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Artículos

 

Pío Moa: Franquismo y democracia

https://gaceta.es/opinion/franquismo-y-democracia-20190126-1914/

Durante el franquismo, la única oposición que existió fue comunista y/o terrorista, pero no democrática, porque la mayoría del pueblo identificaba la democracia con el violento caos separatista-totalitario recién vivido. Y tampoco las democracias extranjeras se hicieron populares tras la II Guerra Mundial, al aliarse con los gobiernos comunistas y dictaduras varias para aislar a España. Medida doblemente criminal, porque intentaba castigar a un país que no había intervenido en aquella conflagración; y porque el castigo implicaba hambre masiva. Por fortuna, la hábil diplomacia franquista evitó la hambruna y derrotó el aislamiento, ingresando en la ONU en 1955, hasta con voto de Moscú.

Las democracias no funcionan en sociedades como la II República, de pobreza creciente e intensos odios sociales. En España no podría funcionar mientras no se superasen aquellas lacras que la hicieron inviable en los años 30. Los odios pronto fueron olvidados mayoritariamente, como comprobó el maquis al no arraigar en el pueblo por mucho que invocase la democracia y no el comunismo. Pero superar las duras circunstancias económicas requeriría más tiempo. Otra condición para una democracia sería que los partidos del Frente Popular desapareciesen o cambiasen de orientación después de la experiencia pasada; y de esto no había el menor síntoma.

A la popularidad de Franco contribuyó mucho su  abstención en la II Guerra Mundial, que ahorró al país ríos de sangre. La neutralidad hispana en las dos guerras gigantes  del siglo XX son seguramente los mejores logros en la política internacional española desde el 98. Por sí misma, esa neutralidad revela la especial posición de España en Europa.

En cuanto a las libertades, el poder autoritario de Franco restringió las de expresión y asociación para los afines al Frente Popular (no para las “familias” del régimen, claro), y persiguió sobre todo a los comunistas, únicos que siguieron luchando realmente contra el franquismo.  La represión bajó con rapidez conforme el PCE renunció al terrorismo una vez derrotado su “maquis”. El número de presos políticos  –prácticamente ninguno demócrata—fue muy escaso. En las amnistías de la transición sumaban en torno a 300 para un país de 36 millones de habitantes, prueba de su escaso arraigo. El régimen tenía una policía política, la Brigada Político-Social (BPS), y es significativo que sus archivos, de indudable valor histórico, fueran destruidos por los sedicentes demócratas durante el primer gobierno del PSOE (cuya oposición a Franco fue insignificante).

El franquismo intentó asentar un sistema de nuevo tipo, ni fascista ni demoliberal, apoyado básicamente en la doctrina de la Iglesia con algunos ingredientes sociales de corte falangista. Este proyecto naufragó con el Concilio Vaticano II de los años 60, que no solo divorció a la Iglesia del régimen negando la confesionalidad, sino que lo hostigó y dio apoyo a comunistas, separatistas, terroristas de la ETA… El franquismo quedó sin su principal raíz ideológica ni otro futuro que una evolución hacia una democracia liberal, que preparaban varios de sus dirigentes y ocurriría tras la muerte de Franco.

Por otra parte, a falta de oposición democrática interna, el régimen debió afrontar la hostilidad de diversas democracias de Europa occidental, países en los que colaboración con los ocupantes nazis había superado bastante a la resistencia; y que no se debían sus libertades ni su prosperidad a sí mismos, sino a la intervención militar useña y a la ayuda económica posterior. E indirectamente a Stalin, sin cuyas victorias sobre Alemania habría sido imposible el célebre desembarco en Normandía. España, libre de tales deudas, constituía una excepción en Europa, y por ello objeto de repulsa.

Desde la invasión napoleónica España había perdido casi toda influencia exterior y, salvo en la guerra civil de 1936, había suscitado más bien un interés pintoresco o folclórico. En cambio con Franco recobró cierto peso en el mundo. Su victoria debía haberla agradecido toda Europa, pues la libró de verse entre un régimen comunista en el este y otro en el oeste. Después, en la guerra mundial, su neutralidad, buscada con ansiedad por Londres, benefició mucho más a los anglosajones que a los alemanes; y salvó a una parte del continente de la carga moral de las atrocidades perpetradas por todos los bandos (nazis, soviéticos y anglosajones), mucho peores que las de la guerra española. Franco previó la quiebra de la alianza entre Usa y Stalin,  la llamada guerra fría, en la que España sirvió de retaguardia sólida frente al expansionismo soviético. Rompiendo la neutralidad anterior, suscribió pactos y cedió bases a Usa como mayor potencia anticomunista. Su tenaz política independiente con Hispanoamérica y países árabes le permitió doblegar el aislamiento, fomentar una línea de hispanidad,  rechazar peticiones useñas de ayuda en Vietnam o derrotar en la ONU, sobre Gibraltar, a una Inglaterra apoyada por los países eurooccidentales. La propia hostilidad de estos países revela la importancia adquirida por España en aquel tiempo.

Cabe señalar una salud social superior a cualquier  otro país europeo, medida por índices de delincuencia, población penal, suicidios, drogadicción, fracaso familiar, alcoholismo juvenil, etc.

Todo ello obliga a revisar las opiniones generalmente vertidas sobre el franquismo. Sí puede afirmarse que superó, en líneas generales, la herencia del 98 y la más antigua de la invasión francesa e hizo posible una democracia no convulsa. Sin embargo la cuestión es más complicada, como veremos.

 

El artículo por el que ha sido vetado Roberto Centeno en El Confidencial: El legado económico de Franco, hechos y cifras

Reproducimos por su interés el artículo de Roberto Centeno, Catedrático de Economía, por el que ha sido vetado y censurado en El Confidencial:

Ante el Himalaya de mentiras y manipulaciones del nuevo Frente Popular, erigiéndose en fiscales cuando deberían estar en el banquillo, sin que los cobardes del PP y Ciudadanos,sean capaces de proclamar la verdad, es imprescindible explicar con hechos y cifras, cual fue el balance económico y social, de los 40 años de gobierno de  Franco, y compararlo luego con el mismo balance de los 40 años de la Transición, no a la democracia sino a una oligarquía de partidos, y con un sistema electoral tan disparatado que permite que 900.000 personas, impongan su voluntad a la  de 46 millones.  Máxime cuando estamos a solo semanas de que el BCE cese sus compras masivas de deuda, que mantienen al modelo de Estado mas ineficiente y despilfarrador de occidente y hará insostenible la gigantesca burbuja de deuda  de casi 1,7 billones a fin de año , obligando a un rescate a la griega.

Leer más: http://ramblalibre.com/2018/10/07/el-articulo-por-el-que-ha-sido-vetado-roberto-centeno-en-el-confidencial-el-legado-economico-de-franco-hechos-y-cifras/

 

La “terrible represión” del “dictador”

 

Teniente Coronel Francisco Bendala

La contienda española 1936-39 terminó como el rosario de la aurora, es decir, a tortas entre los que hoy se quieren hacer pasar por demócratas de toda la vida; se llegó al extremo de que cualquier resistencia, la de Negrín y los comunistas, era más crimen de lesa humanidad que heroísmo. Para finiquitar de una vez dicha contienda, el Col. Segismundo Casado, con el histórico líder socialista Julián Besteiro, de siempre opuesto a la bolchevización del PSOE impuesta por Largo Caballero y Prieto, así como a la guerra, encabezaron un golpe de Estado en toda regla, con la entusiasta colaboración de los anarquistas encabezados por el histórico líder Cipriano Mera, cuyo triunfo hizo salir de España por piernas a los comunistas para no volver más hasta la muerte de Franco –excepción hecha de los terroristas que se quedaron en los montes durante algún tiempo, hoy calificados falsamente de “guerrilleros que luchaban por la libertad”–, propiciando el final de la guerra mediante la lógica rendición incondicional impuesta por el Generalísimo.

