Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

El Terror rojo: genocidio anticristiano

La Segunda República fue un régimen cuya implantación vino acompañada de una persecución religiosa -quema de conventos, expulsión de la Compañía de Jesús, prohibición a los religiosos de dedicarse a la enseñanza, etc.- que al cabo de cinco años llegó tan lejos que acabó desencadenando una guerra. A modo de ejemplo, en sólo dos meses tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, 142 iglesias fueron incendiadas. Esa brutal persecución religiosa prosiguió en toda España hasta la sublevación militar y continuó en la zona dominada por el gobierno del Frente Popular arrojando cifras terribles: fueron asesinados 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos, 13 obispos, 283 religiosas, muchas de éstas, además, violadas, y miles de laicos católicos asesinados por su fe o por su ideología. 

Un caso de GENOCIDIO en toda regla

A los 6.832 religiosos habría que añadir miles de laicos católicos que fueron igualmente asesinados por razón de su fe. La salvaje persecución religiosa perpetrada en el bando rojo durante la Guerra Civil fue la matanza sistemática de un grupo religioso con el claro fin de exterminarlo. “genocidio anticatólico”. La Real Academia Española define genocidio de la siguiente forma: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad.” Así mismo, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional califica como genocidio ciertos actos “perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”, y el primero de los actos de genocidio que cita es el siguiente: “Matanza de miembros del grupo”.

Unos crímenes que derrumban los mitos izquierdistas sobre la República. La Ley de Memoria histórica aprobada por el PSOE es una ley sectaria que pretende reescribir la historia a la medida de los perdedores, y no según los hechos comprobados que muestra la historia. El conocimiento de aquellos crímenes echa por tierra esos mitos y deja al descubierto lo que realmente ocurrió en España: una guerra de liberación contra el comunismo, que si no hubiera sido ganada por el bando nacional, España se habría convertido en la 1ª república soviética de Europa (como pretendía Stalin).

Lo que no se puede aceptar en democracia es que los odios de algunos se impongan a la verdad sobre aquellos crímenes y al merecido reconocimiento de sus víctimas. España no puede seguir sometida a una ley sectaria, cínicamente llamada “de memoria histórica”, que en realidad impone una mentira y una ocultación deliberada de los crímenes cometidos en el bando republicano.

Vamos a citar sólo algunos casos:

Monjas violadas y “toreadas” en Madrid

“Sor Dolores y Sor Concepción lo llevaban en la cintura (un crucifijo), debajo del vestido de seglar y Sor Andrea, la más joven, puesto como collar. Por este detalle fueron reconocidas como “monjas” al bajarse del tranvía cuando llegaron al pueblo de Vallecas para dejar a Sor Concepción en casa de un tío suyo que no quiso recibirlas. Primero las apedrearon, después las condujeron al Ateneo Libertario del pueblo donde fueron acosadas, insultadas y detenidas. Durante varias horas sufrieron provocaciones inmorales por parte de los miembros del tribunal integrado por cinco milicianos republicanos. Seguidamente separaron a las dos más jóvenes de Sor Mª Concepción y las llevaron a una celda de la checa ubicada en el Colegio de las Religiosas Terciarias de la Divina Pastora. Allí, unos milicianos atrevidos y desvergonzados sometieron a Sor Dolores y Sor Andrea al terrible martirio de la violación.

Seguidamente las llevaron a Los Toriles, como si fueran toros de miura. Allí las torearon y arrastraron mofándose de ellas un grupo numeroso de niños, jóvenes y milicianos adultos. Por último acabaron con su vida con un tiro que atravesó el cráneo, a Sor Dolores en el parietal izquierdo y a Sor Andrea en el derecho. A Sor Mª Concepción en lugar de torearla materialmente lo hicieron moralmente con provocaciones obscenas. Al final sufrió el tiro final en el cráneo, junto a la vía del tren en el término llamado del Pozo del Tío Raimundo, no sin antes proferir un grito fuerte como Cristo en la cruz. Como Él puso su vida en las manos del Padre y gritó: “Viva Cristo Rey”. Era el 3 de septiembre de 1936. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Vallecas, pudieron ser reconocidos y rescatados en 1941”. (Hijas de la Caridad)

Fuente: http://lagacetadetabarnia.blogspot.com/2018/07/la-carmelita-apolonia-lizarraga-fue.html

Los milicianos socialistas y comunistas se dedicaron a violar a católicas durante la II República y la Guerra Civil

Lloret de Mar. Tres hermanas de sangre y de orden religiosa. Los milicianos les violaron y luego les dispararon en la vagina para burlarse de su virginidad.

