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La democracia orgánica en el franquismo

El régimen franquista se definió como “democracia orgánica”. En ella los votos no iban a los partidos, tildados de montajes “artificiales”, sino que se ejercía a través de los organismos “naturales” como la familia (donde se nace), el municipio (donde se vive) o el sindicato (donde se trabaja), o las corporaciones profesionales y culturales.

Pío Moa, excomunista e historiador

El sindicato vertical agrupaba a obreros y empresarios, y en los municipios se elegían los concejales, pero el alcalde, SIN SUELDO (los alcaldes no cobraban porque la política era un servicio público) era designado desde el gobierno. La institución superior de las Cortes, con 556 “procuradores” sin sueldo,  se componía de representantes de los tres “tercios”;  sindicatos, municipios y familias (este, desde 1967), más presidentes de los consejos supremos de Justicia y Economía, rectores de universidad, representantes de las Reales Academias y del CSIC, de colegios de abogados, médicos e ingenieros,  arquitectos, agentes de Bolsa, científicos, etc., más personas distinguidas en los ámbitos militar, eclesiástico o administrativo y “los cuarenta de Ayete” designados directamente por Franco. Como puede observarse, se trataba de combinar la elección desde abajo con la presencia de personas a las que, por sus tareas culturales o administrativas, se les atribuía una visión más amplia de los intereses generales. El principio electivo, que podía dar el poder a oligarquías demagógicas, se contrapesaba con lo que podía llamarse una “oligarquía natural” meritocrática, menos dada, se esperaba, a veleidades populacheras.

En teoría, el voto orgánico, al ejercerse en ámbitos conocidos por las personas, por estar integradas en ellos, tenía ventajas sobre el voto inorgánico demoliberal, ejercido por masas anónimas de individuos aislados que eligen a personas y aparatos de poder de los que saben muy poco y a menudo erróneo. Hannah Arendt, en su estudio sobre el totalitarismo, achaca a la democracia liberal la producción de individuos desarraigados a partir de la propia concepción de los Derechos del Hombre, fundados supuestamente en la misma naturaleza humana. Con ellos, el individuo quedaba único dueño de sí mismo y árbitro de su conducta frente a la religión, la historia y la costumbre, contrarias supuestamente a “la naturaleza”. Pero esos derechos serían abstractos y sin garantía real, pues el estado, que debe asegurarlos, tiende también a vulnerarlos. Además, los individuos quedan así atomizados y aislados, manipulables y por ello propensos a seguir a demagogos fuertes y seguros que prometen paraísos totalitarios. Ortega, en La rebelión de las masas, hace una fuerte crítica del mismo tipo de individuo, el “hombre masa” “vaciado de su propia historia”, “falto de un “dentro”, de intimidad y vida personal”, que “tiene solo apetitos, cree que tiene solo derechos y no cree que tiene obligaciones” y víctima probable de cualquier demagogia.

Contra una opinión corriente, la idea de democracia orgánica tiene carácter más bien izquierdista. En España parte de la Institución Libre de Enseñanza, inspirada en el filósofo alemán Karl Krause; uno de sus promotores fue el intelectual socialista Fernando de los Ríos, miembro de la ILE. Teorizador destacado fue también Salvador de Madariaga, que en su obra Anarquía o jerarquía, quiere salvar el liberalismo a costa de la democracia. Según él, el sufragio universal movilizaba a masas ignorantes de la política y en el fondo desinteresadas de ella, lo que las inclinaba a seguir a dictadores. Votaban, además a pequeñas listas de personas seleccionadas secretamente por la “gente parcial e irresponsable” de los partidos: “Todos sabemos a qué descrédito ha llevado este sistema a los Parlamentos”. Por ello proponía limitar el voto a quienes demostrasen interés político, por ejemplo mediante “servicio voluntario a alguna institución pública de enseñanza o de beneficencia”. Sin embargo su voto sería solo municipal. Luego, los concejales elegirían a los diputados regionales, estos al Parlamento y este, en fin, al gobierno, con lo cual se impondría una jerarquía de los mejores o más expertos. Habría además un Consejo Económico Nacional. A su juicio, “El modo de regir un país para su máximo rendimiento en orden, salud física y mental y prosperidad  se va haciendo cada vez materia menos opinable y más cognoscible por el estudio y la reflexión”, una idea que recogerá Fernández de la Mora y conducente a alguna forma de tecnocracia. Ya hemos visto también que comunistas y nazis partían de concepciones no alejadas en la forma, aunque sí en el contenido: con ellos la política pasaba a convertirse en ciencia, que eliminaba cualquier oposición o división de opiniones. Aunque conocemos los frutos de tales concepciones, el problema teórico del contraste entre la minoría más o menos sapiente y la masa más o menos ignorante,  es real y permanente.