Tras su fin, hoy, y ya desde hace décadas, se bombardea a los españoles con toneladas de pretendida historiografía que no es sino pura, burda y falsa propaganda al más tradicional estilo marxista-stalinista, con el fin de hacer olvidar los execrables crímenes de todo tipo cometidos por los frentepopulistas –PSOE/UGT, PCE/JSU, ERC, PNV, CNT/FAI y algunos republicanos de izquierda–, convirtiendo a dichos verdugos en víctimas y a las víctimas en verdugos, lo que en buena medida se ha conseguido por incomparecencia de los descendientes de aquellas víctimas estupidizados por UCD-AP-PP y ahora C,s.

Uno de los temas recurrentes, entre muchos, es el de la “terrible represión” que, según dicen, llevaron a cabo con saña sin par los vencedores de la contienda, quienes, al parecer, eran lobos sedientos de más sangre aún, que enloquecidos se paseaban por las calles matando a diestro y siniestro como nunca se ha visto no sólo en España, sino en el mundo entero.

Pues bien, aunque lo anterior se prueba totalmente falso contrastando lo que se dice con las fuentes documentales originales y con los hechos en sí también más que documentados, el “relato” de la “represión” sigue vigente y en boga; no obstante su fuerza, observamos que poco a poco pierde fuelle ante la criminal, esta sí, falsedad, y ante la verdad histórica que, como verdad que es, se va abriendo paso lentamente con nuevos autores serios y no infectados dicha propaganda marxista-stalinista.

Como botón de muestra de esa “terrible represión”, que no sólo no fue tal, sino que fue justicia obligada por humanidad ante el cúmulo de barbaridades perpetradas por los frentepopulistas –entonces y hoy se pretende que lo que tenía que haber hecho Franco es otorgar una amnistía general indiscriminada al más puro estilo decimonónico cuyos resultados nefastos ya sufrieron nuestros paisanos de tal siglo–, vamos a analizar lo ocurrido con los que apoyaron el golpe de Casado y los que se enfrentaron a él, es decir, los que procuraron terminar de una vez con la sangría innecesaria y criminal, y los que pretendieron continuarla por bastardos intereses y cábalas partidistas, o sea, los comunistas. Para ello, nos vamos a centrar en los responsables de uno y otro lado que fueron detenidos prácticamente, salvo algún caso, el mismo 1º de Abril de 1939, día de la victoria.

Entre los mandos responsables “casadistas” y “anticasadistas” fueron procesados en consejos de guerra legales y legítimos, con todas las garantías jurídicas de tal legislación –por cierto, vigente con la II República–, 90 mandos, de los cuales 24 eran militares profesionales y 66 jefes de milicias.

De los 24 militares, 4 pertenecían al PCE y 20 no tenían adscripción política alguna, habiendo sido 8 de ellos colaboradores durante la guerra del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) nacional.

De los 66 jefes de milicias, 28 eran del PCE/JSU, 19 del PSOE/UGT, 8 de la CNT/FAI, 1 de Izquierda Republicana (IR) y 10 carecían de adscripción política. Entre todos ellos había 11 comisarios políticos.

Del conjunto de ambos grupos, a pena de muerte fueron condenados 33, ejecutándose a 21: 1 militar profesional y 20 jefes de milicias –dos de éstos, Godofredo Labarga Carballo y Juan Sáez de Diego, ambos del PCE y guardias de Asalto al inicio de la guerra, terminándola de capitán y de teniente coronel, respectivamente, lo fueron por su implicación en el asesinato de Calvo Sotelo en 1936–; de los once comisarios políticos sólo se ejecutó a cuatro. De los 20 fusilados, 14 eran del PCE/JSU, 3 de la CNT/FAI, 2 del PSOE/UGT y 1 sin adscripción política.

Del resto de encartados, 9 se encontraban huidos y 7 causas fueron sobreseídas de inmediato quedando en libertad. De los condenados a penas de cárcel, incluidos los que lo fueron a 30 años por conmutación de la de muerte, 5 quedaron libres en 1940, 6 en 1941, 11 en 1942, 7 en 1943, 12 en 1944, 8 en 1945, 2 en 1946 y otros 2 en 1949; es decir, que en un máximo de nueve años, en el peor de los casos, estaban todos en la calle.

En los consejos de guerra, además de permitir la comparecencia de testigos de cargo y de defensa, en contra y a favor de los encartados, se solicitaron informes sobre sus actuaciones durante la guerra, teniéndose sobre todo en cuenta como agravante los delitos de sangre, resultando que 23 de los 66 jefes de milicias no los tuvieron, lo que se consideró atenuante; también como atenuante o agravante se tuvo en cuenta, sobre todo respecto a los militares profesionales, si su incorporación al ejército frentepopulista había sido voluntaria, forzosa o por obediencia debida; así mismo se consideró atenuante el haber sido partidario del Alzamiento –pero que por circunstancias de fuerza mayor no se pudieron incorporar a él– y, más aún, si habían colaborado con el SIPM y/o la Quinta Columna nacionales. Agravante fue considerado que hubieran participado en el “castigo a desertores”, es decir, de los soldados que intentaron o sustraerse a la recluta o pasarse al bando nacional.

Todo ello calibrado y perfectamente documentado fue lo que se sustanció en sus respectivos consejos de guerra y lo que desequilibró la balanza en más o en menos a la hora de dictar sentencia.

Hay casos llamativos, como el de jefes de milicias que alegaron como atenuantes, y demostraron, por ejemplo, que protegieron a “clandestinos”, “perseguidos” o “gentes de derechas”, dándose el caso de que muchos de los beneficiados por ellos testificaron sin problema alguno a su favor; también se tuvo en cuenta, como atenuante, actuaciones como las siguientes: Ramón Díaz Hervás, de la UGT, empleado de la Unión Eléctrica Madrileña al inicio de la guerra y comisario político durante toda ella, del que se constató que había salvado a siete monjas; y Manuel Juan Oliva Gumiel, de la UGT, operador cinematográfico al inicio de la guerra que terminó de Mayor de milicias, que colaboró activamente en preservar la imagen del Cristo de Jesús de Medinaceli de Madrid.

El único militar profesional fusilado fue el Gral. Toribio Martínez Cabrera, que ya lo era al comienzo de la guerra y continuó siéndolo durante toda ella, asumiendo importantes responsabilidades; su ejecución se debió sólo a que impidió en Julio de 1936 el éxito del Alzamiento en Cartagena, cuya guarnición mandaba.

El Col. Adolfo Prada Vaquero, jefe de las fuerzas frentepopulistas del Norte en su momento, y mando que rindió Madrid a los nacionales, después de ser condenado a muerte quedó libre en 1945.

El Gral. Manuel Gómez Matallana, uno de los principales jefes militares frentepopulistas, debido su colaboración con el SIPM desde Diciembre de 1937 –partidario de acabar la guerra y además sin condiciones, entregó los planos del despliegue militar frentepopulista días antes de acabar la contienda–, fue condenado a 30 años quedando en libertad en 1941.

Colaboradores también del SIPM fueron mandos militares tan destacados como los Tte,s Col,s Francisco García Viñals, Antonio Garijo Hernández, Miguel Rodríguez Pavón, así como los Col,s José López Otero y Félix Muedra Miñón, junto con los Mayores Julián Suárez Inclán y José Mª Vázquez López, todos los cuales quedaron en libertad a más tardar en 1941.

De entre los jefes de milicias, el más destacado fue el anarquista Cipriano Mera Sanz, jefe al final de la guerra del IV Cuerpo de Ejército del Ejército Centro, apoyo esencial de Casado para el triunfo del golpe, quien exiliado en el Marruecos francés fue entregado a España en Febrero de 1942. Condenado a muerte en Abril de 1943, quedó en libertad en Septiembre de 1946 pudiendo haber permanecido en España sin problema alguno, pero decidió exiliarse en Francia para ser “coherente con su ideario anarquista”.

Como vemos, los procesos, las penas, y más aún los indultos, muestran palpablemente la justicia y equidad de los nacionales, de Franco, para con los enemigos de España, para con sus enemigos, para con los vencidos, ejemplos estos de verdad histórica que, como otros miles cuando se analizan, revisan y estudian con seriedad, al detalle y sin “orejeras ideológicas”, dejan en evidencia la superchería, falsedad e infamia de la “represión” y de la “dictadura” hoy tan cacareada por los de siempre, bien que con la ayuda de los renegados de sí mismos, los peperos y demás adláteres.