Almudena Grandes es faro que ilumina y orienta a las feministas. Por eso, con motivo de la celebración del Día Internacional de la violencia contra la mujer, se permitió blasfemar contra nuestras monjas martirizadas durante la Guerra Civil con estas palabras, publicadas en El País el 24-XI-2008:«¿Imaginan el goce que sentiría al caer [la monja] en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?».

Está muy documentada la muerte de las 295 monjas mártires. Pues bien, veamos solo unas pocas gestas heroicas y galantes de las que realizaron durante la Guerra Civil los jóvenes milicianos, armados y sudorosos, con los que -¡mmm!- se relame Almudena Grandes.

Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas son hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y las tres han profesado como Misioneras del Corazón de María. Tienen respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonan su convento de Mataró y se refugian en una casa de Riudarenas, pero son detenidas el 25 de septiembre y las trasladan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L’Hostalet, donde había un bosque que estaba a siete kilómetros de la población y allí las desnudan, después las violan y, a continuación, las penetran con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introducen de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, las desgarran del todo sus entrañas y aprietan el gatillo.

En Valencia, los jóvenes milicianos armados y sudorosos, héroes admirados del feminismo militante de la columnista de El País y demás escritoras y políticas progres, dieron un trato parecido a una seglar, Concepción Carrión González, a la que asesinaron junto con dos religiosas de las Carmelitas Calzadas de Valencia, Sor María Josefa Ricart Casabant, natural de Albal (Valencia) y Sor Trinidad Martínez Gil, que había nacido en Soneja (Castellón).

Valencia. De Acción Católica, Concepción Carrión no se dejó sobar los pechos. Entonces, los milicianos se los acribillaron a balazos

Concepción Carrión era una mujer de 35 años, bien parecida, que presidía la agrupación Acción Cívica de la Mujer de La Alcudia. Esta asociación, formada en buena parte por las mujeres de Acción Católica, tuvo una influencia notable en Valencia. Por dar una idea, baste con decir que esta asociación valenciana tenía, en 1932, 150 locales y 50.000 afiliadas. Como esta, también surgieron otras organizaciones semejantes en distintos puntos de España, aunque con nombres diferentes, como fue el caso de Asociación Femenina de Unión Regional de las Derechas de Galicia o Acción Ciudadana de Sevilla, que se unieron a la Confederación Española de Derechas Autónoma (CEDA) de Gil Robles.

El 21 de septiembre de 1936, Concepción Carrión González y las dos religiosas citadas fueron llevadas a Sueca, a un lugar llamado del Caballo. Durante el trayecto, los milicianos intentaron abusar de Concepción, sin conseguirlo. Volvieron a intentarlo cuando la bajaron del coche, y de la frustración que les produjo la negativa le acribillaron los pechos a balazos, porque antes no había permitido que se los sobaran. Y cuando cayó muerta en el suelo, la desnudaron y la clavaron una caña en la vagina.

Carmen García Moyón, es otra seglar, apodada ‘la francesita’ porque su madre procedía del país vecino. Se la incluye a veces entre las monjas martirizadas, porque en 1918 ingresó en el noviciado de las Terciarias Capuchinas de Altura (Castellón). Pocos años después, entiende que no es esa su vocación y abandona el convento. Acaba viviendo en Torrent (Valencia), donde instala un taller de costura. Mujer muy piadosa, en 1934 se une a la rama femenina de la Real Pía Unión de San Antonio. Ella es la que organiza la catequesis de las niñas de Torrent, y cuando estalla la guerra ayuda a los católicos escondidos, a los que lleva comida y la Eucaristía.

Denunciada por una vecina, en enero de 1937 es detenida y llevada a un paraje conocido como Barranc de les Cayes, en Torrent. Al bajarla del coche, los milicianos tratan de abusar de ella, a lo que se resiste y les increpa:

-«Me mataréis, pero no abusaréis de mí».

Con juicio incluido: un tribunal popular se quedó con las dos religiosas más jóvenes de la Congregación… para ellos

En vista de que no pueden cumplir sus propósitos, los verdugos de Carmen García Moyón la rocían con gasolina y la prenden fuego viva. Carmen, durante unos segundos camina por el campo como una tea ardiente, poco después se tambalea y, por fin, se desploma. Ya en suelo, antes de morir, gritó varias veces ¡Viva Cristo Rey!