La democracia orgánica tiene sin embargo varias dificultades, porque el poder queda dividido en dos estratos, uno limitado al nivel sindical y municipal, que difícilmente puede tratar  los intereses generales  de la nación, y otro superior para el conjunto nacional, que en realidad queda autónomo y de casi imposible control para los ciudadanos.  Por otra parte no impide conflictos internos a todos los niveles, como observaba el sociólogo J. J. Linz.  Este tipo de democracia permitiría en principio  una mayor efectividad  en cuanto a logros prácticos  para la sociedad, evitando las querellas y obstrucciones de partido, pero al mismo tiempo, y por ello mismo, debería restringir, incluso drásticamente, las libertades políticas, a fin de impedir las oposiciones juzgadas perturbadoras. Finalmente la oligarquía o élite más especializada en la política sería la que decidiera qué corporaciones tendrían derecho a representación, sobre todo cuando intentasen crearse algunas nuevas de acuerdo con la evolución espontánea de la sociedad.

La democracia orgánica franquista, pues, aspiraba a armonizar las dos fuerzas: la de la masa mayormente ignorante, excepto de sus intereses más particulares (municipales, familiares o sindicales), pero afectada por el poder y con algo que decir sobre él; y la minoría mucho más experta y con más amplia visión, pero inclinada a la demagogia por la necesidad de ganar los votos de los insipientes. El problema es real y nunca resuelto del todo en ningún sistema.

Definiendo la esencia de la democracia como consentimiento popular, es obvio que el franquismo dispuso de un consentimiento muy mayoritario hasta el final, pero es más dudoso que el mismo brotara a través de la democracia orgánica. Probablemente había tres fuentes de tal consentimiento: el prestigio y la adhesión a Franco (la misma oposición le mostraba un respeto supersticioso, dando por sentado que nunca conseguiría derrocarle ni cambiar nada esencial mientras viviera); la sensación de que el régimen representaba efectivamente la unidad nacional frente a injerencias externas o presiones balcanizantes; y el hecho real de la reconstrucción del país en su primera etapa y el extraordinario desarrollo económico en la segunda. Había un elemento más, negativo: el recuerdo de la república y el Frente Popular, disuasorio para la gran mayoría. Porque los mecanismos prácticos de democracia orgánica nunca despertaron demasiado interés en la población.

Fuente: http://www.piomoa.es/?p=4253

En la España de Franco SÍ se votaba 

Los españoles fueron convocados a las urnas por Franco en 1966 para ratificar la nueva Ley Orgánica del Estado o Constitución, por la que España se convertiría en una Democracia Orgánica. La respuesta del Pueblo española fue clamorosa, como nunca se ha visto en Democracia. La Constitución de Franco OBTUVO  EL APOYO DEL 82% DEL CENSO ESPAÑOL, con un índice de participación del 88,8%. Los resultados fueron:

– 95,9% de votos afirmativos

– 1,79% de votos negativos

Ver más…

Franco y la democracia orgánica

“Para nosotros tiene más importancia lo que acentúa el valor de la personalidad humana, la plena valoración del individuo, que la democracia formalista y gárrula que lo explota. A esa democracia convencional nosotros oponemos una democracia católica y orgánica que dignifica y eleva al hombre, garantizándole sus derechos individuales y colectivos, que no admite su explotación por medio del cacicazgo y de los partidos políticos profesionales, sino que les abre cauce libre a través de las Hermandades, Sindicatos, Corporaciones u organismos provinciales y locales, en los que discurre su vida y en los que tiene pleno conocimiento.”
(14-V-1946: Cortes españolas.)