Algunos datos extraídos de “Madrid 1939. La conjura del Col. Casado” de Ángel Bahamonde

Paco Bendala Ayuso para Hispanidad Católica

 

Los judíos protegidos por Franco o la recurrente tergiversación antifranquista (en respuesta a un artículo de El País)

 

Francisco Torres. El Correo de Madrid, 30-01-2019

Hay quienes parecen seguir al pie de la letra la vieja consigna de Lenin de utilizar la mentira como arma revolucionaria adaptándola, eso sí, a las necesidades de la actual forma de abordar nuestra historia reciente bajo el lema de utilizar “la mentira como arma del antifranquismo”.

Cada cierto tiempo, casi cada año, venga o no a cuento, algún historiador o periodista trata de cambiar la historia, más allá de la interpretación, con escaso conocimiento y yo diría que hasta con ocultación documental. El último en llegar a la escena mediática en el tema que nos va a ocupar, en un medio usualmente acogedor de la “mentira histórica” como es el diario El País, biblia de la izquierda divina, intelectual o cultureta, y ante cuyas páginas se rinden no pocos de otro ámbito ideológico o historiográfico, es el periodista-historiador Fran Serrato. Lo hace al viento de una exposición que se exhibe en el Centro Sefarad en Madrid, y tras leer, por lo visto sin mucho detenimiento crítico, el texto del politólogo y periodista José Antonio Lisbona en su obra “Más allá del deber” (Ministerio de Asuntos Exteriores de España) vinculada a la exposición “Más allá del deber: La respuesta humanitaria del Servicio Exterior (español) frente al Holocausto” presentada en 2014.

Hace unos meses este autor, Lisbona, venía a mantener que los diplomáticos españoles actuaron en lo referente a la protección, y por consecuencia salvación de vidas, de los judíos durante la II Guerra Mundial “en muchas ocasiones contraviniendo las órdenes y directrices del régimen de Franco”. ¿Qué órdenes?

Nuestro meritorio Fran Serrato, a partir de ahí, sube un peldaño y habla del “falso mito de Franco como salvador de judíos”. Así pues, los diplomáticos españoles, entre los que como es habitual destaca Sanz Briz, actuarían por su cuenta y riesgo (recoge el periodista que el propio hijo de Sanz-Briz afirma que su padre “actuó en nombre de España, pero sin su permiso”, lo que es, como demostraremos, rigurosamente falso). Después Franco se apropió de los méritos, tal y como lee en el texto de Lisbona: Franco no solo mitificó su labor humanitaria, también consiguió que los propios sefardíes la mitificaran (lo que por cierto, gramaticalmente, implica que la acción humanitaria existió; pero el autor no debió darse cuenta)La leyenda, la mitificación, la propaganda hicieron fortuna y, según estos autores, naturalmente Israel, el país que cuenta con el mejor servicio de inteligencia del mundo, el Mossad, y que ha escudriñado hasta el último repliegue de lo relacionado con la persecución de los judíos fue engañado. Por eso, pese a las escasas simpatías que Franco despertaba, hasta la Primera Ministra Golda Meier le daría, pasado el tiempo, ante el parlamento israelita, las gracias a Franco por la ayuda prestada a su pueblo. Claro que como anota el profesor Suárez Fernández, el Mossad redactó un listado de los judíos que escaparon vía a España provistos de documentación o con la autorización necesaria que supera los 45.000 nombres. Evidentemente, por razones obvias, este autor se fía mucho más del Mossad que de algunos historiadores, tertulianos y periodistas. También me ofrece mayor confianza el testimonio del Premio Nobel de la Paz, Elie Wiezel al explicar en 1990, Franco reposaba en el Valle de los Caídos desde hacía 15 años, que “España fue, probablemente, el único país de Europa que no devolvió a los refugiados judíos”.

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Franco no fue un asesino: los condenados a muerte lo fueron por sentencia dictada por Consejos de Guerra

Las sentencias con pena de muerte fueron 30.000, de las que sólo se ejecutaron 20.000. Todos los los ejecutados en la etapa de Franco tenían delitos de sangre, como autores o inductores y no hubo genocidio.

Televisión Española pasa una mala racha, su audiencia se cae a pedazos cada día. Sin embargo, yo, hasta el miércoles pasado por la mañana, no había visto con claridad el motivo de tan estrepitoso descenso de telespectadores. Ya era de sobra conocido el sectarismo con el que Rosa María Mateo dirige TVE, pero ese día descubrí que la dosis de ignorancia con la que aliñan sus programas es todavía superior al sectarismo.

La mañana del miércoles, Xavier Fortes, director y presentador del programa Los desayunos de TVE, tuvo el arrojo de pisar el rabo al león después de muerto…, y arremetió contra Franco. Adoptó una pose graciosilla, para soltar un chiste sin gracia y cargó de frente contra la sintaxis, con una frase en la que no acertó a colocar ni una palabra en su sitio, lo que ya tiene su aquel, porque solo tiene cuatro su enunciado:

—”Mandaba el general bastante”.

Fue así como Xavier Fortes dio paso a un ingeniero llamado Antonio Papell, al que hace ya mucho tiempo el favor de Pío Cabanillas le recolocó como periodista, y en ese oficio sigue como intruso. Antonio Papell pertenece al gremio de los que el poder les ha llevado tan en volandas, que no les ha hecho falta estudiar para opinar de lo que se tercie. Y como la ignorancia es muy atrevida, Antonio Papell soltó un par de melonadas al referirse a la Segunda Guerra Mundial, y a continuación mostró esta perla, que transcribo literalmente:

“En España se puede elogiar el franquismo con la mayor naturalidad. Cuando a mí me parece que podría calificarse de genocidio, ya no la Guerra Civil en sí misma, que fue un conflicto muy confuso, sino el asesinato, y lo digo con la palabra correcta, de 50.000 personas después de la Guerra Civil. Eso, a mi juicio es un genocidio. Defender esto, a mí me parece que debería estar, por lo menos penado”.

Desde luego que lo que Antonio Papell llama el conflicto de la Guerra Civil española es tan confuso, como el coreano o el japonés, si no se estudian. Pero matizo y sostengo que saber lo que ocurrió en la Guerra Civil Española está más a nuestro alcance que hablar esos dos idiomas orientales, porque los libros publicados sobre la Guerra Civil se cuentan por muchos miles. Y como se decía en aquel programa de la tele de mis años jóvenes: “todo está en los libros”, pero el problema es que hay que leerlos.

Todos los que fueron ejecutados tenían delitos de sangre, como autores o inductores 

Antonio Papell o no ha leído nada de la Guerra Civil o, si lo ha leído, lo ha hecho con poco aprovechamiento, ya que por lo que dice no tiene ni repajolera idea de lo que ocurrió ni en la Guerra Civil ni en la posguerra.

Así es que, para empezar por su orden, podría leer lo que ha escrito un periodista de verdad como Miguel Platón, que describe clara y documentadamente lo sucedido solo en los cuatro primeros días de la guerra, a lo que Miguel Platón dedica casi setecientas páginas en su libro titulado Así comenzó la Guerra Civil. Y si le recomiendo el libro de Miguel Platón es por salvar la profesión de periodista, donde hay personas trabajadoras y estudiosas como él, que no tienen tiempo para cultivar ningún melonar.

Es más, entre los historiadores universitarios se tiene constancia del ejemplar trabajo de archivo que está llevando a cabo Miguel Platón, que desmiente la afirmación de que Franco fue un genocida que asesinó —como dice Antonio Papell— a 50.000 personas. En ámbitos académicos es de sobra conocido que Miguel Platón lleva mucho tiempo y tiene muy avanzada su investigación, en la que está analizando las 30.000 sentencias de penas de muerte dictadas por los Consejos de Guerra a partir del 1 de abril de 1939. Sigo con atención lo que está haciendo y sé que Miguel Platón está elaborando una amplia base de datos muy minuciosa, nombre por nombre, apellido por apellido, en la que se anota todas las circunstancias de aquellas decisiones judiciales.