Cambiemos de región. Las carmelitas descalzas de San José de Guadalajara se ven obligadas a abandonar el convento, y vestidas de seglares, pasan la noche del 23 al 24 de julio de 1936 en los sótanos del Hotel Iberia y en una pensión. El día 24 por la tarde, tres de ellas caminan por la ciudad disimulando como pueden, pero el grito de una mujer que las reconoce las condena a muerte:

-¡Son monjas, disparad contra ellas!

Los milicianos comienzan la cacería y al instante, caen dos de ellas. Una tercera puede huir. Es la hermana Teresa del Niño Jesús, tiene 27 años y natural de Mochales (Guadalajara). Trata de refugiarse en el Hotel Palace, pero se lo impiden unos hombres que están en la puerta. Y en ese momento, se acerca a ella un individuo, que la ofrece su protección y le sugiere dirigirse a las afueras. Pero en el puente de San Antonio se quita la careta, la sujeta con fuerza del brazo y se la lleva a las tapias del cementerio, donde trata de abusar de ella sin conseguirlo. A la agresión se suman otros dos valientes milicianos, y ya entre tres es más fácil manosearla, pero la monja sigue resistiéndose. Frustrada su lujuria, se les desata la ira. Un empleado de la funeraria es testigo de lo que sucede, oye las frases soeces que la dirigen y que la exigen que dé vivas al comunismo, a lo que la hermana Teresa del Niño Jesús responde con un ¡Viva Cristo Rey! Entonces se separan un par de metros de ella, cargan sus armas, ella cae de rodillas con los brazos en cruz y la acribillan a balazos.

Fuente: Hispanidad.com

Los 51 mártires de Barbastro 

La casa de la Comunidad Claretiana de Barbastro fue asaltada por milicianos de la CNT el 20 de julio de 1936. La comunidad estaba formada por 60 personas: 9 sacerdotes, 12 hermanos, y 39 estudiantes. Encerrados en el salón de actos del colegio de los Padres Escolapios, los carceleros buscaban una y otra vez la apostasía de los jóvenes seminaristas. Para ello, introducían prostitutas en el salón para tentarlos. No obtuvieron éxito. Del mismo modo, les tenían prohibido rezar, aunque conseguían sortear la vigilancia para orar en pequeños grupos

Del mismo modo, pudieron mantener la comunión diaria. Un padre escolapio y un cocinero se las ingeniaron para poder introducir las sagradas Formas en el cesto del desayuno.

Mientras esperaban, muchos testimonios fueron tallados en madera, escritos en envoltorios de chocolate, en un pedazo de papel pegado detrás de un calendario, y en una nota sobre un pequeño calendario pegado dentro del bolsillo de una sotana. Perdonaron constantemente a sus captores tanto por escrito como verbalmente. Cantaban salmos en voz alta y repetían frases cortas de alabanza a Dios y a la comunión de los santos, especialmente, “¡Viva Cristo Rey!”.

El beato Salvadore escribió: “Mamá, no llores. Jesús me está pidiendo mi sangre; voy a darla por amor a Él. Seré un mártir. Voy a ir al cielo. Te estaré esperando allí.”

Murieron fusilados los días 12, 13, 15 y 18 de agosto de 1936. El 88% del clero de la diócesis de Barbastro fue asesinado, y los saqueos e incendios afectaron al 100% de sus iglesias.

Asesinato de 23 hermanas Adoratrices en Madrid

El 18 de julio de 1936, La Casa General de las Adoratrices de Madrid fue ametrallada por los milicianos, por lo cual las religiosas alquilaron un piso en la calle Costanilla de los Ángeles, donde empezaron a refugiarse también adoratrices que estaban siendo amenazadas en otras poblaciones, hasta que su número fue de 23 hermanas.

El secreto de la estancia de las hermanas en el piso de Costanilla de los Ángeles duró poco y, en septiembre, era ya un secreto a voces que el inmueble estaba ocupado por monjas. Aun así, no recibieron apenas visitas desagradables hasta que el 9 de noviembre, durante una alarma antiaérea en la que bajaron a la calle para ponerse a resguardo, fueron descubiertas por un grupo de milicianos comunistas cuando salían del portal del edificio.