“Nosotros hemos venido a redimiros de una mala política, de una torpe explotación política; pero ¿qué existía en realidad de política de España? ¿Qué contenía toda aquella política? Una cáscara artificiosa con nombre de partidos, una explotación a través de los caciques de intereses y necesidades; pero en el fondo, una honda lucha de clases, una división de España, el enfrentamiento de cuantos estaban llamados a colaborar. Es decir, que bajo la aparente organización política de partidos había otra organización: la de los intereses económicos frente a los sociales, una lucha civil por encima de los intereses superiores de la Patria y de los ideales, que llenaba a España de odios capitaneados por el capitalismo por un lado y los explotadores del proletario por el otro.”
(12-V-1951: Madrid.- IV Asamblea de Hermandades.)

“Frente a esta falsa democracia, anuladora del individuo, oponemos nosotros una democracia orgánica. Abominamos de los partidos políticos, porque habían reducido a España a su más simple expresión tras un siglo de luchas cruentas de unos contra otros. Para nosotros, la existencia de la Patria no puede ser sacada a discusión de hombres; hay cosas que están por encima de los derechos de los hombres. La fe de un pueblo y la existencia de la nación, son patrimonio inalienable que recibimos de nuestros mayores y que hemos de entregar a nuestros hijos y sucesores, si es posible aumentadas y engrandecidas. Aquella división artificiosa de derechas e izquierdas, nacida al calor del régimen liberal que nos trajo la independencia, forzosamente había de conducirnos a la ruina, como vivíamos antes del Movimiento Nacional: escindidos los pueblos, peleadas las ciudades, españoles contra españoles, menospreciadas las esencias de la Patria, paralizado el trabajo, atropelladas las conciencias, detenido el progreso, sin la menor mejoría del bien común, objeto de toda política honrada.”
(4-XII-1952: Pamplona.)

Pensamiento político de Franco

Fuente: Fundación March

FRANCO SOBRE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

La Fe y la Tradición que evocaba Franco NO eran conciliables con la podredumbre de los partidos políticos ni de los constitucionalismos, manejados siempre por la masonería y los poderes ocultos de enemigos de España.

Franco en Navarra en 1952 reiteraba el mal que los partidos políticos han hecho siempre a España, y nos decía:

“Nosotros no tenemos partido. Nosotros somos un Movimiento; como el Tradicionalismo y la Falange no quisieron nunca ser partido. Aunque para la lucha aparecieron como tales, somos un Movimiento que hemos cogido de todos los españoles y de nuestras tradiciones aquello que nos es común, aquello que nos une y NO lo que nos divide.

Y en el mismo discurso evocaba a Vázquez de Mella, a Donoso Cortés, a Balmes, “pensadores del siglo XIX”, en la reivindicación de la vitalidad fecunda e inagotable que tiene la Tradición, sin las caricaturas de las momias de la democracia, incapaces de hacer otra cosa que VOLVER A LAS ANDADAS DE LOS QUE LLEVARON A ESPAÑA A LA CATASTROFE.
Continuaba Franco:
“NO DEJEIS jamás introducirse a los caciques, a la masonería, a las fuerzas del mal.”

Franco JAMAS imaginó que la monarquía que él fundaría, como fruto maduro de la Cruzada, la Monarquía del 18 de Julio (no la juancarlista traidora), pudiera convertirse en trampolín para VOLVER a la DECADENCIA de los partidos políticos: tal democracia “engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país; divide y enfrenta a sus ciudadanos; inevitablemente alimenta los gérmenes que mas tarde o más temprano desencadenan la lucha de clases; que disgrega la unidad nacional en facciones beligerantes; que en vez de constituir un sistema de frenos morales y de auxiliares colaboradores del gobierno, alimentan la posibilidad de socavar impunemente el principio de autoridad y el orden social.
Franco conocía muy bien la MENTIRA de los que sustentan que los partidos políticos son representantes de los intereses particulares.