Así es que como Antonio Papell tardará todavía unos meses en enterarse de lo ocurrido en la Guerra Civil, si es que se aplica desde ahora a la tarea, porque lo de la lectura de libros lleva su tiempo, voy a ayudarle a familiarizarse con la verdad, desmintiendo los errores en los que ha incurrido en la televisión de Rosa María Mateo.

En primer lugar, Franco no fue ningún asesino, ni provocó ningún genocidio. Los condenados a muerte lo fueron por sentencia dictada por Consejos de Guerra, que procedieron con garantías para los procesados a los que condenaron a muerte. Y conviene recordar que, por entonces, la pena de muerte estaba vigente en muchos países con regímenes democráticos. Sin ir más lejos, nuestros vecinos, los franceses, abolieron la pena de muerte en 1981.

Tampoco es cierto, como dice Antonio Papell, que muriresen 50.000 personas por haber sido condenadas a muerte. Al día de hoy, la cifra correspondiente a  “ejecuciones judiciales”, entre los años 1939 a 1950 es  la de 22.641; este dato procede de la investigación de Carlos Fernández Santander, que proporciona los números año a año en un estudio realizado sin prejuicios. Lo que no sabemos todavía con exactitud es el número de condenas de muerte dictadas por los Consejos de Guerra. Eso lo sabremos cuando Miguel Platón concluya su trabajo, aunque de momento me ha informado que en números redondos las sentencias con pena de muerte fueron unas 30.000, de las que solo se ejecutaron 20.000, porque Franco conmutó las otras 10.000. Pero acabaremos sabiendo exactamente cuántas sentencias se dictaron, cuántas se ejecutaron y cuántas se conmutaron, porque Miguel Platón es de los que no no se dejan nada en la mesa del archivo, se lee hasta las miguitas de papel de los expedientes.

Las verdaderas víctimas fueron las personas asesinadas por los condenados en los Consejos de Guerra

El que de cada tres penas de muerte, una se conmutara, hace ver las garantías con las que se procedió en aquellos años. Según el estudio de Miguel Platón, en los miles de expedientes que ya ha consultado, se comprueba que cuando no había delitos de sangre, la pena se conmutaba. De manera que todos los que fueron ejecutados tenían delitos de sangre por haber sido autores o inductores.

Y sabemos que hubo también condenados a muerte con delitos de sangre, a quienes se les cambió esa condena por la de prisión, como le ocurrió “al matacuras”, según cuenta Alberto Bárcena en su desmitificador libro sobre el Valle de los Caídos.

Así pues, las verdaderas víctimas fueron las personas asesinadas por los condenados en los Consejos de Guerra. Y en este caso sí que sus actos procede calificarlos de asesinatos y no como acciones de guerra, porque todos los condenados a muerte les quitaron a esas víctimas la vida sin ningún juicio previo.

Y, además, otra de las circunstancias que pone de manifiesto la documentación es que muchos de los crímenes se cometieron con una crueldad tremenda. Yo mismo he contado en un artículo anterior​ el caso de Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas. Las tres eran hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y las tres habían profesado como Misioneras del Corazón de María. Tenían respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonaron su convento de Mataró y se refugiaron en una casa de Riudarenas, pero fueron detenidas el 25 de septiembre y las trasladadan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L`Hostalet, donde había un bosque que estaba a 7 kilómetros de Lloret de Mar y allí las desnudaron, después sus verdugos las violarony, a continuación, las penetraron con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introdujeron de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, les desgarraron sus entrañas otra vez más y apretaron el gatillo.

Entre los expedientes recogidos por Miguel Platón, y que ha tenido la gentileza de enseñarme, se documenta lo sucedido en Cortes de la Frontera (Málaga). En los primeros meses de la guerra, al aproximarse las tropas nacionales a esa localidad, quemaron la cárcel donde había más de 100 personas. Sellaron las puertas para que nadie pudiera salir y el edifico ardió durante la noche. Cuando al día siguiente se sofocó el incendio, los asesinos comprobaron que todavía había dentro 33 personas vivas en un estado verdaderamente calamitoso. A 29 de ellos les fusilaron y a los otros cuatro les ataron a unos árboles, les rociaron con gasolina y les prendieron fuego.

Los casos recogidos por Miguel Platón estremecen, como la actuación de aquel asesino, que después de fusilar a su víctima, le corto la cabeza con un hacha y se la llevó a la viuda para la que viera… Y en otros casos, suscitan la admiración como el caso de la maestra de Hornachuelos (Córdoba) a la que se le ofreció la posibilidad de salvar su vida si gritaba ¡Viva Rusia! Se negó, y gritó ¡Viva España! y ¡Viva Cristo Rey!, por lo que la acribillaron a balazos y la arrojaron a una mina de 300 metros de profundidad.

Javier Paredes

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá

Luis Felipe Utrera-Molina: “Franco me puso la mano en el hombro y me dijo que solo me pedía una cosa, que fuese tan bueno como mi padre”

Luis Felipe Utrera-Molina es licenciado en Derecho y Asesoría de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas, socio del prestigioso bufete J.Y. Hernández-Canut Abogados y árbitro de las Cortes de Arbitraje de Madrid, Corte Española de Arbitraje y de la Corte del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. La Duquesa de Franco designó a Luis Felipe como albacea universal y contador partidor de su herencia. Después la familia siguió confiando en él para intentar evitar la exhumación de Franco.

En esta entrevista nos narra, con todo detalle y con serena emoción su único encuentro con el General Franco, cuando tenía 6 años y soñaba con ser legionario. Fueron solo diez minutos, pero se le quedaron grabados para siempre en la retina del corazón. La mano temblorosa de Franco, su mirada entrañable, la bonhomía de su sonrisa y un consejo de oro sellarían un vínculo irrompible entre él, su padre y el Caudillo.

¿Qué es lo primero que recuerda de su único encuentro con el Generalísimo Franco?

Yo tenía 6 años. Mi padre lo cuenta en su libro de memorias “Sin cambiar de bandera” como fue aquel encuentro. Mi padre quiso que yo conociese a Franco, consciente de que la vida del Caudillo se acortaba, se extinguía y que para mí sería algo inolvidable, que recordaría el resto de mi vida, como efectivamente ha sido.

¿Cuáles fueron las circunstancias concretas de ese encuentro?

Fue después de una audiencia que mi padre tuvo con Franco el 29 de diciembre de 1.974. Fue un despacho muy tenso en el que mi padre le confesó a Franco que tenía serias dudas de que su sucesor, el Príncipe Juan Carlos, fuera a respetar los principios del Movimiento. Tal y como cuenta él en su libro, fue una reunión tensa, pero mi padre le decía las cosas por lealtad, no por adularle. Cuando terminó aquella audiencia, que fue como digo un poco tensa, mi padre le dijo a Franco: -Mi general en el antedespacho, le espera el séptimo de mis hijos, que quería saludarle.Enseguida Franco abrió la puerta y yo, que estaba con el ayudante el coronel Mañeru, entré. Estuvo cariñosísimo conmigo y lo recuerdo como si fuera ayer. Primero me dio la mano y luego se despidió de mí con un beso.

¿Cuál fue su primera impresión al ver a Franco?

Recuerdo que, como era lógico en un niño, lo que más me llamó la atención fue el temblor de la mano. Me saludó de manera muy amable y me preguntó que quería ser de mayor. Y yo le dije que quería ser militar, que era lo que quería ser de niño. Franco me dijo que él también quería serlo cuando tenía mi edad y que los militares empiezan a crecer en el sueño de los niños.

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Franco, el Gran General

Enrique de Diego

Ninguna totalitaria ley de desmemoria histórica, ni ninguna campaña conseguirá nunca empequeñecer la figura egregia de Francisco Franco Bahamonde. La inquina de la izquierda no hace otra cosa que engrandecer su figura. Franco, el Gran General.