Una vez terminada la alarma, las hermanas regresaron al piso, donde esperaban media docena de milicianos que las detuvieron inmediatamente para conducirlas a la checa de Fomento, donde fueron torturadas y asesinadas. La mayoría de los cuerpos de las adoratrices fueron encontrados junto a la tapia del cementerio de La Almudena, donde reposan muchas de ellas.

Junto a ellas fueron fusilados muchos de sus protectores.

Fuente: http://lagacetadetabarnia.blogspot.com/2018/07/la-carmelita-apolonia-lizarraga-fue.html

 

Los padres franciscanos de Quintanar

 

El padre Marcos Rincón, refiere en “Testigos de nuestra fe. Mártires franciscanos de Castilla (1931-1939)” que “los ocho franciscanos de la comunidad de Quintanar (los padres Lorenzo Ayala, Marcelino Mariano Camuñas -único natural de Quintanar-, Ángel Gallego, Arecio Cidad y Raimundo Mur; Fray Regino Cortés, y los hermanos José Herrera y Leocadio Polo) estaban en la localidad cuando empezó la guerra civil española… Acudieron al alcalde. Este les prometió protegerles; de niño había sido alumno de los franciscanos, después había fundado el partido comunista en el pueblo. Confiados en su promesa, siguieron ellos en el convento. Y lo que llegó fue la sorpresa”

El 21 de julio de 1936, les fue comunicada la orden de detención de parte del alcalde, orden que fue ejecutada por la tarde. Veinte milicianos y veinte milicianas los ataron con cordeles, de dos en dos, y los sacaron del convento. Todos los franciscanos iban con hábito. Entre burlas, los llevaron a la iglesia parroquial, convertida en prisión. Allí, les recluyeron en la capilla de la Virgen de los Dolores. Personas de la Orden Franciscana Seglar les llevaban de comer, pero no siempre se lo daban los milicianos. Estos blasfemaban delante de los religiosos, les insultaban y se burlaban de ellos, que lo soportaban en silencio. Como otros presos, los franciscanos también fueron maltratados. Vivían en silencio y oración, preparándose al martirio.

Ocho fueron los franciscanos del convento de Quintanar que sufrieron el martirio. Por otra parte, los sacerdotes seculares, que pertenecían a la diócesis de Cuenca y que sufrieron el martirio fueron siete.

El padre Marcos Rincón, prosigue relatándonos en “Testigos de nuestra fe. Mártires franciscanos de Castilla (1931-1939)” que “los carceleros daban palizas a todos los presos. Como consecuencia de ellas, algunos perdieron el juicio, otros la vida. Los franciscanos no se libraron de ese tormento. Una noche, todos fueron golpeados y maltratados en la sacristía… La noche del 25 de julio los milicianos mataron a un seglar en la sacristía; luego hubo un tiroteo entre los carceleros y otros izquierdistas que entraron en la iglesia. En ella, delante de los demás presos, mataron a dos sacerdotes esa misma noche”.

Sebastián Cirac lo cuenta así en su Martirologio: “En la noche del 25 de julio a don Alberto Morales Garay, coadjutor de la parroquia, después de tormentos indecibles, diez milicianos le hicieron una descarga; antes de morir pudo todavía gritar: ¡Viva Cristo Rey!…

Acostado cerca de este sacerdote estaba don Juan Dupuy Porras, capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, al oír la descarga que causó la muerte de don Alberto se incorporó para darle la absolución, por lo cual uno de los criminales le disparó un tiro de escopeta en la sien, muriendo en el acto. Murió como había vivido, cumpliendo su ministerio sacerdotal y dando ejemplo de fe y de piedad.

“A la mañana siguiente, obligaron a los franciscanos a algo que tuvo que ser para ellos sobrecogedor, doloroso y fortalecedor a un tiempo: fregar la sangre del suelo con los manteos de los sacerdotes asesinados; era limpiar con sus manos la sangre de esos mártires y empapar con ella sus propios hábitos. Se divulgó por el pueblo lo sucedido esa noche. Los rojos hicieron entonces correr la voz de que los presos se habían sublevado y determinaron matar a nueve de ellos antes que amaneciese. A la una de la madrugada sacaron de la iglesia a siete seglares, al P. Ayala y al Hno. Polo. Éstos salieron vestidos de hábito”. Era el domingo, 26 de julio y los fusilaron a 1km del pueblo.