Así declaró al diario mejicano “Excelsior” el 1-V-1959:

“Se confunde fuera de España la política nacional de unidad con la que llaman de partido único.
Si la política de partidos llevó a España en el siglo XIX a tres guerras civiles, y al estado gravísimo de la II República, es natural que busquemos sus soluciones políticas por otros cauces FUERA de lo ARTIFICIOSO de los PARTIDOS, que nosotros hemos conducido por el camino TRADICIONAL de las ORGANIZACIONES NATURALES de la FAMILIA, el MUNICIPIO y el SINDICATO.. Sin apenas medios hemos hecho resurgir la nación..y hemos elevado su nivel de vida.. Como Vd comprenderá, nos va demasiado bien para pensar en un suicidio colectivo.”

Por otra parte, NO ES IMPERATIVO DE LA DEMOCRACIA QUE ESTA HAYA DE PRACTICARSE A TRAVES DE ARTIFICIALES PARTIDOS POLITICOS. Lo que a unos pueblos puede irles bien (se refiere a Gran Bretaña, EEUU, Suiza..), A OTROS COMO NOSOTROS, ESTÁ DEMOSTRADO NOS ERA FATAL..”
(de “La Monarquía que quiso Franco” de J. Tarragó , 1978)

FRANCO SOBRE LA MASONERÍA:

“Desde que se fundó la masonería en España hasta nuestros días, la masonería ha puesto su mano en todas las desgracias patrias. Ella fue quien provocó la caída de la Ensenada. Ella quien eliminó a los jesuitas, quien forjó a los afrancesados, quien minó nuestro Imperio, quien atizó nuestras guerras civiles y quien procuró que la impiedad se extendiera. En nuestro siglo fue la masonería la que derribó a Maura y quien se afanó siempre por atarnos de pies y manos ante el enemigo, la que apuñaló la monarquía y finalmente quien se debate rabiosa ante nuestro gesto actual de viril independencia. ¿Cómo se nos puede negar el derecho a defendernos de ella? ¿Es que puede alguien escandalizarse porque España la haya puesto fuera de la ley? Los masones en España significan esto: traición a la patria y amenaza de la religión; abyectas figuras que por medrar son capaces de vender a sus hermanos al enemigo”.

SOBRE EL ANÁLISIS HISTÓRICO

«La vida de la nación española ha sido tan intensa y pródiga en acontecimientos que vale la pena el que, aunque sea ligeramente, recordemos los frutos que recogió España bajo el sistema liberal parlamentario de partidos políticos desde las Cortes de Cádiz, que elaboraron aquella Constitución inspirada en las ideas de la Revolución francesa, hasta el advenimiento del Movimiento Nacional (Cortes Españolas, 1946).

«Si a los regímenes políticos hemos de juzgarlos por sus frutos y con la serenidad que nos dan los años transcurridos hacemos balance, ya no de lo alcanzado, sino de lo que bajo el signo de la democracia liberal hemos perdido, llegamos a la conclusión que no podría concebirse un sistema más dañino para los intereses de la Patria y para el bienestar y el progreso de los españoles que el que hasta nuestro Movimiento padecimos. No es necesario en esto descender al detalle de hechos tan tristes y calamitosos.» (Cortes Españolas, 1955.)

«El retraso que en orden al progreso nos venía causando la lucha de clases y de los partidos políticos es verdaderamente desconocido fuera de nuestra nación; sólo los que han vivido en ella los años anteriores a nuestro Movimiento libertador pueden darse cuenta del progreso efectivo alcanzado en todos los aspectos, ya sea este religioso, cultural, agrícola, industrial o social. Todo ello en nuestra Nación se encuentra en franca marcha progresiva y su detalle haría esta relación interminable.» (Declaraciones a «Noticias Católicas» de Washington, 1957.)