Franco fue un militar vocacional y toda su vida eso es lo que fue básicamente. Se definía a sí mismo como un centinela, al que abrumaba el poder y la responsabilidad, asumidos desde un firme patriotismo. En el episodio final de la segunda temporada de la serie “La República”, un anarquista le resume a su novia la situación: “sin Madrid ni Barcelona, no duran ni semanas. Ahora, la revolución”. El fracaso del golpe de estado del 17-18 de julio de 1936 fue tan completo, que se ha podido sostener la especie especulativa de que el Gobierno republicano dejó que se produjera el golpe para aplastarlo y cercenar toda resistencia. Es una especulación sugerente, pero especulación, al fin y al cabo.

El organizador del golpe fue Mola, no Franco, que prácticamente fue el último en sumarse. Pero sí fue Franco el que ganó la guerra. El bando nacional ganó la guerra por Franco y básicamente por Franco, el Gran General.

Su vida anterior había sido como una preparación para ese tremendo momento histórico. La carrera militar de Franco fue meteórica, sus vivencias, heroicas y espectaculares. En algunos momentos parece un personaje de leyenda; desde luego un titán al lado de los mequetrefes de esta hora.

Es un soldado de élite, un almogávar, un africanista que forjó allí su carácter, su voluntad. Primero, en Regulares, luego como cofundador de la Legión. Es un oficial muy valiente, que siempre ataca el primero para llegar a la bayoneta. Respetado por el enemigo, que considera que tiene baraka, suerte. Todos sus ascensos, menos el de capitán, serán por méritos de guerra, hasta ser a los 33 años el general más joven de Europa; una carrera sólo comparable a la de Napoleón.

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¡Ya está bien!

ABC Opinión. 22/02/2019
Hermann Tersch

El Rey de España, el Jefe del Estado, habla para la Asociación Mundial de Juristas sobre el imperio del derecho. Todos los medios y políticos se hacen eco emocionado. Todos de acuerdo. Saben que la única alternativa a la supremacía incondicional de la ley es el caos primero y después la guerra. Los españoles deberíamos saberlo todos. Deberíamos. Lo cierto es que, mientras Felipe VI defendía el imperio de la ley, los golpistas juzgados se ciscaban en ella y no solo ellos. Porque los familiares y amigos de un anterior jefe del Estado tenían que tomar acciones inauditas para defender la ley. Abogados advertían en burofaxes a funerarias y obreros que de obedecer ciertas órdenes del actual jefe de Gobierno, incurrirían en un grave delito que podría llevarlos a la cárcel para años. Nadie ha confirmado la inminencia de la acción pero sí los preparativos para incumplir la ley, ignorar al Supremo, asaltar una basílica con su extraterritorialidad, atropellar a los monjes titulares del recinto sagrado, profanar la tumba, sacar al cadáver momificado y llevárselo en contra de la voluntad de la familia del muerto y nadie sabe a dónde. Los medios izquierdistas aseguran que Sánchez está dispuesto en campaña a lo que no hacen ni las tribus más bárbaras en guerra. El innoble espectáculo de la profanación oficial de la tumba de Franco debería asquear y avergonzar a todo español de bien.

Tenemos en España un problema serio a afrontar si no queremos destruir la convivencia para mucho tiempo. Porque es una ya insufrible perversión que ciertos españoles se conviertan en ciudadanos inferiores y públicamente vejados por tener recuerdos y opinión sobre el pasado de España que difieren de lo que pregonan las fuerzas que perdieron la guerra civil. En los pasados 40 años se ha permitido, por cobardía, pereza, codicia, indolencia, intereses bastardos y falsedad, que se impusiera como cuasi oficial una versión falsaria, mezquina, sectaria y tramposa de nuestra historia reciente. Y se ha tolerado que todo el que discrepe pase a sufrir represalias aunque defienda no ya opiniones sino hechos irrebatibles. Así se criminaliza a todo el que no acepta la falsaria mitología de comunistas y socialistas del siglo XX. Quienes saben la verdad callan para no crispar a quienes han impuesto la mentira.

Cierto, es la tumba de un jefe de Estado que no era democrático, era un dictador y tenía enemigos. Y ganó guerras y gobernó mucho tiempo e hizo prosperar a los gobernados y murió en la cama con reconocimiento. No, no es Felipe II. No es la cripta del Escorial la que se quiere profanar. De momento. Porque nadie dude de que, si se transige ante el fanatismo de la ignorancia y la revancha, les llegaría su turno. Se pretende tratar a Franco como si fuera un vulgar genocida cuando es el origen incontestable de la legalidad que nos ha dado 40 años de democracia. Y que se funda en un orden tras una guerra civil trágica cuya principal culpa es de todos, pero si de alguien más, de los perdedores. Ya basta de mentiras. Los programas especiales de televisión se harían mejor en Paracuellos que en el Valle de los Caídos. Franco fusiló menos de 4.000 condenados a muerte en 36 años. Habría algún inocente, pero pocos. Y a muchos culpables les conmutó penas y los trató al final con injusta deferencia. Son menos de la mitad de los inocentes fusilados por Lluis Companys. Y menos de la mitad de los inocentes asesinados por PSOE y PCE en Madrid en las semanas del otoño de 1936. Ya está bien de callar para no crispar con la verdad cuando quien está enfrente no hace otra cosa con la mentira.

Artículos

Franquismo y democracia

Pío Moa 

Sobre la democracia, si en la guerra civil fue una cuestión ausente, también lo fue durante el franquismo, el cual tuvo oposición comunista y/ o terrorista, pero no  democrática, porque  la mayoría del pueblo identificaba la democracia con el violento caos separatista-totalitario recién vivido. Y tampoco las democracias extranjeras se hicieron populares tras la II Guerra Mundial,  al aliarse con los gobiernos comunistas y dictaduras varias para aislar a España. Medida doblemente criminal, porque intentaba castigar a un país que no había intervenido en aquella conflagración; y porque el castigo implicaba hambre masiva. Por fortuna, la hábil diplomacia franquista evitó la hambruna y derrotó el aislamiento, ingresando en la ONU en 1955, hasta con voto de Moscú.

Las democracias no funcionan en sociedades como la II República, de pobreza creciente e intensos odios sociales. En España no podría funcionar mientras no se superasen aquellas lacras que la hicieron inviable en los años 30. Los odios pronto fueron olvidados mayoritariamente, como comprobó el maquis al no arraigar en el pueblo por mucho que invocase la democracia y no el comunismo. Pero superar las duras circunstancias económicas requeriría más tiempo. Otra condición para una democracia sería que los partidos del Frente Popular desapareciesen o cambiasen de orientación después de la experiencia pasada; y de esto no había el menor síntoma.

A la popularidad de Franco contribuyó mucho su  abstención en la II Guerra Mundial, que ahorró al país ríos de sangre. La neutralidad hispana en las dos guerras gigantes  del siglo XX son seguramente los mejores logros en la política internacional española desde el 98. Por sí misma, esa neutralidad revela la especial posición de España en Europa.

En cuanto a las libertades, el poder autoritario de Franco restringió las de expresión y asociación para los afines al Frente Popular (no para las “familias” del régimen, claro), y persiguió sobre todo a los comunistas, únicos que siguieron luchando realmente contra el franquismo.  La represión bajó con rapidez conforme el PCE renunció al terrorismo una vez derrotado su “maquis”. El número de presos políticos  –prácticamente ninguno demócrata—fue muy escaso. En las amnistías de la transición sumaban en torno a 300 para un país de 36 millones de habitantes, prueba de su escaso arraigo. El régimen tenía una policía política, la Brigada Político-Social (BPS), y es significativo que sus archivos, de indudable valor histórico, fueran destruidos por los sedicentes demócratas durante el primer gobierno del PSOE (cuya oposición a Franco fue insignificante).

El franquismo intentó asentar un sistema de nuevo tipo, ni fascista ni demoliberal, apoyado básicamente en la doctrina de la Iglesia con algunos ingredientes sociales de corte falangista. Este proyecto naufragó con el Concilio Vaticano II de los años 60, que no solo divorció a la Iglesia del régimen negando la confesionalidad, sino que lo hostigó y dio apoyo a comunistas, separatistas, terroristas de la ETA… El franquismo quedó sin su principal raíz ideológica ni otro futuro que una evolución hacia una democracia liberal, que preparaban varios de sus dirigentes y ocurriría tras la muerte de Franco.