El Terror rojo: genocidio anticristiano

 

El Terror rojo: genocidio anticristiano

 

La Segunda República fue un régimen cuya implantación vino acompañada de una persecución religiosa -quema de conventos, expulsión de la Compañía de Jesús, prohibición a los religiosos de dedicarse a la enseñanza, etc.- que al cabo de cinco años llegó tan lejos que acabó desencadenando una guerra. A modo de ejemplo, en sólo dos meses tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, 142 iglesias fueron incendiadas. Esa brutal persecución religiosa prosiguió en toda España hasta la sublevación militar y continuó en la zona dominada por el gobierno del Frente Popular arrojando cifras terribles: fueron asesinados 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos, 13 obispos, 283 religiosas, muchas de éstas, además, violadas, y miles de laicos católicos asesinados por su fe o por su ideología. 

Un caso de GENOCIDIO en toda regla

A los 6.832 religiosos habría que añadir miles de laicos católicos que fueron igualmente asesinados por razón de su fe. La salvaje persecución religiosa perpetrada en el bando rojo durante la Guerra Civil fue la matanza sistemática de un grupo religioso con el claro fin de exterminarlo. “genocidio anticatólico”. La Real Academia Española define genocidio de la siguiente forma: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad.” Así mismo, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional califica como genocidio ciertos actos “perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”, y el primero de los actos de genocidio que cita es el siguiente: “Matanza de miembros del grupo”.

Unos crímenes que derrumban los mitos izquierdistas sobre la República. La Ley de Memoria histórica aprobada por el PSOE es una ley sectaria que pretende reescribir la historia a la medida de los perdedores, y no según los hechos comprobados que muestra la historia. El conocimiento de aquellos crímenes echa por tierra esos mitos y deja al descubierto lo que realmente ocurrió en España: una guerra de liberación contra el comunismo, que si no hubiera sido ganada por el bando nacional, España se habría convertido en la 1ª república soviética de Europa (como pretendía Stalin).

Lo que no se puede aceptar en democracia es que los odios de algunos se impongan a la verdad sobre aquellos crímenes y al merecido reconocimiento de sus víctimas. España no puede seguir sometida a una ley sectaria, cínicamente llamada “de memoria histórica”, que en realidad impone una mentira y una ocultación deliberada de los crímenes cometidos en el bando republicano.

Vamos a citar sólo algunos casos:

Monjas violadas y “toreadas” en Madrid

“Sor Dolores y Sor Concepción lo llevaban en la cintura (un crucifijo), debajo del vestido de seglar y Sor Andrea, la más joven, puesto como collar. Por este detalle fueron reconocidas como “monjas” al bajarse del tranvía cuando llegaron al pueblo de Vallecas para dejar a Sor Concepción en casa de un tío suyo que no quiso recibirlas. Primero las apedrearon, después las condujeron al Ateneo Libertario del pueblo donde fueron acosadas, insultadas y detenidas. Durante varias horas sufrieron provocaciones inmorales por parte de los miembros del tribunal integrado por cinco milicianos republicanos. Seguidamente separaron a las dos más jóvenes de Sor Mª Concepción y las llevaron a una celda de la checa ubicada en el Colegio de las Religiosas Terciarias de la Divina Pastora. Allí, unos milicianos atrevidos y desvergonzados sometieron a Sor Dolores y Sor Andrea al terrible martirio de la violación.

Seguidamente las llevaron a Los Toriles, como si fueran toros de miura. Allí las torearon y arrastraron mofándose de ellas un grupo numeroso de niños, jóvenes y milicianos adultos. Por último acabaron con su vida con un tiro que atravesó el cráneo, a Sor Dolores en el parietal izquierdo y a Sor Andrea en el derecho. A Sor Mª Concepción en lugar de torearla materialmente lo hicieron moralmente con provocaciones obscenas. Al final sufrió el tiro final en el cráneo, junto a la vía del tren en el término llamado del Pozo del Tío Raimundo, no sin antes proferir un grito fuerte como Cristo en la cruz. Como Él puso su vida en las manos del Padre y gritó: “Viva Cristo Rey”. Era el 3 de septiembre de 1936. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Vallecas, pudieron ser reconocidos y rescatados en 1941”. (Hijas de la Caridad)

Fuente: http://lagacetadetabarnia.blogspot.com/2018/07/la-carmelita-apolonia-lizarraga-fue.html

Los milicianos socialistas y comunistas se dedicaron a violar a católicas durante la II República y la Guerra Civil

Lloret de Mar. Tres hermanas de sangre y de orden religiosa. Los milicianos les violaron y luego les dispararon en la vagina para burlarse de su virginidad.