Ineficacia de los partidos

«Si fueron tantos los sacrificios que nuestra Nación necesitó para que la Patria se salvase, no podía abandonársela de nuevo a aquellos viejos sistemas que la venían aniquilando. Y ningún camino más fácil ni más recto, para este primero y básico objetivo, que la desaparición del anárquico sistema liberal, cuya consecuencia insoslayable e inevitable es la atomización del cuerpo social y su sustitución por un sistema de organización político-social basado y estructurado sobre las unidades o entidades naturales de convivencia.»

«No son las unidades nacionales fragmentadas, atomizadas, artificialmente montadas y en el fondo disgregadas, las que pueden unirse en una superior y más alta unidad. Los partidos políticos son entre sí dispares, beligerantes frente a lo común, mientras que la familia, el Municipio y los Sindicatos, dentro de las modalidades propias de cada pueblo, tienen denominador común; sus fines naturales siempre y en todas partes son los mismos.»

«Cada día se acusa con mayor claridad en el mundo la ineficacia y el contrasentido de la democracia inorgánica formalista, que engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país; que divide y enfrenta a los ciudadanos de una misma comunidad; que inevitablemente alimenta los gérmenes que más tarde o temprano desencadenan la lucha de clases; que encienden la unidad nacional al disgregar en facciones beligerantes unas partes de la Nación contra las otras; que mecánica y fatalmente provocan con ritmo periódico la colisión entre las organizaciones que se dicen cauces y mecanismos de representación pública; que en lugar de constituir un sistema de frenos morales y de auxiliares colaboradores del Gobierno, alimentan la posibilidad de socavar impunemente el principio de autoridad y orden social.» (Mensaje de fin de año, 1959.)

El Movimiento y los partidos políticos

«Yerran los que maliciosamente pretenden considerarnos como un partido, cuando constituimos un auténtico Movimiento Nacional en constante marcha y perfeccionamiento, que no se anquilosa en la rigidez cadavérica de los partidos. Movimiento que marcha con sus banderas desplegadas paralelamente a las necesidades de la Nación.» (Discurso conmemorativo de la Victoria, 1949.)

«Se equivocan los que hablan algunas veces del partido. Nosotros no tenemos partido. Nosotros somos un movimiento, como el Tradicionalista y la Falange no quisieron ser nunca partidos, aunque para la lucha aparecieran como tales; somos un Movimiento que hemos cogido de todos los ideales españoles y de nuestras tradiciones aquellos que nos es común, aquello que nos une y no lo que nos divide. Y sobre ello hemos levantado nuestro Movimiento; un Movimiento que no es hermético ni tiene escalafones; un Movimiento abierto a todos los españoles de buena fe que quieran militar en el servicio político de la Nación. No negamos a nadie un puesto, abrimos los brazos a todos y sentimos dolor cuando algunos equivocados o apegados a viejos errores permanecen en casa y no prestan su brazo e inteligencia al esfuerzo común de levantar a España.» (Pamplona, 1952.)

«Sabéis que la Falange es un Movimiento, que no es un partido, y que por ser un Movimiento al servicio de la Patria aspira a la unidad de los hombres y de las tierras de España. No constituimos una organización hermética; somos una comunidad en espíritu de servicio, con las puertas abiertas a la colaboración de los españoles, con los corazones dispuestos a acoger en ella todas las inquietudes de la Patria, todas las ansias de nuestros hermanos, los anhelos de los que sufren y de los que padecen hambre o sed de justicia. Somos la proyección en el tiempo de una revolución; no de una revolución que pasa, sino de una revolución que perdura y que marcha. Para que esta revolución no pueda malograrse y pueda llenar nuestra misión, tenemos que mantener siempre el espíritu tenso y ser lo que con frase feliz concibió José Antonio:

“Mitad monje y mitad soldados”. Y esto no quiere decir el vestirnos con un uniforme o un ropaje determinado, sino que hay que tener la sobriedad y la renunciación del monje y la disciplina y las virtudes del Movimiento.» (Juramento de los nuevos Consejeros Nacionales, 1955.)

«Un Movimiento no puede estancarse ni detenerse; ha de estar en periódica renovación. Una política nacional que merezca este nombre necesita mirar el futuro, señalarse metas ambiciosas y movilizar los medios todos para alcanzarlas.