Por otra parte, a falta de oposición democrática interna, el régimen debió afrontar la hostilidad de diversas democracias de Europa occidental, países en los que colaboración con los ocupantes nazis había superado bastante a la resistencia; y que no se debían sus libertades ni su prosperidad a sí mismos, sino a la intervención militar useña y a la ayuda económica posterior. E indirectamente a Stalin, sin cuyas victorias sobre Alemania habría sido imposible el célebre desembarco en Normandía. España, libre de tales deudas, constituía una excepción en Europa, y por ello objeto de repulsa.

Desde la invasión napoleónica España había perdido casi toda influencia exterior y, salvo en la guerra civil de 1936, había suscitado más bien un interés pintoresco o folclórico. En cambio con Franco recobró cierto peso en el mundo. Su victoria debía haberla agradecido toda Europa, pues la libró de verse entre un régimen comunista en el este y otro en el oeste. Después, en la guerra mundial, su neutralidad, buscada con ansiedad por Londres, benefició mucho más a los anglosajones que a los alemanes; y salvó a una parte del continente de la carga moral de las atrocidades perpetradas por todos los bandos (nazis, soviéticos y anglosajones), mucho peores que las de la guerra española. Franco previó la quiebra de la alianza entre Usa y Stalin,  la llamada guerra fría, en la que España sirvió de retaguardia sólida frente al expansionismo soviético. Rompiendo la neutralidad anterior, suscribió pactos y cedió bases a Usa como mayor potencia anticomunista. Su tenaz política independiente con Hispanoamérica y países árabes le permitió doblegar el aislamiento, fomentar una línea de hispanidad,  rechazar peticiones useñas de ayuda en Vietnam o derrotar en la ONU, sobre Gibraltar, a una Inglaterra apoyada por los países eurooccidentales. La propia hostilidad de estos países revela la importancia adquirida por España en aquel tiempo.

Cabe señalar una salud social superior a cualquier  otro país europeo, medida por índices de delincuencia, población penal, suicidios, drogadicción, fracaso familiar, alcoholismo juvenil, etc.

Todo ello obliga a revisar las opiniones generalmente vertidas sobre el franquismo. Sí puede afirmarse que superó, en líneas generales, la herencia del 98 y la más antigua de la invasión francesa e hizo posible una democracia no convulsa. Sin embargo la cuestión es más complicada, como veremos.

El artículo por el que ha sido vetado Roberto Centeno en El Confidencial: El legado económico de Franco, hechos y cifras

 

Reproducimos por su interés el artículo de Roberto Centeno, Catedrático de Economía, por el que ha sido vetado y censurado en El Confidencial:

Ante el Himalaya de mentiras y manipulaciones del nuevo Frente Popular, erigiéndose en fiscales cuando deberían estar en el banquillo, sin que los cobardes del PP y Ciudadanos,sean capaces de proclamar la verdad, es imprescindible explicar con hechos y cifras, cual fue el balance económico y social, de los 40 años de gobierno de  Franco, y compararlo luego con el mismo balance de los 40 años de la Transición, no a la democracia sino a una oligarquía de partidos, y con un sistema electoral tan disparatado que permite que 900.000 personas, impongan su voluntad a la  de 46 millones.  Máxime cuando estamos a solo semanas de que el BCE cese sus compras masivas de deuda, que mantienen al modelo de Estado mas ineficiente y despilfarrador de occidente y hará insostenible la gigantesca burbuja de deuda  de casi 1,7 billones a fin de año , obligando a un rescate a la griega.

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Franco no fue un asesino: los condenados a muerte lo fueron por sentencia dictada por Consejos de Guerra

Las sentencias con pena de muerte fueron 30.000, de las que sólo se ejecutaron 20.000. Todos los los ejecutados en la etapa de Franco tenían delitos de sangre, como autores o inductores y no hubo genocidio.

Televisión Española pasa una mala racha, su audiencia se cae a pedazos cada día. Sin embargo, yo, hasta el miércoles pasado por la mañana, no había visto con claridad el motivo de tan estrepitoso descenso de telespectadores. Ya era de sobra conocido el sectarismo con el que Rosa María Mateo dirige TVE, pero ese día descubrí que la dosis de ignorancia con la que aliñan sus programas es todavía superior al sectarismo.

La mañana del miércoles, Xavier Fortes, director y presentador del programa Los desayunos de TVE, tuvo el arrojo de pisar el rabo al león después de muerto…, y arremetió contra Franco. Adoptó una pose graciosilla, para soltar un chiste sin gracia y cargó de frente contra la sintaxis, con una frase en la que no acertó a colocar ni una palabra en su sitio, lo que ya tiene su aquel, porque solo tiene cuatro su enunciado:

—”Mandaba el general bastante”.

Fue así como Xavier Fortes dio paso a un ingeniero llamado Antonio Papell, al que hace ya mucho tiempo el favor de Pío Cabanillas le recolocó como periodista, y en ese oficio sigue como intruso. Antonio Papell pertenece al gremio de los que el poder les ha llevado tan en volandas, que no les ha hecho falta estudiar para opinar de lo que se tercie. Y como la ignorancia es muy atrevida, Antonio Papell soltó un par de melonadas al referirse a la Segunda Guerra Mundial, y a continuación mostró esta perla, que transcribo literalmente:

“En España se puede elogiar el franquismo con la mayor naturalidad. Cuando a mí me parece que podría calificarse de genocidio, ya no la Guerra Civil en sí misma, que fue un conflicto muy confuso, sino el asesinato, y lo digo con la palabra correcta, de 50.000 personas después de la Guerra Civil. Eso, a mi juicio es un genocidio. Defender esto, a mí me parece que debería estar, por lo menos penado”.

Desde luego que lo que Antonio Papell llama el conflicto de la Guerra Civil española es tan confuso, como el coreano o el japonés, si no se estudian. Pero matizo y sostengo que saber lo que ocurrió en la Guerra Civil Española está más a nuestro alcance que hablar esos dos idiomas orientales, porque los libros publicados sobre la Guerra Civil se cuentan por muchos miles. Y como se decía en aquel programa de la tele de mis años jóvenes: “todo está en los libros”, pero el problema es que hay que leerlos.

Todos los que fueron ejecutados tenían delitos de sangre, como autores o inductores 

Antonio Papell o no ha leído nada de la Guerra Civil o, si lo ha leído, lo ha hecho con poco aprovechamiento, ya que por lo que dice no tiene ni repajolera idea de lo que ocurrió ni en la Guerra Civil ni en la posguerra.

Así es que, para empezar por su orden, podría leer lo que ha escrito un periodista de verdad como Miguel Platón, que describe clara y documentadamente lo sucedido solo en los cuatro primeros días de la guerra, a lo que Miguel Platón dedica casi setecientas páginas en su libro titulado Así comenzó la Guerra Civil. Y si le recomiendo el libro de Miguel Platón es por salvar la profesión de periodista, donde hay personas trabajadoras y estudiosas como él, que no tienen tiempo para cultivar ningún melonar.

Es más, entre los historiadores universitarios se tiene constancia del ejemplar trabajo de archivo que está llevando a cabo Miguel Platón, que desmiente la afirmación de que Franco fue un genocida que asesinó —como dice Antonio Papell— a 50.000 personas. En ámbitos académicos es de sobra conocido que Miguel Platón lleva mucho tiempo y tiene muy avanzada su investigación, en la que está analizando las 30.000 sentencias de penas de muerte dictadas por los Consejos de Guerra a partir del 1 de abril de 1939. Sigo con atención lo que está haciendo y sé que Miguel Platón está elaborando una amplia base de datos muy minuciosa, nombre por nombre, apellido por apellido, en la que se anota todas las circunstancias de aquellas decisiones judiciales.

Así es que como Antonio Papell tardará todavía unos meses en enterarse de lo ocurrido en la Guerra Civil, si es que se aplica desde ahora a la tarea, porque lo de la lectura de libros lleva su tiempo, voy a ayudarle a familiarizarse con la verdad, desmintiendo los errores en los que ha incurrido en la televisión de Rosa María Mateo.