Almudena Grandes es faro que ilumina y orienta a las feministas. Por eso, con motivo de la celebración del Día Internacional de la violencia contra la mujer, se permitió blasfemar contra nuestras monjas martirizadas durante la Guerra Civil con estas palabras, publicadas en El País el 24-XI-2008:«¿Imaginan el goce que sentiría al caer [la monja] en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?».

Está muy documentada la muerte de las 295 monjas mártires. Pues bien, veamos solo unas pocas gestas heroicas y galantes de las que realizaron durante la Guerra Civil los jóvenes milicianos, armados y sudorosos, con los que -¡mmm!- se relame Almudena Grandes.

Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas son hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y las tres han profesado como Misioneras del Corazón de María. Tienen respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonan su convento de Mataró y se refugian en una casa de Riudarenas, pero son detenidas el 25 de septiembre y las trasladan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L’Hostalet, donde había un bosque que estaba a siete kilómetros de la población y allí las desnudan, después las violan y, a continuación, las penetran con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introducen de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, las desgarran del todo sus entrañas y aprietan el gatillo.

En Valencia, los jóvenes milicianos armados y sudorosos, héroes admirados del feminismo militante de la columnista de El País y demás escritoras y políticas progres, dieron un trato parecido a una seglar, Concepción Carrión González, a la que asesinaron junto con dos religiosas de las Carmelitas Calzadas de Valencia, Sor María Josefa Ricart Casabant, natural de Albal (Valencia) y Sor Trinidad Martínez Gil, que había nacido en Soneja (Castellón).

Valencia. De Acción Católica, Concepción Carrión no se dejó sobar los pechos. Entonces, los milicianos se los acribillaron a balazos

Concepción Carrión era una mujer de 35 años, bien parecida, que presidía la agrupación Acción Cívica de la Mujer de La Alcudia. Esta asociación, formada en buena parte por las mujeres de Acción Católica, tuvo una influencia notable en Valencia. Por dar una idea, baste con decir que esta asociación valenciana tenía, en 1932, 150 locales y 50.000 afiliadas. Como esta, también surgieron otras organizaciones semejantes en distintos puntos de España, aunque con nombres diferentes, como fue el caso de Asociación Femenina de Unión Regional de las Derechas de Galicia o Acción Ciudadana de Sevilla, que se unieron a la Confederación Española de Derechas Autónoma (CEDA) de Gil Robles.

El 21 de septiembre de 1936, Concepción Carrión González y las dos religiosas citadas fueron llevadas a Sueca, a un lugar llamado del Caballo. Durante el trayecto, los milicianos intentaron abusar de Concepción, sin conseguirlo. Volvieron a intentarlo cuando la bajaron del coche, y de la frustración que les produjo la negativa le acribillaron los pechos a balazos, porque antes no había permitido que se los sobaran. Y cuando cayó muerta en el suelo, la desnudaron y la clavaron una caña en la vagina.

Carmen García Moyón, es otra seglar, apodada ‘la francesita’ porque su madre procedía del país vecino. Se la incluye a veces entre las monjas martirizadas, porque en 1918 ingresó en el noviciado de las Terciarias Capuchinas de Altura (Castellón). Pocos años después, entiende que no es esa su vocación y abandona el convento. Acaba viviendo en Torrent (Valencia), donde instala un taller de costura. Mujer muy piadosa, en 1934 se une a la rama femenina de la Real Pía Unión de San Antonio. Ella es la que organiza la catequesis de las niñas de Torrent, y cuando estalla la guerra ayuda a los católicos escondidos, a los que lleva comida y la Eucaristía.

Denunciada por una vecina, en enero de 1937 es detenida y llevada a un paraje conocido como Barranc de les Cayes, en Torrent. Al bajarla del coche, los milicianos tratan de abusar de ella, a lo que se resiste y les increpa:

-«Me mataréis, pero no abusaréis de mí».

Con juicio incluido: un tribunal popular se quedó con las dos religiosas más jóvenes de la Congregación… para ellos

En vista de que no pueden cumplir sus propósitos, los verdugos de Carmen García Moyón la rocían con gasolina y la prenden fuego viva. Carmen, durante unos segundos camina por el campo como una tea ardiente, poco después se tambalea y, por fin, se desploma. Ya en suelo, antes de morir, gritó varias veces ¡Viva Cristo Rey!