Un Movimiento ha de propugnar y esforzarse sin descanso porque se realicen, hasta el extremo límite que las circunstancias y los medios disponibles prudentemente permitan, cuantas disposiciones estén contenidas en su entendimiento del bien y el perfeccionamiento de la persona y de la sociedad. Aquí radica, en última instancia, la diferencia sustancial entre partido y Movimiento, entre adscripción a un programa y la fe operante ordenada a un quehacer nacional, entré una etiqueta política y un modo de ser y actuar.» (Mensaje de fin de año, 1958.)

Los partidos y las «organizaciones naturales»

«Se confunde fuera de España la política nacional de unidad con la que llaman de partido único. Si la política de partidos llevó a España en un siglo a tres guerras civiles y al estado gravísimo de que la sacamos, es natural que busque sus soluciones políticas por otros cauces fuera de lo artificioso de los partidos, que nosotros hemos conducido por el camino tradicional de las organizaciones naturales de la Familia, el Municipio y el Sindicato. Con ello hemos superado los años más difíciles de nuestra vida: hemos liquidado una guerra interna, nos hemos librado de una guerra universal, hemos alcanzado veinte años de paz ininterrumpida. Sin apenas medios hemos hecho resurgir a la nación y creado unas ilusiones y un espíritu de resurgimiento. Y hemos elevado considerablemente el nivel de vida de la nación. Como usted comprenderá, nos va demasiado bien para pensar en un suicidio colectivo.»

«Por otra parte, no es imperativo de la democracia que ésta haya de practicarse a través de los partidos artificiales tipo siglo pasado. Lo que a unos pueblos puede irles bien, a otros, como nosotros, está demostrado nos era fatal.»

«Suele en las grandes crisis políticas de las naciones acudirse a los tópicos de los Gobiernos dé unión nacional, en que se pretende unir temporalmente a las cabezas, dejando divorciados os cuerpos. Y así sale ello. Nosotros somos más sinceros: unimos los cuerpos en lo que nos es común para poder marchar más lejos bajo una dirección y una cabeza.» (Declaraciones a «Excelsior», de Méjico, en mayo de 1959.)

«No constituye el Movimiento un partido; el Movimiento es obra de todos los españoles que quieran engrandecer a su Patria.» (Discurso pronunciado en Orense en septiembre de 1961.)

La redención de los partidos

«El que alejándonos de los partidos políticos, de historia tan triste y de balance tan catastrófico, hayamos buscado la asistencia a las funciones públicas a través de las organizaciones naturales constituidas por la Familia, el Sindicato y el Municipio, en que el hombre se desenvuelve, como Su Santidad nos recordaba en su último mensaje, nos permitió redimirnos de tan desdichado y artificial engendro de los partidos, tan estrechamente unidos a las desgracias de nuestra Nación.»

«Si comprobamos lo que bajo el signo de la democracia inorgánica con regímenes de partidos perdimos y lo que bajo la unidad y el sistema orgánico alcanzamos, comprobaremos sus respectivas virtualidades. Bajo la primera, España pasó del cénit de su gloria, bienestar y poderío al puesto más bajo de su historia y al trance de fragmentarse. En cambio, bajo el signo de la segunda vencimos al comunismo internacional que en los campos de España se dio cita, alcanzando la victoria en nuestra guerra de liberación. Cuando todos nos cantaban funerales considerándonos desangrados y arruinados, levantamos la Patria con nuestro propio esfuerzo.

Resistimos las presiones y amenazas de la guerra universal en nuestras fronteras. Deshicimos las invasiones terroristas que los agentes comunistas infiltraron en nuestras serranías, liberándolas de forajidos. Triunfamos sobre la conjura internacional más grave que nación alguna haya resistido. Restauramos nuestra economía y transformamos nuestra Nación a un ritmo y en una escala jamás conocida en nuestra Patria, y logramos que el ser español sea algo que en el mundo se admire y se respete.» (Mensaje de fin de año, 1955.)