En primer lugar, Franco no fue ningún asesino, ni provocó ningún genocidio. Los condenados a muerte lo fueron por sentencia dictada por Consejos de Guerra, que procedieron con garantías para los procesados a los que condenaron a muerte. Y conviene recordar que, por entonces, la pena de muerte estaba vigente en muchos países con regímenes democráticos. Sin ir más lejos, nuestros vecinos, los franceses, abolieron la pena de muerte en 1981.

Tampoco es cierto, como dice Antonio Papell, que muriresen 50.000 personas por haber sido condenadas a muerte. Al día de hoy, la cifra correspondiente a  “ejecuciones judiciales”, entre los años 1939 a 1950 es  la de 22.641; este dato procede de la investigación de Carlos Fernández Santander, que proporciona los números año a año en un estudio realizado sin prejuicios. Lo que no sabemos todavía con exactitud es el número de condenas de muerte dictadas por los Consejos de Guerra. Eso lo sabremos cuando Miguel Platón concluya su trabajo, aunque de momento me ha informado que en números redondos las sentencias con pena de muerte fueron unas 30.000, de las que solo se ejecutaron 20.000, porque Franco conmutó las otras 10.000. Pero acabaremos sabiendo exactamente cuántas sentencias se dictaron, cuántas se ejecutaron y cuántas se conmutaron, porque Miguel Platón es de los que no no se dejan nada en la mesa del archivo, se lee hasta las miguitas de papel de los expedientes.

Las verdaderas víctimas fueron las personas asesinadas por los condenados en los Consejos de Guerra

El que de cada tres penas de muerte, una se conmutara, hace ver las garantías con las que se procedió en aquellos años. Según el estudio de Miguel Platón, en los miles de expedientes que ya ha consultado, se comprueba que cuando no había delitos de sangre, la pena se conmutaba. De manera que todos los que fueron ejecutados tenían delitos de sangre por haber sido autores o inductores.

Y sabemos que hubo también condenados a muerte con delitos de sangre, a quienes se les cambió esa condena por la de prisión, como le ocurrió “al matacuras”, según cuenta Alberto Bárcena en su desmitificador libro sobre el Valle de los Caídos.

Así pues, las verdaderas víctimas fueron las personas asesinadas por los condenados en los Consejos de Guerra. Y en este caso sí que sus actos procede calificarlos de asesinatos y no como acciones de guerra, porque todos los condenados a muerte les quitaron a esas víctimas la vida sin ningún juicio previo.

Y, además, otra de las circunstancias que pone de manifiesto la documentación es que muchos de los crímenes se cometieron con una crueldad tremenda. Yo mismo he contado en un artículo anterior​ el caso de Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas. Las tres eran hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y las tres habían profesado como Misioneras del Corazón de María. Tenían respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonaron su convento de Mataró y se refugiaron en una casa de Riudarenas, pero fueron detenidas el 25 de septiembre y las trasladadan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L`Hostalet, donde había un bosque que estaba a 7 kilómetros de Lloret de Mar y allí las desnudaron, después sus verdugos las violarony, a continuación, las penetraron con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introdujeron de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, les desgarraron sus entrañas otra vez más y apretaron el gatillo.

Entre los expedientes recogidos por Miguel Platón, y que ha tenido la gentileza de enseñarme, se documenta lo sucedido en Cortes de la Frontera (Málaga). En los primeros meses de la guerra, al aproximarse las tropas nacionales a esa localidad, quemaron la cárcel donde había más de 100 personas. Sellaron las puertas para que nadie pudiera salir y el edifico ardió durante la noche. Cuando al día siguiente se sofocó el incendio, los asesinos comprobaron que todavía había dentro 33 personas vivas en un estado verdaderamente calamitoso. A 29 de ellos les fusilaron y a los otros cuatro les ataron a unos árboles, les rociaron con gasolina y les prendieron fuego.

Los casos recogidos por Miguel Platón estremecen, como la actuación de aquel asesino, que después de fusilar a su víctima, le corto la cabeza con un hacha y se la llevó a la viuda para la que viera… Y en otros casos, suscitan la admiración como el caso de la maestra de Hornachuelos (Córdoba) a la que se le ofreció la posibilidad de salvar su vida si gritaba ¡Viva Rusia! Se negó, y gritó ¡Viva España! y ¡Viva Cristo Rey!, por lo que la acribillaron a balazos y la arrojaron a una mina de 300 metros de profundidad.

Javier Paredes

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá

Los judíos protegidos por Franco o la recurrente tergiversación antifranquista (en respuesta a un artículo de El País).

 

Hay quienes parecen seguir al pie de la letra la vieja consigna de Lenin de utilizar la mentira como arma revolucionaria adaptándola, eso sí, a las necesidades de la actual forma de abordar nuestra historia reciente bajo el lema de utilizar “la mentira como arma del antifranquismo”.

Cada cierto tiempo, casi cada año, venga o no a cuento, algún historiador o periodista trata de cambiar la historia, más allá de la interpretación, con escaso conocimiento y yo diría que hasta con ocultación documental. El último en llegar a la escena mediática en el tema que nos va a ocupar, en un medio usualmente acogedor de la “mentira histórica” como es el diario El País, biblia de la izquierda divina, intelectual o cultureta, y ante cuyas páginas se rinden no pocos de otro ámbito ideológico o historiográfico, es el periodista-historiador Fran Serrato. Lo hace al viento de una exposición que se exhibe en el Centro Sefarad en Madrid, y tras leer, por lo visto sin mucho detenimiento crítico, el texto del politólogo y periodista José Antonio Lisbona en su obra “Más allá del deber” (Ministerio de Asuntos Exteriores de España) vinculada a la exposición “Más allá del deber: La respuesta humanitaria del Servicio Exterior (español) frente al Holocausto” presentada en 2014.

Hace unos meses este autor, Lisbona, venía a mantener que los diplomáticos españoles actuaron en lo referente a la protección, y por consecuencia salvación de vidas, de los judíos durante la II Guerra Mundial “en muchas ocasiones contraviniendo las órdenes y directrices del régimen de Franco”. ¿Qué órdenes?

Nuestro meritorio Fran Serrato, a partir de ahí, sube un peldaño y habla del “falso mito de Franco como salvador de judíos”. Así pues, los diplomáticos españoles, entre los que como es habitual destaca Sanz Briz, actuarían por su cuenta y riesgo (recoge el periodista que el propio hijo de Sanz-Briz afirma que su padre “actuó en nombre de España, pero sin su permiso”, lo que es, como demostraremos, rigurosamente falso). Después Franco se apropió de los méritos, tal y como lee en el texto de Lisbona: Franco no solo mitificó su labor humanitaria, también consiguió que los propios sefardíes la mitificaran (lo que por cierto, gramaticalmente, implica que la acción humanitaria existió; pero el autor no debió darse cuenta)La leyenda, la mitificación, la propaganda hicieron fortuna y, según estos autores, naturalmente Israel, el país que cuenta con el mejor servicio de inteligencia del mundo, el Mossad, y que ha escudriñado hasta el último repliegue de lo relacionado con la persecución de los judíos fue engañado. Por eso, pese a las escasas simpatías que Franco despertaba, hasta la Primera Ministra Golda Meier le daría, pasado el tiempo, ante el parlamento israelita, las gracias a Franco por la ayuda prestada a su pueblo. Claro que como anota el profesor Suárez Fernández, el Mossad redactó un listado de los judíos que escaparon vía a España provistos de documentación o con la autorización necesaria que supera los 45.000 nombres. Evidentemente, por razones obvias, este autor se fía mucho más del Mossad que de algunos historiadores, tertulianos y periodistas. También me ofrece mayor confianza el testimonio del Premio Nobel de la Paz, Elie Wiezel al explicar en 1990, Franco reposaba en el Valle de los Caídos desde hacía 15 años, que “España fue, probablemente, el único país de Europa que no devolvió a los refugiados judíos”.