Cambiemos de región. Las carmelitas descalzas de San José de Guadalajara se ven obligadas a abandonar el convento, y vestidas de seglares, pasan la noche del 23 al 24 de julio de 1936 en los sótanos del Hotel Iberia y en una pensión. El día 24 por la tarde, tres de ellas caminan por la ciudad disimulando como pueden, pero el grito de una mujer que las reconoce las condena a muerte:

-¡Son monjas, disparad contra ellas!

Los milicianos comienzan la cacería y al instante, caen dos de ellas. Una tercera puede huir. Es la hermana Teresa del Niño Jesús, tiene 27 años y natural de Mochales (Guadalajara). Trata de refugiarse en el Hotel Palace, pero se lo impiden unos hombres que están en la puerta. Y en ese momento, se acerca a ella un individuo, que la ofrece su protección y le sugiere dirigirse a las afueras. Pero en el puente de San Antonio se quita la careta, la sujeta con fuerza del brazo y se la lleva a las tapias del cementerio, donde trata de abusar de ella sin conseguirlo. A la agresión se suman otros dos valientes milicianos, y ya entre tres es más fácil manosearla, pero la monja sigue resistiéndose. Frustrada su lujuria, se les desata la ira. Un empleado de la funeraria es testigo de lo que sucede, oye las frases soeces que la dirigen y que la exigen que dé vivas al comunismo, a lo que la hermana Teresa del Niño Jesús responde con un ¡Viva Cristo Rey! Entonces se separan un par de metros de ella, cargan sus armas, ella cae de rodillas con los brazos en cruz y la acribillan a balazos.

Fuente: Hispanidad.com

Los 51 mártires de Barbastro 

La casa de la Comunidad Claretiana de Barbastro fue asaltada por milicianos de la CNT el 20 de julio de 1936. La comunidad estaba formada por 60 personas: 9 sacerdotes, 12 hermanos, y 39 estudiantes. Encerrados en el salón de actos del colegio de los Padres Escolapios, los carceleros buscaban una y otra vez la apostasía de los jóvenes seminaristas. Para ello, introducían prostitutas en el salón para tentarlos. No obtuvieron éxito. Del mismo modo, les tenían prohibido rezar, aunque conseguían sortear la vigilancia para orar en pequeños grupos

Del mismo modo, pudieron mantener la comunión diaria. Un padre escolapio y un cocinero se las ingeniaron para poder introducir las sagradas Formas en el cesto del desayuno.

Mientras esperaban, muchos testimonios fueron tallados en madera, escritos en envoltorios de chocolate, en un pedazo de papel pegado detrás de un calendario, y en una nota sobre un pequeño calendario pegado dentro del bolsillo de una sotana. Perdonaron constantemente a sus captores tanto por escrito como verbalmente. Cantaban salmos en voz alta y repetían frases cortas de alabanza a Dios y a la comunión de los santos, especialmente, “¡Viva Cristo Rey!”.

El beato Salvadore escribió: “Mamá, no llores. Jesús me está pidiendo mi sangre; voy a darla por amor a Él. Seré un mártir. Voy a ir al cielo. Te estaré esperando allí.”

Murieron fusilados los días 12, 13, 15 y 18 de agosto de 1936. El 88% del clero de la diócesis de Barbastro fue asesinado, y los saqueos e incendios afectaron al 100% de sus iglesias.

Asesinato de 23 hermanas Adoratrices en Madrid

El 18 de julio de 1936, La Casa General de las Adoratrices de Madrid fue ametrallada por los milicianos, por lo cual las religiosas alquilaron un piso en la calle Costanilla de los Ángeles, donde empezaron a refugiarse también adoratrices que estaban siendo amenazadas en otras poblaciones, hasta que su número fue de 23 hermanas.

El secreto de la estancia de las hermanas en el piso de Costanilla de los Ángeles duró poco y, en septiembre, era ya un secreto a voces que el inmueble estaba ocupado por monjas. Aun así, no recibieron apenas visitas desagradables hasta que el 9 de noviembre, durante una alarma antiaérea en la que bajaron a la calle para ponerse a resguardo, fueron descubiertas por un grupo de milicianos comunistas cuando salían del portal del edificio.