Las organizaciones naturales

«El hombre sólo puede ser eficaz e intervenir en las tareas del Estado a través de sus organismos naturales, a través de la familia: el que crea una familia, el que la mantiene y preside, es el que debe llevar la voz, y no los que de él dependen. A través del Municipio, como asociación primaria que vive y conoce; por medio del Sindicato en que se encuadra, conoce a los que trabajan en él y sus intereses y necesidades. A través de esos Ayuntamientos y Sindicatos intervienen los hombres en la vida de España, pero no con aquella democracia falsa y explotadora que hoy pedía el voto para engañarnos mañana. Esa democracia la repudiamos.» (Discurso pronunciado en Huelva en abril de 1956.)

«Nosotros, a la democracia inorgánica le oponemos una democracia orgánica, en que los hombres discurren a través de sus cauces naturales, de la familia, del Municipio y del Sindicato, y queremos que lo mismo los Municipios que los Sindicatos cumplan su misión y sean el medio por donde pueda llegar la voluntad del pueblo a las altas esferas del Estado.» (Discurso en Valdelacalzada, Badajoz, octubre 1956.)

«El progreso del derecho político no está en violentar la natural constitución orgánica de la sociedad, sino en habilitar condiciones jurídicas y procedimientos adecuados al desarrollo y proyección activa de los órganos naturales de convivencia en cuantas áreas de la vida española sea conveniente. La participación del pueblo en la gestión de la “res pública” es, además de un derecho, una obligación al mismo tiempo que una exigencia natural de la sociedad, y bien sabido es que todo derecho natural y toda exigencia de la naturaleza dispone de sus medios naturales para el ejercicio de ese derecho y la satisfacción de esa exigencia.» (Mensaje de fin de año, 1959.)

El diálogo democrático

«La política no existe sin el diálogo. El diálogo es la base de la política. Podrán tener unos hombres la responsabilidad de Gobierno, pero su política estará siempre vacía si no existe el diálogo; pero no el diálogo anárquico, no el artificioso de los partidos políticos suplantador de las verdaderas estructuras nacionales, sino el diálogo directo con los representantes directos de estas propias estructuras.» (Congreso Sindical de 1961 en Madrid.)

Libertad de opiniones

«Repudiar el sistema de partidos por lo que tiene de disgregante y envilecedor no es desconocer la diversidad de opiniones; sino hacer que se expresen por sus legítimos cauces representativos en vez de enfrentarse de modo irreductible. Queremos libertad de opiniones, pero no al servicio del antagonismo permanente de los partidos, sino libertad para llegar a un entendimiento-solución. La razón de ser de los partidos políticos estriba justamente en lo que divide, no en lo que une. Nosotros, en vez de hacer crónicas las discordias, buscamos la unidad dentro de la libertad responsable y de la crítica fundamentada y solvente.» (Discurso ante las Cortes españolas, Madrid 1961.)

Los partidos, uniones artificiales

«Ha sido en nosotros una imperiosa necesidad la que nos empujaba a la crítica y al análisis de los puntos débiles de la filosofía política dominante entre los pueblos occidentales en que nos encontramos. A la democracia inorgánica que ellos practican, España opone la orgánica y representativa, entre las que la diferencia principal estriba en que si en las primeras la representación se obtiene a través de las organizaciones artificiales de los partidos políticos, en la segunda lo es a través de los organismos naturales en que el hombre se encuadra.» (Discurso pronunciado en Burgos en 1961.)

«De todos es sabido cómo se realizaban las elecciones, cómo se fraguaban los partidos políticos, cómo se arrastraban a los electores para conseguir su voto. Unas veces se explotaba la espiritualidad, pidiéndole a la Iglesia influencia para obtener sus votos; otras acudían a los empresarios y patronos, para, a través de la fuerza, del mando y del dinero, coaccionar a los electores. mientras otras explotaban las pasiones de los trabajadores a través de las organizaciones sindicales, para pedirles sus votos, comprando a sus primates para que no votasen y obtener una ventaja en la elección.» (Discurso ante el II Congreso Nacional Sindical, Madrid 1962.)

