «¡Viva España! ¡Viva Cristo Rey!». Las burlas y las blasfemias continuaban. sin poder domeñar el ánimo de aquel joven esforzado. Se les ocurrió entonces la idea de lograr que Antonio apostatara de su fe a fuerza de tormentos. Quisieron obligarle a decir: «¡Viva el comunismo!». Y respondía él con fuerza sobrehumana: «¡Viva Cristo Rey!». Y uno le cortó la oreja. Volvían a insistir en que pronunciara una blasfemia. El mártir, invicto, seguía dando vivas a Cristo Rey y a España. ¿Cómo iba a blasfemar Antonio, él, que tanto horror tenía por las blasfemias? Los verdugos multiplicaban sus ofensas contra aquel joven desarmado que estaba a su merced. Le cortaron la otra oreja, le vaciaron un ojo, le hundieran el otro de un brutal puñetazo, le llevaron parte de la nariz de un tajo feroz. Antonio iba resistiendo con heroica firmeza. Su sangre corría copiosa. Sus dolores debían ser horribles. De vez en cuando se le oía decir: «¡Ay, Dios mío!», y Dios le daba de nuevo valor para resistir aquella cruenta pasión y exclamaba con renovados bríos: «¡Viva Cristo Rey!».

También el doctor Joaquín Suárez, médico de Peñaflor, testificó corroborando lo manifestado por el jefe de la estación. Parecía imposible que un cuerpo tan maltratado, sangrante y mutilado, tuviera arrestos suficientes para seguir dando pruebas de aquella sobrehumana fortaleza.

Al fin uno gritó: «¡Apartarse… que voy a disparar!». Quedó nuestro Antonio solo, todo él empapado en sangre. Comprendió que llegaba su hora gloriosa, la de dar la vida por Dios y por la Patria. Extendió cuanto pudo sus brazos en forma de cruz y gritó con voz clara y potentísima: «¡Viva Cristo Rey!». Sonó la descarga que le abriría las puertas del cielo, y su cuerpo agonizante cayó pesadamente a tierra, con los brazos en cruz. Al ver los sicarios que aún respiraba, quisieron rematarle. Lo impidió uno: «No arrematarle… Dejadlo que sufra…».

Era el 10 de agosto de 1936.

Antonio Molle Lazo es invocado y se atribuyen a su intercesión grandes favores. Sus restos descansan en la iglesia de los PP. Carmelitas Calzados, de Jerez de la Frontera. Su mausoleo está en una capilla presidida por Cristo Rey, Nuestra Señora de las tres Avemarías y la cruz sobre su tumba. 

ORACION: http://www.generalisimofranco.com/noticias/antonio_oracion.htm

 

La mina de Camuñas, un katyn republicano en plena Mancha

Por Juan E. Pflüger

En Camuñas (Toledo) se asesinaba casi a diario. Primero se aprovechó para llevar a los vecinos, considerados como contrarrevolucionarios, de los pueblos del entorno, pero pronto empezaron a llegar camiones conducidos por milicianos de las provincias de alrededor. Se mató durante toda la guerra, a veces venían camiones con gente viva y las fusilaban en la boca del pozo, otras veces los traían ya muertos y los tiraban dentro.

Se fusilaba en la boca de la mina para aprovechar la caída de las víctimas hacia el fondo del pozo, de casi 30 metros de profundidad. Cuando los cuerpos habían caído, evidentemente sin recibir el tiro de gracia que acortase su agonía, en el mejor de los casos se lanzaba una granada al interior, pero la mayoría de las veces se les dejaba morir lentamente. Algunos de los vecinos con los que se puso en contacto La Gaceta aseguraban que por la mañana, cuando los familiares de las víctimas acudían a buscar información, eran frecuentes los gritos y lamentos desde el fondo de la mina.

Finalmente, cuando la guerra tocaba a su fin, los milicianos incendiaron el interior de la mina lanzando gasolina y prendiendo fuego desde arriba. Después arrojaron toneladas de piedras sobre los restos para evitar que fueran descubiertos.

Los estudios y las catas realizadas por el equipo dirigido por Francisco Etxeberría calcularon que en la sima del interior de la mina no habría menos de 350 cuerpos, pero que podrían ser muchos más. Se identificaron 40 cuerpos, y el resto se dejó tal cual estab,a ya que la forma en la que se procedió con el exterminio en la mina de Camuñas dificultaba el trabajo que no recibió ningún tipo de financiación como ocurre con las exhumaciones promovidas por las asociaciones de la memoria histórica. 

 

El bombardeo de Cabra

La localidad cordobesa de Cabra sufrió el ataque aéreo de tres aviones del bando republicano el 7 de noviembre de 1938  que provocó 109 muertos. El municipio se encontraba alejado del frente bélico y sólo contaba con población civil.

Eran Tupolev SB-2 Katiuska, de fabricación soviética, aunque las investigaciones posteriores apuntan que los tripulantes de los tres aparatos eran españoles y no rusos.

Los tres aviones descargaron unas treinta bombas -en total, seis toneladas- a primera hora de la mañana. Según se justificaron después, los servicios de información republicanos creían que en Cabra se encontraba un campamento de tropas italianas que ayudaban a los sublevados de Franco.

Sin embargo, las tiendas sobre las que descargaron las bombas eran tenderetes del mercado en la plaza central de Cabra. En total murieron 109 personas -todos civiles- en este bombardeo sobre población civil.

Los bombardeos sobre población civil

El bombardeo sobre Cabra fue ampliamente difundido por el bando sublevado, que denunció la “cobarde e inhumana agresión” de la “aviación roja”.

Este ataque aéreo fue uno de tantos bombardeos sobre población civil, y no sobre objetivos militares concretos, que ambos bandos de la Guerra Civil ejecutaron durante los tres años de contienda.

El de Guernica (abril de 1937) es el caso más recordado, y que se suele conmemorar por parte de las instituciones públicas. Pero además de este ataque de la aviación italiana, y el de Cabra, hubo muchos más ataques sobre ciudades que castigaron especialmente a la población civil: cometido por los republicanos destacan los cometidos sobre Granada y Oviedo; por los sublevados, Durango, Granollers, Alicante, Valencia, Barcelona, Madrid y otras muchas ciudades, además de la llamada “Desbandá”, cuando la aviación sublevada bombardeó y ametralló a civiles que huían de Málaga por la carretera hacia Almería.

 

Trabajos forzados en la zona republicana

El tren de Negrín

El tren de Negrín fue una vía férrea de 91,3 kilómetros que unía Torrejón de Ardoz con Tarancón, inaugurada el 11 de junio de 1938, y que estuvo activa dos años. Su construcción duró 100 días, y en las obras intervinieron 12.000 personas,  cuyas dos terceras partes eran prisioneros políticos sacados de las cárceles republicanas, muchos de los cuales fueron asesinados cuando ya no eran útiles para el trabajo. Entre los presos destacaban los religiosos y los militares, a los que se obligaba a trabajar en jornadas de doce o catorce horas.

Los presos eran alojados en diversos edificios a lo largo del trazado de la vía férrea. En la capilla de Nuevo Baztán, en la que estuvieron alojados durante varias semanas, se conserva una placa que recuerda la estancia de estos presos que fueron usados como esclavos.

La construcción de este trazado ferroviario, que permitió la entrada de comida y suministros a Madrid, era conocida por el alto mando del ejército de Franco. Éste, decidió no bombardear las obras de construcción porque sabía que la mano de obra que se estaba usando eran prisioneros usados como esclavos por los republicanos.

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