Una vez terminada la alarma, las hermanas regresaron al piso, donde esperaban media docena de milicianos que las detuvieron inmediatamente para conducirlas a la checa de Fomento, donde fueron torturadas y asesinadas. La mayoría de los cuerpos de las adoratrices fueron encontrados junto a la tapia del cementerio de La Almudena, donde reposan muchas de ellas.

Junto a ellas fueron fusilados muchos de sus protectores.

Fuente: http://lagacetadetabarnia.blogspot.com/2018/07/la-carmelita-apolonia-lizarraga-fue.html

 

Los padres franciscanos de Quintanar

 

El padre Marcos Rincón, refiere en “Testigos de nuestra fe. Mártires franciscanos de Castilla (1931-1939)” que “los ocho franciscanos de la comunidad de Quintanar (los padres Lorenzo Ayala, Marcelino Mariano Camuñas -único natural de Quintanar-, Ángel Gallego, Arecio Cidad y Raimundo Mur; Fray Regino Cortés, y los hermanos José Herrera y Leocadio Polo) estaban en la localidad cuando empezó la guerra civil española… Acudieron al alcalde. Este les prometió protegerles; de niño había sido alumno de los franciscanos, después había fundado el partido comunista en el pueblo. Confiados en su promesa, siguieron ellos en el convento. Y lo que llegó fue la sorpresa”

El 21 de julio de 1936, les fue comunicada la orden de detención de parte del alcalde, orden que fue ejecutada por la tarde. Veinte milicianos y veinte milicianas los ataron con cordeles, de dos en dos, y los sacaron del convento. Todos los franciscanos iban con hábito. Entre burlas, los llevaron a la iglesia parroquial, convertida en prisión. Allí, les recluyeron en la capilla de la Virgen de los Dolores. Personas de la Orden Franciscana Seglar les llevaban de comer, pero no siempre se lo daban los milicianos. Estos blasfemaban delante de los religiosos, les insultaban y se burlaban de ellos, que lo soportaban en silencio. Como otros presos, los franciscanos también fueron maltratados. Vivían en silencio y oración, preparándose al martirio.

Ocho fueron los franciscanos del convento de Quintanar que sufrieron el martirio. Por otra parte, los sacerdotes seculares, que pertenecían a la diócesis de Cuenca y que sufrieron el martirio fueron siete.

El padre Marcos Rincón, prosigue relatándonos en “Testigos de nuestra fe. Mártires franciscanos de Castilla (1931-1939)” que “los carceleros daban palizas a todos los presos. Como consecuencia de ellas, algunos perdieron el juicio, otros la vida. Los franciscanos no se libraron de ese tormento. Una noche, todos fueron golpeados y maltratados en la sacristía… La noche del 25 de julio los milicianos mataron a un seglar en la sacristía; luego hubo un tiroteo entre los carceleros y otros izquierdistas que entraron en la iglesia. En ella, delante de los demás presos, mataron a dos sacerdotes esa misma noche”.

Sebastián Cirac lo cuenta así en su Martirologio: “En la noche del 25 de julio a don Alberto Morales Garay, coadjutor de la parroquia, después de tormentos indecibles, diez milicianos le hicieron una descarga; antes de morir pudo todavía gritar: ¡Viva Cristo Rey!…

Acostado cerca de este sacerdote estaba don Juan Dupuy Porras, capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, al oír la descarga que causó la muerte de don Alberto se incorporó para darle la absolución, por lo cual uno de los criminales le disparó un tiro de escopeta en la sien, muriendo en el acto. Murió como había vivido, cumpliendo su ministerio sacerdotal y dando ejemplo de fe y de piedad.

“A la mañana siguiente, obligaron a los franciscanos a algo que tuvo que ser para ellos sobrecogedor, doloroso y fortalecedor a un tiempo: fregar la sangre del suelo con los manteos de los sacerdotes asesinados; era limpiar con sus manos la sangre de esos mártires y empapar con ella sus propios hábitos. Se divulgó por el pueblo lo sucedido esa noche. Los rojos hicieron entonces correr la voz de que los presos se habían sublevado y determinaron matar a nueve de ellos antes que amaneciese. A la una de la madrugada sacaron de la iglesia a siete seglares, al P. Ayala y al Hno. Polo. Éstos salieron vestidos de hábito”. Era el domingo, 26 de julio y los fusilaron a 1km del pueblo.

 

Comparte