«Todos hemos conocido, especialmente los que ya somos viejos, la ficción de los partidos políticos, en los que la relación entre representantes y representados se limita a la elección entre varios nombres que los comités de los partidos les presentan, y que en la casi totalidad de los casos los electores desconocían; pero una vez lograda la investidura obraban a su antojo, sin tener en cuenta los intereses y la voluntad de los votantes. A ello oponemos nosotros nuestra democracia orgánica, en la que la representación se hace a través de la familia, del municipio y del sindicato, en los que el hombre vive y se encuadra, y en la que los elegidos mantienen vivo el vínculo con la asociación que les designó, sin que puedan traicionar los legítimos y homogéneos intereses de los representados; pero aún con ser esto tan sincero, no nos basta para satisfacer las verdaderas esencias de una democracia.

Consideramos necesario que la democracia sea cosa viva, que todos participen en la cosa pública, y de aquí esos periódicos congresos económico-sindicales provinciales en que en consejo abierto se debaten los problemas de la provincia y donde lasaspiraciones encuentran un cauce para su elevación directa a los poderes públicos, que, recogidas más tarde por el Gobierno, se vienen convirtiendo en proyectos de ley.»

«Y aún tenemos más: existe en nuestra legislación básica la institución del referéndum, por la cual han sido sometidas a la aprobación del país sus leyes fundamentales y le son sometidas las demás leyes de reconocida trascendencia.» (Discurso pronunciado en Valencia en junio de 1962.)

Repulsa a la democracia inorgánica

«Como veis, es enteramente torpe e inútil que se pretenda coaccionarnos fuera e invitarnos con uno u otro pretexto, generalmente con intención malévola, a adoptar determinados patrones institucionales típicos de la democracia individualista e inorgánica.»

«A este respecto, es justo recordar la repulsa que el pueblo español sintió siempre hacia la democracia inorgánica de los partidos políticos, puesta de relieve en diversas ocasiones a través de su historia. No tenemos más que recordar el entusiasmo popular con que en los tiempos modernos fue acogida la Dictadura del general Primo de Rivera, y lo que sucedió a los pocos años de implantada la República, que hubo de culminar en el Movimiento Nacional. No era que el pueblo español rechazase los principios democráticos, enraizados en su ser siglos antes de que otras naciones los practicasen; sino que era la repulsa, el asco y el desprecio que te producían el ver sepultada su voluntad por la tiranía de los partidos políticos predominantes.

Era justo el pronunciamiento de los españoles ante aquel sistema de democracia, que iba unido a todo nuestro triste pasado; que había suplantado todos los principios de participación popular en el poder político y cuyos gravísimos resultados tenía a la vista.» (Discurso ante el Consejo Nacional en 1963.)

La participación familiar, municipal y sindical

«Todos los españoles participarán en el Estado a través del desempeño de sus funciones municipales y sindicales, pero no participarán como representantes de partidos políticos, porque hemos abolido implacablemente el viejo sistema parlamentario de múltiples partidos políticos con sus males conocidos: sufragio inorgánico y lucha entre los grupos enemigos.»  (Declaraciones al « New York Times Magazine», realizadas en diciembre de 1937.)

«Un tercer sistema, que es el que nace de la moral cristiana, de la historia y tradición de los pueblos, o sea el régimen que nosotros hemos establecido. En él desaparece el Estado indiferente ante las luchas de los hombres, en él desaparece la opresión y la explotación del hombre por el hombre; el Estado organiza la sociedad con sus instituciones naturales; el Estado encuadra a los españoles en las instituciones clásicas y seculares: los Municipios, que nos dejaron los romanos y que sobreviven después de veintiséis siglos como institución natural y asociación lógica de los hombres; la familia, que constituye la organización humana y primera del individuo, y, por último, el sindicato, que en este mundo de complejidad de industrias y de intereses, es el que asocia a los españoles en un interés común.»

(Discurso de Franco pronunciado en Huelva en 1943.)

 

Papeleta de voto del referendum de la Ley Orgánica del Estado, que dice: “7 años preso por el régimen actual y perseguido, voto SI por Franco, el mejor gobernante que España ha tenido y tendrá”

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