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Luis Felipe Utrera-Molina: “Franco me puso la mano en el hombro y me dijo que solo me pedía una cosa, que fuese tan bueno como mi padre”

Luis Felipe Utrera-Molina es licenciado en Derecho y Asesoría de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas, socio del prestigioso bufete J.Y. Hernández-Canut Abogados y árbitro de las Cortes de Arbitraje de Madrid, Corte Española de Arbitraje y de la Corte del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. La Duquesa de Franco designó a Luis Felipe como albacea universal y contador partidor de su herencia. Después la familia siguió confiando en él para intentar evitar la exhumación de Franco.

En esta entrevista nos narra, con todo detalle y con serena emoción su único encuentro con el General Franco, cuando tenía 6 años y soñaba con ser legionario. Fueron solo diez minutos, pero se le quedaron grabados para siempre en la retina del corazón. La mano temblorosa de Franco, su mirada entrañable, la bonhomía de su sonrisa y un consejo de oro sellarían un vínculo irrompible entre él, su padre y el Caudillo.

¿Qué es lo primero que recuerda de su único encuentro con el Generalísimo Franco?

Yo tenía 6 años. Mi padre lo cuenta en su libro de memorias “Sin cambiar de bandera” como fue aquel encuentro. Mi padre quiso que yo conociese a Franco, consciente de que la vida del Caudillo se acortaba, se extinguía y que para mí sería algo inolvidable, que recordaría el resto de mi vida, como efectivamente ha sido.

¿Cuáles fueron las circunstancias concretas de ese encuentro?

Fue después de una audiencia que mi padre tuvo con Franco el 29 de diciembre de 1.974. Fue un despacho muy tenso en el que mi padre le confesó a Franco que tenía serias dudas de que su sucesor, el Príncipe Juan Carlos, fuera a respetar los principios del Movimiento. Tal y como cuenta él en su libro, fue una reunión tensa, pero mi padre le decía las cosas por lealtad, no por adularle. Cuando terminó aquella audiencia, que fue como digo un poco tensa, mi padre le dijo a Franco: -Mi general en el antedespacho, le espera el séptimo de mis hijos, que quería saludarle.Enseguida Franco abrió la puerta y yo, que estaba con el ayudante el coronel Mañeru, entré. Estuvo cariñosísimo conmigo y lo recuerdo como si fuera ayer. Primero me dio la mano y luego se despidió de mí con un beso.

¿Cuál fue su primera impresión al ver a Franco?

Recuerdo que, como era lógico en un niño, lo que más me llamó la atención fue el temblor de la mano. Me saludó de manera muy amable y me preguntó que quería ser de mayor. Y yo le dije que quería ser militar, que era lo que quería ser de niño. Franco me dijo que él también quería serlo cuando tenía mi edad y que los militares empiezan a crecer en el sueño de los niños.

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Franco, el Gran General

Enrique de Diego

Ninguna totalitaria ley de desmemoria histórica, ni ninguna campaña conseguirá nunca empequeñecer la figura egregia de Francisco Franco Bahamonde. La inquina de la izquierda no hace otra cosa que engrandecer su figura. Franco, el Gran General.

Franco fue un militar vocacional y toda su vida eso es lo que fue básicamente. Se definía a sí mismo como un centinela, al que abrumaba el poder y la responsabilidad, asumidos desde un firme patriotismo. En el episodio final de la segunda temporada de la serie “La República”, un anarquista le resume a su novia la situación: “sin Madrid ni Barcelona, no duran ni semanas. Ahora, la revolución”. El fracaso del golpe de estado del 17-18 de julio de 1936 fue tan completo, que se ha podido sostener la especie especulativa de que el Gobierno republicano dejó que se produjera el golpe para aplastarlo y cercenar toda resistencia. Es una especulación sugerente, pero especulación, al fin y al cabo.

El organizador del golpe fue Mola, no Franco, que prácticamente fue el último en sumarse. Pero sí fue Franco el que ganó la guerra. El bando nacional ganó la guerra por Franco y básicamente por Franco, el Gran General.

Su vida anterior había sido como una preparación para ese tremendo momento histórico. La carrera militar de Franco fue meteórica, sus vivencias, heroicas y espectaculares. En algunos momentos parece un personaje de leyenda; desde luego un titán al lado de los mequetrefes de esta hora.

Es un soldado de élite, un almogávar, un africanista que forjó allí su carácter, su voluntad. Primero, en Regulares, luego como cofundador de la Legión. Es un oficial muy valiente, que siempre ataca el primero para llegar a la bayoneta. Respetado por el enemigo, que considera que tiene baraka, suerte. Todos sus ascensos, menos el de capitán, serán por méritos de guerra, hasta ser a los 33 años el general más joven de Europa; una carrera sólo comparable a la de Napoleón.

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¡Ya está bien!

ABC Opinión. 22/02/2019
Hermann Tersch

El Rey de España, el Jefe del Estado, habla para la Asociación Mundial de Juristas sobre el imperio del derecho. Todos los medios y políticos se hacen eco emocionado. Todos de acuerdo. Saben que la única alternativa a la supremacía incondicional de la ley es el caos primero y después la guerra. Los españoles deberíamos saberlo todos. Deberíamos. Lo cierto es que, mientras Felipe VI defendía el imperio de la ley, los golpistas juzgados se ciscaban en ella y no solo ellos. Porque los familiares y amigos de un anterior jefe del Estado tenían que tomar acciones inauditas para defender la ley. Abogados advertían en burofaxes a funerarias y obreros que de obedecer ciertas órdenes del actual jefe de Gobierno, incurrirían en un grave delito que podría llevarlos a la cárcel para años. Nadie ha confirmado la inminencia de la acción pero sí los preparativos para incumplir la ley, ignorar al Supremo, asaltar una basílica con su extraterritorialidad, atropellar a los monjes titulares del recinto sagrado, profanar la tumba, sacar al cadáver momificado y llevárselo en contra de la voluntad de la familia del muerto y nadie sabe a dónde. Los medios izquierdistas aseguran que Sánchez está dispuesto en campaña a lo que no hacen ni las tribus más bárbaras en guerra. El innoble espectáculo de la profanación oficial de la tumba de Franco debería asquear y avergonzar a todo español de bien.

Tenemos en España un problema serio a afrontar si no queremos destruir la convivencia para mucho tiempo. Porque es una ya insufrible perversión que ciertos españoles se conviertan en ciudadanos inferiores y públicamente vejados por tener recuerdos y opinión sobre el pasado de España que difieren de lo que pregonan las fuerzas que perdieron la guerra civil. En los pasados 40 años se ha permitido, por cobardía, pereza, codicia, indolencia, intereses bastardos y falsedad, que se impusiera como cuasi oficial una versión falsaria, mezquina, sectaria y tramposa de nuestra historia reciente. Y se ha tolerado que todo el que discrepe pase a sufrir represalias aunque defienda no ya opiniones sino hechos irrebatibles. Así se criminaliza a todo el que no acepta la falsaria mitología de comunistas y socialistas del siglo XX. Quienes saben la verdad callan para no crispar a quienes han impuesto la mentira.

Cierto, es la tumba de un jefe de Estado que no era democrático, era un dictador y tenía enemigos. Y ganó guerras y gobernó mucho tiempo e hizo prosperar a los gobernados y murió en la cama con reconocimiento. No, no es Felipe II. No es la cripta del Escorial la que se quiere profanar. De momento. Porque nadie dude de que, si se transige ante el fanatismo de la ignorancia y la revancha, les llegaría su turno. Se pretende tratar a Franco como si fuera un vulgar genocida cuando es el origen incontestable de la legalidad que nos ha dado 40 años de democracia. Y que se funda en un orden tras una guerra civil trágica cuya principal culpa es de todos, pero si de alguien más, de los perdedores. Ya basta de mentiras. Los programas especiales de televisión se harían mejor en Paracuellos que en el Valle de los Caídos. Franco fusiló menos de 4.000 condenados a muerte en 36 años. Habría algún inocente, pero pocos. Y a muchos culpables les conmutó penas y los trató al final con injusta deferencia. Son menos de la mitad de los inocentes fusilados por Lluis Companys. Y menos de la mitad de los inocentes asesinados por PSOE y PCE en Madrid en las semanas del otoño de 1936. Ya está bien de callar para no crispar con la verdad cuando quien está enfrente no hace otra cosa con la mentira.

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